De la felicidad a la irracionalidad
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Con el festejo aún latente en la gente, que sigue orgullosa la conquista del campeonato mundial de fútbol por parte de la selección, en la mayoría de los argentinos ha quedado el gusto amargo a de pasar de la felicidad plena a la irracionalidad, en cuestión de horas.
La masiva salida a las calles en cada rincón del país en la tarde del pasado domingo para celebrar la tercera corona, y que siguió el martes con unos cinco millones de personas en Buenos Aires para testimoniar su agradecimiento a Lionel Messi y sus compañeros por la obtención del título máximo del más popular de los deportes, fueron totalmente espontáneas. Superando la política y la grieta que tanto mal le hacen al país.
Nadie pudo prever que una multitud como nunca había acontecido en la Argentina saliese a vivar a los campeones del mundo al segundo de la pitada final, del angustiante encuentro. Sorprendentemente fue así y un Estado que no supo brindar ningún tipo de control y seguridad para manejar semejante expresión popular. Ni en CABA ni en el resto del país.
Al ver esta inesperada expresión popular, desde el Gobierno nacional y sus “adherentes” inmersos en una disparatada interna por poder, se fue sucediendo una serie de hechos irrisorios de lo que pretendió ser una apoteótica recepción a los campeones. Primero decretando en la tarde-noche del pasado lunes un inexplicable feriado nacional para el día siguiente, si se tiene en cuenta que el recibimiento solo sería en CABA y alrededores generando una serie de inconvenientes ya conocidos en varios ámbitos.
A partir de eso sucedieron patéticas escenas, como el desplazamiento de un grupo de funcionarios del Frente de Todos, entre ellos el ministro del Interior, Eduardo “Wado” de Pedro al aeropuerto Ezeiza en la madrugada del martes, para recibir antes que el Presidente al plantel apenas bajara del avión; con el papelón de ser ignorado olímpicamente por los jugadores.
Luego se produjo el insólito episodio cuando el micro de dos pisos descapotable en el que viajaban los futbolistas del aeropuerto al predio de la AFA hizo que varios de los deportistas rozaran con sus cabezas o eludieran a puro reflejo cables a baja altura. Un momento de tensión provocado por la improvisación, que felizmente no pasó de un gran susto y que gracias a Dios no ocurrió una tragedia.
Conocido el feriado en la noche del lunes el expresidente Macri aseguró en TN que la ya prevista caravana era un disparate. En ese mismo programa Marcelo D’Alesandro manifestó que había tenido una reunión con el Ministro de Seguridad de la Provincia, Sergio Berni y Aníbal Fernández, Ministro de Seguridad de la Nación con quienes se había planeado un estratégico plan para seguir el recorrido de la caravana y que el micro sería protegido por una “cápsula” de seguridad. A los más neófitos de los argentinos todo esto llamó a espanto ante una irresponsabilidad de los organizadores.
Festejo empañado y pase de facturas
Ya a partir del mediodía del mismo martes se daría paso a una fiesta inolvidable, que terminó con una mueca de vergüenza y desolación ante los errores de los responsables que eran de esperar: el plantel no pudo completar el recorrido en un micro desde Ezeiza al Obelisco y los jugadores terminaron saludando desde helicópteros, para alejarse de la multitud volcada a calles y avenidas; y agotados por el enorme trajín, tal cual lo expresó el piloto de la nave presidencial puesta al servicio como solución inmediata al desborde y poner rápidamente proa hacia el predio de la AFA a pedido del propio Messi.
Ni siquiera se previó una protección solar para los deportistas, que varias horas viajaron en el micro descapotable saludando a la entusiasta muchedumbre. Las fotos de ellos con su piel fuertemente enrojecida por los efectos del sol es otra curiosidad en la cadena de errores.
En medio de esta colosal improvisación y desenlace comenzaron los habituales pases de facturas, tratando de huir de las responsabilidades: el presidente de la AFA, Claudio “Chiqui” Tapia (cercano a La Cámpora) elogiando exageradamente al cuestionado ministro de Seguridad, Sergio Berni, por su “buen control” mientras el plantel se deslizó por territorio bonaerense en su paso; e insultándose por teléfono con el par de Berni en la Nación, el inefable Aníbal Fernández, fue parte de este gran desatino.
El Gobierno ni siquiera pudo lograr que, como en la conquista el mundial de México, los campeones fueran a la Casa Rosada a saludar al Presidente y mostrarle la copa. El presidente Alberto Fernández se quedó sin la foto que más quería por otra resolución atinada de un seleccionado que, más allá de lo deportivo, exhibió en el Mundial valores que claramente carece gran parte de la dirigencia política: humildad, unión y, en muchos casos, dignidad.
Esta vez mezquino intento del uso político de tamaño impacto deportivo- social se dio de bruces con la racionalidad de los principales protagonistas: los jugadores.
Lo acontecido en las últimas horas confirmó palmariamente la ausencia de un Estado, que no puede organizar nada. El discutido manejo de la pandemia con una cuarentena eterna que el propio Presidente violó con la tristemente célebre fiesta en la quinta de Olivos y un censo del cual aún se desconocen los datos, que se habían prometido para el pasado mes de octubre, fueron apenas dos antecedentes de un Gobierno irresoluto, con internas propias y desaciertos que parecen condenar a la sociedad argentina a la decadencia sin fin.///