Deberes del Estado que toman a su cargo los vecinos
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Con frecuencia vecinos interesados en que la vía pública luzca lo mejor posible, acometen tareas de mejoras, limpieza o construcciones que el Estado no lleva a cabo, ya sea por negligencia o desentendimiento de los deberes que le corresponden.
Por estos días sobresale en hechos la voluntad de un grupo de plomeros encabezado que viene llevando a cabo la reparación del monumento al Centenario, en la plaza Dardo Rocha, y ya anunciaron que le seguirán trabajos similares en otras fuentes, como la de la Rambla de 2 y 83, que en su momento arregló el municipio pero los vándalos de siempre no dudaron en sacarla de funciones rompiendo elementos y entorno.
Pidiendo la colaboración de la comunidad y entidades para la compra de elementos necesarios para los arreglos, estos vecinos se han propuesto ir dejando en buenas condiciones los monumentos de la ciudad, que desde hace largo tiempo, es decir incluyendo a varias administraciones municipales, lucen en general nada mantenidos y con faltantes.
La actitud solidaria de algunos para con la ciudad en la que habitan, contrasta con la falta de compromiso de otros tantos, que a veces ni siquiera mantienen en condiciones el frente de sus propiedades, sus veredas y hasta no levantan los obligatorios corralones, en el caso de los dueños de terrenos.
La loable tarea que llevan a cabo los vecinos en sitios públicos no es privativa de los últimos tiempos. Sucede desde hace décadas, a veces motorizadas desde entidades, que por caso levantan monumentos y se comprometen a su mantenimiento y cuidado, pero con el paso del tiempo y de generaciones, dichas tareas no se sostienen y los sitios quedan a la deriva.
Así como hay ejemplos de iniciativas desinteresadas, muchas de ellas se van perdiendo con el paso del tiempo, cuando desmayan las ganas de sus gestores o no pueden solventarlas económicas. Y obviamente nada se les puede reprochar, porque lo hacen ad honorem y por el cariño que sienten por la ciudad.
Al respecto se recuerdan acciones de los vecinos que por años se encargaron de encender cada noche la llama votiva del monumento al general San Martín, en 59 y 38; y confeccionar banderas argentinas e ir a izarlas y arriarlas cada jornada en el mástil de avenidas 10 y 91, respectivamente. Labores comunitarias que un día tuvieron que abandonar.
También existen las tareas de grupos como los del paraje Las Cascadas, la ribera del rio o asociaciones barriales que transforman paseos o plazas y los mantienen.
Entre las instituciones el principal estandarte es la cooperadora del hospital “Dr. Emilio Ferreyra”, principal sostén del centro asistencial por excelencia en nuestra ciudad.
Hay que aplaudir estas actitudes y que el ejemplo de dichas acciones cundan entre los niños y jóvenes, para que se mantengan en el tiempo. Sin participación y compromiso, será aún más difícil que Necochea prospere.
Sin embargo hay que exigir al Estado que no descanse tanto en esas colaboraciones o que se acostumbre a no hacer cosas que le corresponden, esperando cómodamente que los ciudadanos se hagan cargo.