De relatos e impotencias, una inquietante realidad
La coalición oficialista ha apelado hábilmente a construir su propia “realidad” de modo tal que disimule sus evidentes errores de gestión
El acto del miércoles pasado, festejando el Día de la Militancia -por el último regreso de Perón al país- con la presencia del presidente Alberto Fernández y relanzando su gobierno con el apoyo de La Cámpora y la CGT tras la derrota parlamentaria del 14/11, no dejó de sorprender a propios y extraños.
Sin embargo, tal vez, en función de la propia experiencia histórica del kirchnerismo, este tipo de actitudes negacionistas, incluso apelando a cierta épica, es relativamente previsible. Desde la misma vivencia montonera, pasando por sucesivos hechos históricos negativos de la gestión de Néstor y CFK, que se difundieron como lo contrario, hasta el último revés electoral, la coalición oficialista ha apelado hábilmente una y otra vez a construir su propia “realidad” de modo tal que disimule sus evidentes errores de gestión. Ha contado y cuenta para ello con la estupefacta y hasta torpe oposición que suele jugarle en otros términos, sin observar que enfrente tiene un rival ventajero y hasta mañoso, que juega a menudo con cartas marcadas.
Dura paliza de la clase media
En términos que se alejan del “relato”, podría decirse que la derrota K no asoma tan catastrófica o “decreta renuncia anticipada” como parte de la oposición esperaba. Fue una dura paliza en distritos de clase media, como los de la Pampa Gringa, incluso en La Pampa y Santa Cruz, entre otros distritos emblemáticos, pero el hecho de la leve diferencia en contra en la provincia más importante, la de Buenos Aires, contribuye a retemplar los ánimos entre las filas kirchneristas.
Del mismo modo, el larretismo asomaba triunfante en CABA, pero tanto el “fenómeno Milei” como la escasa brecha con la lista bonaerense de Tolosa Paz, cuando no, el triunfo bullrrichista en Córdoba, como el radical en Mendoza y Jujuy, opacan la posibilidad inmediata de un Jefe de Gobierno porteño ya precandidato a la Casa Rosada.
Es cierto que muchas de las dudas se generan al interior de las coaliciones, que se niegan a desmontar su “grieta”. La puja Alberto-CFK -una Vicepresidenta claramente ausente por excusas médicas, cuando hay que asumir derrotas-, aparece al rojo vivo en términos de gestión pero, sobre todo, operatoria política. En el acto del miércoles, el albertismo, si es que existe, apuntó a marcar límites a la presión cristinista, requiriendo internas para decidir el o la presidenciable 2023.
En el caso de la oposición, que por fin logra desmontar a la mayoría peronista del Senado por primera vez desde 1983, condenándola a depender de terceros para lograr quórum, tampoco todas son rosas. La pelea entre “halcones” y “palomas” está también en su punto máximo amenazando con desatarse con mayor furia, si tercia Macri y los primeros intentan revertir los acuerdos precarios logrados entre el alcalde porteño y la Presidenta del PRO en junio pasado.
Liberales la tiene difícil
Ni siquiera los liberales la tienen fácil. Más de un millón de votos, juntando los logrados por Espert en PBA y Milei en CABA, incluyendo algunos restos, muy pocos por cierto en el interior, lo cual revela lo dificultoso que es romper la polarización más allá del AMBA, permite retornar a la esperanza de un futuro liberal, como en los 80 con los Alsogaray y la Ucede.
Pero los seguidores de Milei esperaban salir segundos y alcanzar el 20% de los votos. Espert luchó denodadamente y tuvo su premio legislativo, pero como dijo su segunda en la lista, Carolina Píparo, la sociedad argentina se tomó demasiado tiempo, casi tres décadas, para valorar su coherencia discursiva en las urnas. Es más, la prolijidad para organizar su logística bonaerense le valió reproches de dirigentes locales, a la hora de las elecciones comunales.
La necesidad de una institucionalización del movimiento aupado por las restricciones de la cuarentena que dañaron libertades y dinamismo económico, más su nacionalización, sólo lograda con la vuelta de un Menem liberal (Martín, el sobrino del ex Presidente Carlos Saúl), como legislador provincial electo en su La Rioja natal, son dilemas que deberán resolverse a la brevedad si se quiere una fórmula presidencial competitiva para el 2023, que laude en la grieta que se niega a morir.
En cualquiera de los casos analizados, las dificultades rayan con la impotencia para acordar al interior de cada espacio y explican en gran medida por qué el llamado de Fernández a un gran diálogo nacional pronto asomó como poco sincero, sobre todo cuando exceptuó a Macri y Milei, reinstalando a ambos arietes opositores en la arena política. Es que dicha instancia es reemplazada por la mezquindad y la competencia, cuando no, por el insulto o las bajezas a la hora de la riña electoral. Que el sistema político genere la necesidad imperiosa de un gran recambio no implica que haya que usar en todo tiempo y lugar la exclusión descalificatoria moral de todo dirigente.
Habrá que trabajar en el seno del Congreso estos dos años para canalizar consensos, sostener la gobernabilidad y al mismo tiempo, reoxigenar la política para que el país recupere una agenda sensata de cambios y la ciudadanía recupere la fe pública. De lo contrario, el riesgo del naufragio generalizado es cada vez más inminente y el tránsito hacia 2023 será desgastante y penoso.
Por Marcelo Montes y Karin Hiebaum- Profesores universitarios