De los 100 baños de mar a los tres días de vacaciones
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Hasta hace cuatro décadas, muchos turistas se instalaban entre 15 y 30 días en nuestra ciudad para disfrutar de un descanso reparador. Venían en tren, los más ricos traían sus empleadas domésticas y hasta sus bicicletas para pasear
Todo pasa y todo cambia, es inevitable. Y a veces resulta inimaginable que en algún momento las cosas hayan sido diferentes, pero en lo que tiene que ver con el turismo, el cambio es una constante y basta mirar un poquito hacia el pasado cercano para ver qué tan distintos eran los hábitos de los turistas que llegaban a Necochea.
Por estos días, quien recorre la costa de nuestro distrito hacia Oeste y ve cientos y hasta miles de personas que eligen playas cada vez más alejadas de la ciudad, pueden pensar que tal vez nunca Necochea haya tenido tanta cantidad de bañistas como en los últimos veranos.
Y tal vez eso sea cierto, pero los bañistas que hoy se ven son la mayoría locales, de la región o de otras ciudades que han venido a pasar dos o tres días aquí. La gente parece haber perdido la costumbre de pasar sus vacaciones, en el sentido más tradicional de la palabra, en nuestro balneario.
Los cambios de hábitos registrados en la última década han tenido un fuerte impacto en la infraestructura turística local y de la mayoría de las ciudades costeras. Aunque los hay, los turistas que pasan una quincena, 20 días o un mes en nuestra ciudad, son una rareza. En la década del 70, las vacaciones no duraban menos de 15 días.
Descanso acelerado
“La gente tenía el hábito de veranear y no de venir de pasada. Antes la gente se establecía y en su mayoría estaban una quincena, 20 días o un mes de vacaciones. Eran muy pocos los que venían por espacios breves. Todo se manejaba por quincena”, explica Oscar Pérez, que se desenvuelve en el ámbito inmobiliario desde hace años.
Explicó que tomarse una quincena de vacaciones era tan habitual, que también las costumbre para reservar era más estructuradas. “Tal es así que la segunda quincena de enero la comenzaban a reservar allá por octubre. Muchos pedían por favor que les reservaran y uno tenía que explicarles que era muy prematuro”, dijo Pérez.
“En la segunda quincena de enero la ciudad rebalsaba de turistas y eso se repetía en toda la costa”, indicó.
Pérez opinó que en las últimas dos décadas, con el arribo de Internet, las cosas comenzaron a cambiar. “La gente comenzó a descubrir nuevos destinos y también comenzó a analizar el factor climatológico”, explicó. “Antes la gente venía 15 días y si se comía 10 días malos, tenía que resignarse. En cambio ahora, con los pronósticos extendidos y el tema económico, se comienzan a buscar opciones y se disfruta de otras cosas”.
“Ahora la gente hace cuatro o cinco por año durante los fines de semana largos. Eso es disfrutar algo distinto, pero también te obliga a andar a 100 todo el día y en lo personal creo que eso de descanso, de relax, no tiene nada”, comentó Pérez.
Por otra parte, explicó que la llegada de Internet también ha complicado en cierto modo a las inmobiliarias con esta nueva modalidad de vacaciones cortas. “Nosotros no somos un hotel y se nos hace difícil, porque hay que tener una logística muy aceitada para poder dar respuesta a la demanda de la gente”, afirmó.
Afirmó que este cambio de hábitos también impacta en los costos, lo que ha llevado a que muchas inmobiliarias directamente no trabajen con alquileres de verano.
No obstante, comentó, “este verano estamos viendo algunas estadías interesantes, de 7, 10 días o una quincena”.
“También hay una realidad social difícil, por ahí la gente quisiera quedarse más días, pero no puede hacerlo”, concluyó.
Vacaciones en sociedad
Daniel Ferrelli está vinculado desde la infancia al sector hotelero local. Recuerda que en la década del 60 su familia explotaba un hotel ubicado en la calle 83, frente a la plaza San Martín.
“Venía por 15, 20 y hasta 30 días. Recuerdo que mandaba las valijas por expreso y ellos venían en tren o en auto. Traían hasta las bicicletas para que los chicos salieran a andar a la tarde. Era totalmente diferente”, explicó Ferrelli, quien presidió la Asociación de Hoteles e incluso estuvo al frente del área de Turismo del municipio.
Tan diferente eran los hábitos, que “había comedor de niños, porque los chicos no compartían el salón principal con los padres”, señaló.
“Incluso muchas familias (especialmente las familias judías, que eran el fuerte del hotel), traían las niñeras. Entonces el comedor de los niños se abría temprano y los chicos cenaban con sus niñeras”, explicó.
“Después abría el de los mayores. La cena era de gala, así que la gente se ponía su mejor ropa y joyas y se iban a lucir”, precisó Ferrelli.
“Después de eso los hombres se iban a jugar al póker o al rummy. Ya sea en el Casino, en algunos de los clubes o en el bar del hotel”, indicó.
Esas largas estadías también daban pie a una intensa actividad social. Las familias comenzaban a conocerse y de allí también surgieron muchos noviazgos. “Muchos casamientos salieron de esas vacaciones y los hijos y nietos de esas matrimonios aún vuelven a la ciudad”, afirmó Ferrelli.
