De la mesa a una filosofía de vida
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La cada día mayor demanda de alimentos orgánicos ha llevado al surgimiento de nuevas tendencias en la ciudad, que van desde el consumo hasta la producción
Con el crecimiento de la ciudad, los necochenses tienen cada día más arraigados hábitos urbanos y la alimentación no escapa a esa tendencia. Mientras el almacén de barrio pierde terreno y la cultura de la quinta prácticamente ha desaparecido, al llegar a las góndolas de los supermercados los consumidores se encuentran con la estética extrema de muchos productos que allí se exhiben, en especial frutas y verduras.
No hay problema para encontrar allí productos de estación en cualquier época del año. La cantidad, el color y la uniformidad hacen que muchos se pregunten qué tan naturales pueden ser esas manzanas, peras, mandarinas, bananas o lechugas que se exhiben.
La industrialización de la producción agrícola, con el consabido uso de agroquímicos y productos para potenciar el rinde de los campos, también se ha convertido en una preocupación de los que quieren comer “sano”.
En tanto, en especial los más grandes, descubren que a pesar de lo grandes y coloridos que puedan ser esos productos, muchos no tienen gusto a nada.
Así, desde hace unos años, ha surgido una corriente que busca volver a consumir productos “naturales” y se ha volcado con entusiasmo a los denominados “orgánicos”, en cuya producción no se utilizan agroquímicos.
Entre estos consumidores hay quienes quieren evitar las posibles enfermedades que podrían producir los alimentos en los que se han aplicado químicos. También están los que intentan recuperar el sabor de las verduras de la quinta del abuelo. Otros sin embargo, lo hacen siguiendo la moda de la alimentación saludable, que cada día se expande más.
Tomar conciencia
En Necochea existen pocos productos orgánicos locales, particularmente porque de acuerdo a la ley 25.127, que regula la producción y venta de este tipo de alimentos, también llamados biológicos o ecológicos, para cumplan con este atributo, tienen que haber sido producidos bajo ciertas normas y sus productores tienen que haber obtenido la habilitación que otorgan, previa auditoría, las certificadoras habilitadas por el Senasa.
Estas certificaciones son costosas, por lo que es prácticamente imposible obtenerlas. Eso no quita que exista un circuito de productores y consumidores locales.
Entre los grupos agroecológicos que buscan producir alimentos orgánicos se encuentra el proyecto Necochea Ciudad Frutal, que se formó con el objetivo de hacer accesible a la población alimentos sanos, como frutas y verduras, libres de pesticidas y otros contaminantes.
Comenzaron con la idea de plantar frutales y generar huertas orgánicas en lugares públicos (calles, plazas, caminos, etc.), a fin de generar alimento sano y gratuito para todas las personas.
“Cuando arrancamos nos dimos cuenta de que había gente que tenía esta problemática de la alimentación industrializada, que deja mucho que desear a nivel salud”, afirmó Juan García, uno de los referentes del proyecto.
Explicó que en la ciudad aún “no hay una gran producción y la deuda que tenemos es que se generen y que haya un mercado que pueda abastecer los requerimientos de la gente”.
Señaló que al surgir la conciencia de los alimentos orgánicos, “muchos se volcaron a las dietéticas y después se dieron cuenta de que la producción no es en su gran mayoría orgánica”.
Y explicó que en su caso prefiere pensar no en la producción orgánica sino agroecológica, “porque lo orgánico no tiene la pata social que tiene lo agroecológico, que apunta a algo más global, que se pueda trabajar de una manera conciente la tierra y también abarca factores humanos, como la no explotación del trabajador”.
“El concepto de agroecología nos achica y nos centra en lo local”, afirmó Eugenia Podlesny, otra de las impulsoras del proyecto. “Al no poder acceder a todas esas certificaciones que se requieren para que un producto sea orgánico, nos remite a volver a comprarle directamente al productor y a ver cómo se produce el alimento”.
Afirmó que el alimento agroecológico “quizás no sea estéticamente perfecto como el que se puede encontrar en un supermercado, pero el sabor es impecable”.
“Lo agroecológico se funda en la diversidad, uno puede ser orgánico, pero tener un monocultivo. Esto de la agroecología apunta a las viejas quintas, donde había un sector de siembra intensiva, otra de chacra, de animales”, indicó.
Por otra parte, explicó que este tipo de producción también engloba otros principios e ideas como la soberanía alimentaria, la agricultora familiar, los mercados comunitarios y familia productora.
Factor de cambio
En el ámbito local, señaló Eugenia, dos agrupaciones ambientalistas han presentado proyectos en el Concejo Deliberante que impulsan al municipio a reglamentar algunas cuestiones que permitan fomentar la producción agroecológica.
“Al principio creía que quienes consumían estos productos eran quienes tenían la posibilidad económica, porque lo orgánico es mucho más costoso”, dijo Juan García. “Porque utilizar un herbicida para producir es mucho menos caro que limpiar los yuyitos con la asada. Esto último lleva horas y horas de trabajo”.
“También hay mucha gente que consume estos alimentos por una cuestión de moda”, indicó Juan. Sin embargo, la tendencia va mucho más allá.
En su mayoría los consumidores apuntan a la calidad. “Podés ser un consumidor convencional, que va y compra el alimento orgánico o alguien que produce para el autoconsumo”, explicó.
Entre estos últimos, la búsqueda la calidad es extrema. “Como productor tenés mucha mejor calidad. Porque cuando vas a cosechar una lechuga, no la cortás toda. Sacás dos o tres hojas, para una ensalada, y la lechuga sigue viva. Entonces, al otro día tenés lechuga fresca de nuevo”, afirmó.
“Como consumidor, si vas y compras una lechuga, la tenés que consumir toda”, indicó Juan quien precisó que quien compra en supermercado pierde aún más calidad. “La hoja de la lechuga que tiene todos los nutrientes es la de afuera, la primera que sacan en la verdulería, porque se empieza a poner fea. Entonces se termina comiendo la hoja del medio que tiene agua nada más, un poco de fibra y poquísimos minerales”.
Pero, como dice Eugenia, para volver a los productos orgánicos “hay que desaprender algunas cosas o abrirse un poco a que hay otras posibilidades”.
Producir
Al “redescubrir” los sabores de alimentos orgánicos, muchos deciden convertirse en productores. Vuelven así a la quinta.
Necochea Ciudad Frutal trabaja para enseñar a la gente a volver a producir en sus casas. También cuenta con una biblioteca de semillas, además de una huerta comunitaria en el Hospital Municipal, donde se producen frutales, verduras y plantines.
“Están surgiendo cada vez más especialistas, en particular ingenieros agrónomos, que se vuelcan a la agroecología. También está saliendo mucha bibliografía. Es un camino largo. Hay que estudiar, hay que relacionarse, hay que aprender del otro, hay que aprender de la naturaleza”, concluyó.///