De Venezuela a Necochea
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Andreína Chaparro es venezolana, pero no aguantó más y se vino a la Argentina. Tras la asunción de Maduro, recordó que ella en su momento apareció en un listado como que había votado y nunca lo había hecho
“Por votaciones nunca vamos a salir de este gobierno porque en Venezuela no hay democracia”, señaló Andreína Chaparro, quien se vino a vivir a Necochea en junio del año pasado y, si bien no quería irse de su país, aseguró que no le quedó otra opción porque la situación estaba muy difícil.
Tras la asunción de Nicolás Maduro por un nuevo mandato, Andreína contó a Ecos Diarios cómo fue vivir en Venezuela estos últimos años, con desabastecimiento de alimentos y combustible, falta de medicamentos, violencia e inseguridad, y recordó que incluso ella llegó a aparecer en un listado como que había votado en las últimas elecciones, cuando en realidad nunca había participado de los comicios.
Por qué dejó su país
Andreína (32) llegó a Necochea en junio de 2018, junto a su hijo de 7 años, buscando vivir mejor. Eligió nuestra ciudad porque dos años antes había llegado hasta aquí su hermano con su cuñada.
Al mes y medio que arribó, consiguió trabajo en un comercio del centro y, por ahora, piensa quedarse porque –según cuenta- todos la tratan súper bien y han sido amables y educados con ella y con su hijo. Lo único que no le gusta demasiado es el clima porque extraña el calor de Venezuela, aunque en estos días de verano, se siente como en su casa.
Ella es arquitecta, pero por ahora no puede convalidar el título porque le exigen varios requisitos, entre ellos, un sellado que debe hacer en su país de origen, al que por ahora no va a volver.
Allá dejó a sus padres, sus abuelos, una hermana y a sus sobrinos, con los que habla todos los días para no perder el vínculo familiar, que era lo que le preocupaba a sus padres, que no querían que se viniera.
“Aguanté lo más que pude, pero la situación no cambiaba”, señaló, al recordar los motivos por los que se había venido a la Argentina.
“La inseguridad estaba demasiado difícil, ya no podía salir con cartera, con teléfono porque no sólo te roban sino que te matan”, destacó, dando cuenta de la violencia que hay en las calles, que la llevaba a tener miedo de salir con su hijo.
Por otra parte, había desabastecimiento de alimentos, combustibles y medicamentos.
“Mi hijo tuvo una infección en el oído y no conseguía el antibiótico. Tuve que cruzar la frontera a Colombia y viajar dos horas para que pudiera hacer el tratamiento”, contó. A ella le resultaba relativamente sencillo cruzar la frontera porque vivía muy cerca, en el Estado de Táchira, pero no todos los habitantes del país lo podían hacer por las distancias. Además aseguró que “tampoco cruzar es fácil porque no hay libertad. Hay que ir con un dinero determinado y si llevas más, hay que esconderlo y no se puede entrar al país con más de dos productos”.
“Era un estrés constante”, recordó. A esto se le sumaba el aumento excesivo de los precios que hacía que los sueldos no alcanzaran, aún siendo profesional. “Se me estaba poniendo difícil pagar el colegio de mi hijo que iba a una escuela privada porque en las públicas, los profesores casi no iban porque era escaso el transporte público por la falta de gasolina y andar en remís era muy costoso”, explicó.
De todas maneras, ella asegura que pudo aguantar bastante porque trabajaba para el Estado, en un ente público en el sector de salud como arquitecta, pero además hacía trabajos extras para llegar a fin de mes.
“Mi salario alcanzaba para comprar en el mercado una semana para los dos (ella con su hijo)”, recordó.
“No creen en el sistema electoral”
En su trabajo en un ente público, aseguró que vio “muchas cosas”. Entre ellas, se vio a ella misma en un listado como que había votado en las últimas elecciones –en mayo de 2018- y, en realidad nunca participó de los comicios.
Contó que se había sacado el carnet de la patria, que “era como un censo de las personas que están a favor del gobierno”. “Yo nunca estuve con el gobierno pero lo saqué porque trabajaba en un organismo público y me dijeron que me podían echar si no lo sacaba”, indicó. Para las elecciones, “ellos tienen un registro que se activa con el carnet de la patria porque cuando terminabas de votar, había que pasar ese carnet por unos puntos rojos y decir por quién habías votado, pero nunca voté”, insistió.
En dichos comicios, en los que resultó ganador Maduro, el nivel de abstención fue alto porque “la gente ya no cree en el sistema electoral” porque, según Andreína, “lo manejan”. El recuento es digital y no manual, por tal motivo no hay confianza por parte de la población.
Como ella trabaja en un ente público tuvo acceso a los registros del carnet de la patria, a través de la computadora de un compañero oficialista, donde pudo ver que figuraba como que había votado. “Fue una frustración, bronca, rabia, fue pensar que por votaciones nunca vamos a salir de este gobierno”, indicó.
Ahora sigue las noticias desde la Argentina porque no puede despegarse de lo que sucede en su país, aunque asegura que por ahora sigue todo igual o peor porque después que ella se fue, los precios se dispararon mucho más.
En Necochea, está muy contenta, aunque dice no entender a las personas cuando se quejan. “Los escucho quejarse de las cosas pero no saben lo que es estar mal porque ustedes están súper bien aquí, acá todo funciona, la luz no falla, el gas pagando lo tienes, allá ni pagando”, advirtió.
“Acá no tengo miedo, salgo confiada, tranquila y le puedo hasta soltar la mano a mi hijo”, culminó.