De los bríos iniciales a un caos final que no conoce precedentes
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Despilfarro del dinero de los contribuyentes, yerros, incapacidad y negligencia definieron este desenlace. El gobierno de Facundo López termina en un estruendoso fracaso, que compromete el futuro del municipio
Necochea parece signada por una maldición. Y vuelve a constatarse ante la realidad final del gobierno de Facundo López, que deja una Municipalidad en llamas en lo económico y un caos sin precedentes, que ha condicionado el futuro de la ciudad.
Es de tal gravedad la situación que hoy estamos ante una comuna literalmente fundida, paralizada y por ende en una situación que demandará de mucho esfuerzo para ser revertida.
Al hacer un balance de los cuatro años de gobierno que se van a cerrar mañana, aparecen nítidamente las respuestas que llevaron a este asfixiante cierre y, mal que le pese, hay un principal responsable: Facundo López.
Dejó la sensación que hubo una extraña mano negra al momento de nombrar sus colaboradores en áreas vitales, además de la creación de cargos irrisorios como el área de coordinación de Relaciones Exteriores y su errática conducta política, que lo llevaron de una punta a otra en pos de mantenerse en la cresta de ola, López construyó una parábola negativa al frente del municipio, que ha terminado como una nave a la deriva.
Un escaso haber
Pese a no haber contado con un enorme aval en las urnas, Facundo López tuvo en la primera mitad de su gobierno una impronta de trabajo interesante, sin desmayos en cuanto a gestiones ante el gobierno provincial.
En este aspecto halló una efectiva respuesta por parte del gobierno de María Eugenia Vidal que, como debería ser siempre, respondió a todas las administraciones municipales, más allá de su color político.
A propósito de este tema, en agosto de este año Ecos Diarios publicó una nota, basada en datos oficiales, que daba cuenta que entre desde 2016 la comuna recibió de la Nación y la Provincia casi 700 millones para hacer obras específicamente.
Bajo ese influjo se concretaron obras que, en una fresca visión más de una vez se adjudicó López, como las avenidas 554 y 10, y Jardín Pichi Huinca, éste con fondos de la Nación.
En el escaso haber del gobierno de Facundo López se puede rescatar el reequipamiento de maquinarias, que cuando asumió el plantel lucía devastado.
La finalización de una parte del Centro Integrador Comunitario del barrio norte, que posibilitó la puesta en marcha de algunas actividades; la remodelación del polideportivo municipal de avenida 10 y la ayuda final para construir al frente del mismo la cancha de hockey con piso sintético, que tuvo el aporte principal de la confederación argentina de ese deporte, aparecen como logros del gobierno que se va. También la construcción de un salón de usos múltiples en cercanías del hospital Irurzun.
Las fiestas populares, entre ellas “Puro” Asado, las veladas de la Ruta del Tango y el Enduropale, este último muy cuestionado por las condiciones en las que se dejaba la playa y el buen negocio sólo para su organizador foráneo, se constituyeron en aciertos.
También se puede citar entre los aspectos ponderables las reformas realizadas en los jardines municipales Lassalle, Barquito de Papel y Acuario, en este último caso consiguiéndose la titularidad del edificio para el municipio.
Rumbo a la debacle
Como siempre las elecciones de mitad de gestión muestran el veredicto ciudadano de cómo va un gobierno. Y en tal sentido la administración encabezada por López tuvo en las legislativas de 2017 el primer indicio negativo: mientras que dos años antes había llegado al poder con 20.122 votos, equivalentes al 34% de los sufragios, hace dos años su lista de concejales cosechó 15.204 adhesiones, es decir casi 5.000 menos, correspondientes al 26% del total de votos.
Lejos de escuchar a las urnas, el gobierno municipal empezó a hilvanar una serie de errores que primero pasaron desapercibidos, pero que terminaron en este caótico epílogo.
En tal plano se intentó refrescar la gestión instalando como secretario general de Gobierno a Mario Gygli, un operador político que no terminaría incidiendo para nada, siendo el gestor visible del fracasado plan estratégico “Necochea 2030”, que terminó naufragando ante el desinterés de las fuerzas vivas de la ciudad, remitidas a la actual coyuntura.
López también pagó caro su acomodaticio derrotero político: coqueteando en algún momento con pasarse al oficialismo que encarnaba Cambiemos, para seguir siendo fiel a su guía inicial, Sergio Massa, y terminar como el candidato local de un kirchnerismo que en su fuero interno nunca lo aceptó. Y el resultado le propinó una dura derrota en las urnas, siendo el único de los cuatro intendentes, desde 1983, que fueron por su reelección y no lo logró.
En medio el jefe comunal mantuvo una mala relación con los concejales opositores, a los que descalificó en más de una oportunidad y hasta tuvo inconvenientes en su propia tropa, eyectando del bloque oficialista a la concejala Carolina Robert, que incluso lo remplazara temporariamente durante vacaciones.
Entre estas ambivalencias, también se puede considerar la conducta del jefe comunal saliente respecto al cobro de la mentada tasa portuaria: cuando fuera concejal, absteniéndose de la votación de la ordenanza que le dio vida; más tarde, ya en ejercicio del poder, en 2016 no haciendo oídos a la propuesta del sector agroexportador de crear un fideicomiso en remplazo de la misma; y posteriormente embistiendo con una intimación a las empresas en agosto de 2017 y con el embargo de las cuentas de 28 de ellas en septiembre de este año. Otra cuestión derivada al ámbito judicial.