“Bien entrada la década del 70 comenzó a desaparecer ese tipo de clientes y empezó el turismo social. A medida que pasaban los años los hábitos se modificaron absolutamente”, indicó.
Señaló que al llegar la década del 80, con la paridad cambiaria, comenzó la tendencia de salir al exterior y Argentina se convirtió en uno de los países que más turistas enviaba a “Brasil, Caribe, Europa, Estados Unidos, en detrimento del turismo nacional”.
“En la década del 90 y 2000 siguió esa tendencia, porque era mucho más barato irse afuera”, comentó.
“A mi humilde entender, lo que terminó de modificar los hábitos turísticos fueron los fines de semana largo”, opinó. “Eso hizo que la gente en vez de salir una vez de vacaciones, salga cuatro o cinco veces por año, modificando absolutamente lo que es el turismo de costa”.
Explicó que por su vínculo con distintas organizaciones hoteleras sabe que esta nueva tendencia perjudicó a todos los balnearios de la costa bonaerense. “A la costa no le sirvió”.
Y precisó que, tal vez debido a la situación económica, esta vez han vuelto a verse reservas más largas que en los últimos años. “Creemos que la gente que iba a Brasil debió reacomodarse y volvió a la costa”, afirmó.
“Estamos viendo estadías que hace rato que no se veían”, precisó.
Venir en tren
“Nosotros empezamos en el año 77, con mis padres, en el hotel. Todavía tenemos clientes que son los nietos de los de esos años”, afirmó Chavela Diez, vinculada desde hace cuatro décadas a la hotelería local.
Explicó que el tren era el principal medio de transporte de muchos de sus clientes. “Era como que si no venían en tren, no podían venir a Necochea”, recordó Chavela.
“Venían y se instalaban el mes entero. La estadía mínima eran 15 días. Pero no era sólo enero, también febrero y marzo”, señaló.
Y era habitual que el hombre llegara con su esposa y sus hijos, los dejara en el hotel y volviera a trabajar. “El venía los fines de semana”, indicó.
Y opinó que esa costumbre de pasar al menos 15 días de vacaciones en Necochea parece haber empezado a cambiar cuando desapareció el ferrocarril. “Aún tenemos algunos clientes de 15 días y del mes también, pero son contados”, explicó
Los largos lapsos de vacaciones hacían que las relaciones entre los huéspedes y el personal de los hoteles también fuera distinta. “La relación era familiar. Nos hacíamos amigos de la gente”, dijo Chavela.
A mediados de los 70, cuando la televisión no era todavía un aparato omnipresente, eran habituales los partidos de truco y reunirse en el hall del hotel a mirar algunas películas.
“Los carnavales era el top de la temporada y por esos días hasta teníamos que poner colchón en el piso para poder alojar a la gente”, recordó Chavela.
Los 100 baños
¿Cuántas veces se zambulle en el mar un turista que viene a pasar una semana de vacaciones en nuestra ciudad? Tal vez en la actualidad nadie pueda romper el récord establecido hace 93 años por uno de los visitantes más populares de esa época: Cayetano Biondi.
El 29 de abril de 1926 la foto de Biondi aparecía en la primera página de Ecos Diarios. Según la nota, Biondi se había convertido en “El campeón de nuestros bañistas”.
“En el día de ayer el popular y simpático Cayetano Biondi cumplió sus cien baños de mar, tomados en nuestro balneario desde enero a abril, los que han sido debidamente controlados por testigos presenciales, quienes han admirado la constancia y el entusiasmo de ese verdadero pez de las aguas que bañan las playas necochenses”.
Evidentemente eran otros tiempos. Biondi posaba con su traje de baño enterizo, toalla al hombro y una sonrisa.
Turistas sobre rieles
A principios del siglo pasado, Necochea sólo era superada por Mar del Plata en cuanto a afluencia de público en la costa atlántica.
En la década del ´30 nuestra ciudad pasó de recibir 10.000 veraneantes a 25.000 en unos pocos años y así fue como se convirtió en un verdadero polo de atracción para miles de turistas que venían a pasar el segmento estival en estas playas
En gran parte ese fenómeno fue posible por el ferrocarril. Desde fines del siglo XIX, el medio de transporte más cómodo para llegar a Necochea era el tren, ya que el puente ferroviario permitía cruzar el cauce de agua de la forma más rápida.
Debido a ello, las mejores estadísticas de arribo de turistas a Necochea eran las realizadas por el personal del Ferrocarril Sud. Según Ecos Diarios, desde el 1º de noviembre al 31 de enero de 1925 al 31 de enero de 1926, habían arribado a Necochea 2.168 turistas.
Las estadísticas publicadas el 30 de marzo de 1926 revelaban que desde el 1 de noviembre de 1921 habían llegado a nuestra ciudad un total de 3.785 personas.
Sin dudas, las cifras eran pequeñas, pero hay que tener en cuenta que esas personas no estaban tres o cuatro días en la ciudad, sino 15, 20 o un mes, por lo que prácticamente se transformaban en parte de la población estable de Necochea, con todo lo que ello significa.