De regreso a los orígenes
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Después de 29 años de tocar en calles, plazas y bares, el Chino Ibarguren decidió en 2018 no salir a la “paliza” y redescubrir su pasión por la música
Desde hace tres décadas, era un clásico. Todos los veranos se lo podía ver tocar en las calles, en bares y plazas. Pero este año, el Chino decidió “barajar y dar de nuevo”. Con 42 de sus 54 años dedicados a la música, decidió tomarse un recreo a fin de aquietar la mente y el espíritu y redescubrir la pasión que lo ha guiado por este largo camino. “Estoy volviendo a la guitarra, al origen”, dijo.
Después de años de ser uno de los pocos músicos locales que durante años recorrió el país sólo acompañado de su guitarra, que tocó en la calle, plazas, bares, teatros y hasta estadios, con pistas o con otros músicos, decidió que ya no quería cantar una y otra vez las mismas canciones.
“Quiero volver a la propuesta de antes. Tener un por qué cantar”, afirmó Carlos “Chino” Ibarguren. “Decir algo, no sólo repetir una letra porque la gente la quiere escuchar”.
“Ahora en la calle se está dando mucho la fórmula repetida y como cantante ya hay cosas que no quiero hacer”, explicó. Y ese fue el motivo por el que este año decidió no salir a la “paliza”, como llaman los músicos a tocar en la calle y a la gorra o en los bares pero con temas a pedido del público.
“En este año, 2018, iba a hacer 30 años que hacía la calle. La corté antes del aniversario”, bromeó el Chino. “Un tiempo atrás, hablando con mis hermanos, que me acompañaron mucho en esto, revisamos el repertorio callejero del comienzo y notamos que la gente estaba más predispuesta a pensarla, estaba más curiosa. Ahora lo que va es una fórmula hecha, hay que repetir la fórmula y eso te lleva a no querer hacerlo más”.
La exigencia de tocar todos los días e incluso varias veces en una misma noche ante distintos públicos, lleva a una repetición y a un ritmo de trabajo que al Chino ya no le convence.
“Sí, se vuelve mecánico y eso es precisamente lo peor que le puede pasar a un artista. Eso también me llevó a hacer un pequeño y breve impase con Peñalosa y empezar a barajar y dar de nuevo, para no caer en el mismo lugar”, dijo Ibarguren.
La Peñaloza es la banda que el Chino integra junto a su hermano Sebastián, a Matías Marié, Cochecho Aguirre y el Paisa Hernández.
“Así que este año quiero acercarme de nuevo a mi propia curiosidad por la música y por el mensaje. Y seguramente con la Peñaloza va a pasar lo mismo, ya que fue lo que hablamos en su momento con mis compañeros”.
El origen
El Chino Ibarguren tiene 54 años y se acercó a la guitarra por curiosidad, cuando veía a su padre ensayar y salir de gira con un grupo que se dedicaba a realizar música bailable, a mediados de los años 60.
A los 12 años él ya estaba vinculado a la música. Iba al Colegio Capuchinos e integraba el Coro Municipal, que dirigía el padre Fabián de Valenciaga, párroco de la iglesia Nuestra Señora del Rosario de Nueva Pompeya.
“Hacíamos la Misa Criolla con Coco Lanza, Ernesto Occhionnero y Oscar Muttio”, dijo el Chino. “Me habían tirado a los leones ya de chico”, bromeó.
Luego, en la adolescencia, llegó el rock y comenzó a tocar en todos lados. Ya en esa época se convirtió en uno de los músicos locales que tocaban en la Villa Díaz Vélez en los veranos. Pero recién a los 28 años, en 1991, cuando se unió a la banda La Forestal, en remplazo de uno de los integrantes originales, fue que Ibarguren decidió dedicarse de lleno a la música.
Recorrieron distintos lugares del país y cuando estaban de gira por el Litoral, uno de los músicos decidió irse a vivir Europa y la banda de disolvió. El Chino no quiso regresar a Necochea. Ya había vivido en Tandil y en la Capital Federal.
Músico en serio
“Ahí arranca el músico enserio. Ahí hubo que salir a la paliza, había que vivir de lo que estaba haciendo”, afirmó. Así fue como se estableció en Gualeguaychú y comenzó a hacer giras por la Patagonia.
Recorrió las provincias y su repertorio, siempre volcado a lo social, le permitió relacionarse con la gente y hacer infinidad de amigos de todo el país.
Recién después de una década volvió a Necochea y en el regreso decidió grabar un disco con sus hermanos y unos amigos.
Desde entonces, el Chino ha grabado media decena de discos en solitario y dos con la Peñaloza.
“Ahora quiero desempolvar un poco algunos temas míos, quiero hurgar un poco en la música de amigos y hacer un disco que diga algo, aunque me lo compre mi vieja nomás”, afirmó, decidido a dar un nuevo giro a su carrera.
El Chino quiere dedicar el 2018 a redescubrir su pasión por guitarra y a recuperar su voz y su mensaje. Es tiempo de volver a los orígenes…
Perfil
Carlos “Chino” Ibarguren tiene 54 años. Es hijo de Osvaldo Ibarguren y Elba.
Tiene cinco hijos propios (Sofía, Marina, Irupé, Jerónimo y Juan Manuel) y “tres del corazón” (los de su esposa).
“Tenemos una familia numerosa”, afirmó el Chino, que también creció en hogar populoso. Sus hermanos Gastón y Sebastián son músicos, como él.
Su hermana Claudia nunca se dedicó a la música, pero su marido Alejandro Cepeda, integró junto al Chino el dúo Azul.