Con la contienda electoral de por medio, tampoco fue positivo el trato con la conducción del Consorcio de Gestión de Puerto Quequén. Y en este plano, con acusaciones de unos a otros, no se concretó el asfalto de la calle el 63 entre 2 y 10, ni el pavimento en accesos a escuelas de Quequén, ofrecidos por el ente portuario.
Y hablando de obras inconclusas, López se va sin haber terminado la del natatorio municipal en Quequén; tampoco la repavimentación de un tramo de la avenida 59 y la 531; y sin haber empezado el proyectado edificio anexo a la sede comunal.
El plan de renovación en la Terminal; la creación de la sala de partos del hospital Irurzun y la instalación de más de 300 cámaras de seguridad en la vía pública, integran también un collar de promesas incumplidas.
En este aspecto también se podría enrolar el presupuesto participativo, que durante dos años seguidos mantuvo a un grupo de funcionarios visitando barrios y generando reuniones con los vecinos para planificar obras pequeñas que no concretarían. Un vano desgaste de dinero, tiempo e ilusiones de la gente.
Volviendo a su labor gubernamental, además de no poder pagar los sueldos, lo que ha derivado en medidas de fuerza del personal que han dejado paralizada a la Municipalidad en los dos últimos meses, la administración de López montó una deuda de unos $70.000.000 con la empresa concesionaria de la recolección domiciliaria de residuos, que recientemente tuvo un pedido de embargo de las cuentas municipales y que desde la comuna fue respondido con el grotesco ofrecimiento de las dos parcelas donde está ubicado el Casino como forma de pago.
Un complejo Casino al que el gobierno saliente despobló de concesiones y dejó venir abajo, para sólo presentar de cara a las elecciones generales una propuesta de privatización que tardó mucho tiempo en moldear, pese a que lo prometió en varias oportunidades.
Asimismo, más allá de frases de ocasión, el gobierno saliente nunca se atrevió a motorizar la transformación costera que la ciudad necesita, con su expansión hacia el oeste, para salir del ostracismo.
Un “regalo especial”
Entre los despropósitos desplegados a lo largo de los cuatro años del mandato de López, sin duda brilla con luz propia la cesión, a cambio de un irrisorio canon, de un preciado predio frente al mar para la ubicación del parque eólico “Vientos de Necochea”. Una entrega por tres décadas, que también fuera avalada por el Concejo Deliberante. Un despropósito a 7.000 metros de la misma calle 83.
El intendente se llenó la boca hablando de “un antes y después” de la ciudad tras la concreción de este emprendimiento privado. De acá en más queda, por lo menos por los próximos 28 años, un “tapón” para la zona de expansión que debe tener Necochea.
Los también polémicos desenlaces de concesiones como el complejo “La Hélice” y la playa de camiones de Quequén, ambas llevadas a instancias judiciales, o la desprolija aparición de ex funcionarios explotando concesiones que fueron adjudicadas a otros, aparecen como otras manchas.
En otro aspecto, se promovió un carnaval de nombramientos innecesarios de funcionarios e ingreso de personal, sin que nunca se termine de aclarar cuántas personas constituyen la planta laboral. Y que combinada con la merma de ingresos, culminaron en una catarata de consecuencias a partir del no pago de salarios y a proveedores.
El manejo económico fue desastroso y el desenlace actual lo testifica. A su vez resultó ineficaz cobrabilidad de tasas, que se presume está por debajo del 50 por ciento. Algo, esto último, que viene de varios años pero que el equipo de López no pudo corregir.
Lejos de su impronta de los primeros dos años, el gobierno fue incapaz y no supo o no quiso prevenir lo que venía. Y terminó acorralado, haciendo un virtual abandono de poder, acelerado luego del resultado de las elecciones generales.
Y detrás de este desmoronamiento se observa un lamentable estado de la ciudad. La triste imagen de un estancamiento del que Necochea no puede salir desde hace décadas.
Temeraria frase
En tamaño desquicio, la frase de Jimena López, “Dejamos la vara muy alta”, se asemeja a un chiste o tomada de pelo, no sólo a quienes se harán cargo del municipio sino a la comunidad toda.
En Salud la gestión trastabilló desde el inicio, con numerosos entredichos entre la titular y las distintas autoridades del hospital Ferreyra –varias de las cuales renunciaron por dichas diferencias- desembocando en la crisis actual del sistema, que por caso cuando debió ser trasladada la terapia intensiva por falta de personal y elementos, no tuvo la presencia de la funcionaria, que optó por irse de vacaciones. Bajo este saldo, no hay ninguna vara alta.
Los voceros del gobierno entrante hablan de una deuda de mil millones, lo que se asemeja a un campo minado en el cual deberá avanzar. Claro que más allá de la responsabilidad de quienes gobernarán a partir de los próximos días y, como siempre ocurre, los ciudadanos volverán a pagar los platos rotos de un verdadero desquicio. Mientras tanto, Necochea es la Cenicienta de la extensa costa atlántica.