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En la Puma de 75 y 42 la remodelación avanza a paso firme. Mientras esperaba mi turno para cargar, apareció mi colega de café, ese que nunca falla en los encuentros casuales. Me saludó con una sonrisa corta, de esas que anuncian conversación.
—¿Hola, buenas, cómo va? ¿Viste lo de Jimena López en el Congreso Portuario?
—Lo vi, entró al SUM como quien sabe que ya está de salida, pero igual dejó su sello.
—Dijo algo que me quedó flotando, como boya en marejada: “un puerto millonario en una comunidad pobre es un puerto pobre”.
—Frase brava. Te ordena la brújula de un sopapo.
—Y sí. Porque uno a veces mira los silos altos, las chimeneas, las luces del muelle… y se olvida de mirar a la gente que vive alrededor.
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—Jimena remarcó eso: que el puerto tiene que estar abierto a la comunidad.
—Que los puertos sirven cuando sirven a alguien. Sino son decorado industrial.
—Igual, no la tenía tan contadora de batallas económicas.
—Contó la de la sequía, ¿viste? Cinco millones de toneladas apenas… y un agujero de tres millones de dólares.
—Y ahora déficit cero y fondo anticíclico. ¡Milagro marino!
—No sé si milagro, pero suena a laburo de hormiga. O de estibador con paciencia.
—También habló Lojo, que le hizo segunda: puertos al servicio del interés general.
—Hermosa idea en estos tiempos donde cada uno tira de su lonja.
—Y sí… que el interés general le gane a los corporativos ya es casi poesía.
—Pero mirá qué ironía: en un SUM lleno de trajes, chalecos naranjas y logos marítimos, lo que se discutió fue justamente la comunidad.
—Eso me gustó. A veces el puerto parece lejos, pero hoy lo trajeron un poquito más cerca.
—Y así fue, amigo: puerto abierto, mensaje claro… y la marea política que ya empieza a cambiar de viento.
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—¿Leíste la respuesta de la A.Pre.Vi.De.?
—La leí, y es de esas cartas que llegan para ordenar la mesa después del alboroto.
—Aclaran que las prohibiciones son solo como espectadores.
—Exacto. Que un tipo tenga impedido entrar a la cancha no significa que no pueda jugar o ser parte del cuerpo técnico.
—Y ahí se desarma la protesta de Villa Díaz Vélez por la “mala inclusión”.
—Ahora la pelota quedó picando en el Tribunal de Disciplina de la Liga.
—Ojalá no tarde, porque la final suspendida es como dejar un asado apagado a medio cocinar.
—Lo que me preocupa es otra cosa.
—A mí también… qué forma triste de ensuciar un deporte que debería ser alegría.
—La violencia es como una mancha que se mete entre los botines. Te arruina el juego, te espanta a las familias, te rompe la fiesta.
—Y después hablamos de formación, de inferiores, de valores… pero si cada dos semanas estamos discutiendo sanciones, prohibiciones y peleas, el mensaje se vuelve un eco.
—El fútbol tiene historias hermosas, pero las opaca un grito fuera de lugar.
—Por eso es importante marcar la diferencia: el castigo al violento, sí; pero que no pague todo el deporte por culpa de unos pocos.
—En definitiva, amigo: la pelota pide paz… porque sin paz, no hay juego posible.
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—Estuve leyendo el proyecto para vender el Casino.
—Yo también, el comentario de Maxi Caloni lo explica muy bien, son números que hacen transpirar la frente: entre 10 y 25 millones de pesos sólo en luz por mes.
—Y eso sin contar al personal que lo cuida para que no lo sigan desmantelando.
—Un edificio que ya tuvo tres incendios y años de abandono.
—La verdad es que sostenerlo así es como seguir regando una planta seca esperando que florezca.
—Por eso lo digo sin vueltas: lo mejor que puede pasar es que se venda.
—Además, espacios públicos tenemos para tirar al cielo. Todo el parque, toda la costa, todo el frente marítimo.
—Exactamente. Y acá aparece lo que me molesta un poco: los concejales discutiendo si hay que hacer consultas populares.
—Para eso fueron elegidos, para decidir. No para pedir permiso cada vez que hay que mover una baldosa.
—A veces parece que tienen miedo de hacerse cargo.
—El mundo avanza, las ciudades se transforman, los viejos íconos cambian de función… pero acá seguimos abrazados al fantasma del Casino como si fuera 1985.
—No se puede vivir de los recuerdos.
—Algunos se oponen porque de verdad sienten nostalgia.
—Y otros… bueno, porque cuando hay una obra grande, siempre piensan que puede haber una fruta madura para bajar del árbol.
—Pero la ciudad necesita avanzar.
—Cada día que se pierde es plata que vuela.
—Y en algún momento hay que entenderlo: vender no es perder patrimonio, es liberar una oportunidad.
—En resumen, amigo: si queremos una Necochea que mire al futuro, hay que dejar de encadenarse a un edificio que ya no tiene nada para dar.
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—Vi al gobernador Kicillof recorriendo Necochea y Quequén.
—Yo también lo crucé, cuatro horas largas, de esas que dejan ruido.
—Inauguración de la Comisaría Segunda, ambulancia nueva, el Centro de Desarrollo Infantil… un día cargado como termo de pescador.
—Y después, el Jardín 919, con los pibes cantando y los funcionarios al borde del lagrimón.
—Pero te digo algo: lo más fuerte no fue la agenda oficial.
—¿La entrevista en Ecos Diarios?
—Exactamente. Se vino al multimedios, se sentó frente a la camara, y habló como si estuviera frente a toda la ciudad.
—Lo noté distinto, más directo. Dijo que gobernar sin ver y sin escuchar es gobernar a ciegas.
—Y remarcó que Necochea es estratégica para la Provincia.
—También aprovechó para marcar diferencias con la Nación… fuerte.
—Lo del “gobierno nacional que no existe” fue de antología.
—Y lo de las obras plantadas y el abandono del CDI, otro capítulo más.
—Igual, entre líneas dejó cosas importantes: seis patrulleros nuevos, la ayuda para los pluviales… y que está trabajando con Rojas en una salida para el Casino.
—Eso me quedó picando. Como diciendo: mover la pelota depende del Concejo Deliberante.
—Y sí, el mensaje vino con destinatario.
—También habló del Puerto, del futuro institucional ahora que Jimena López se va a Diputados.
—Agenda compartida, llamó a eso.
—Lo escuché seguro, aun en un contexto complicado.
—Y no se guardó nada al hablar del modelo nacional. Dijo que si el Estado se corre, la desigualdad se vuelve una tortura cotidiana.
—En Ecos, esa frase quedó vibrando como cable tenso.
—Y cerró diciendo que va a seguir viniendo, que ese es su modo de gobernar.
—Te digo algo, hacía rato que no veía a un gobernador caminando tanto la ciudad en un mismo día.
—A mí me quedó la sensación de que vino a marcar presencia… y a dejar un mensaje político, sí, pero también uno humano.
—En definitiva, amigo: hubo obras, hubo discursos… pero el eco más fuerte lo dejó en Ecos Diarios.
Me voy yendo tengo almuerzo familiar nos vemos la próxima Chauuu.
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