Del Potro avanzó a los octavos de final
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Es el típico aullido de un lobo herido, pero que sigue de pie con una determinación fuera de serie. El grito, lanzado en la pista central, relampaguea hasta en la otra frontera, del otro lado de la Lenglen. Una furiosa exclamación, luego de un quiebre indispensable, gobernado tras un peloteo interminable, de exactamente 30 envíos reales. Juan Martín no está hecho para esos embates, aunque lo que acaba de suceder desmienta, en parte, esa teoría. Es el 5-1 del tercer set frente al español Albert Ramos Viñolas -un atleta que devuelve todo, incluso cuando ni siquiera está la pelota en juego-, el que acaba con todo suspenso. El tandilense, al final, se impone por 7-5, 6-4 y 6-1, en 2h18m, con un mar de sensaciones positivas.
No tiene rastros del desgarro grado 1 en el muslo izquierdo. Cada día se adapta mejor a una superficie incómoda, resbaladiza para su estilo y figura. Corre, de un lado al otro de la pista, dispuesto a hacerle frente al ir y venir de la pelota, sin despistes. Ahuyenta los fantasmas de fastidios momentáneos. Y se lanza hacia el Top 5: su clase se ofrece, lógicamente, para ese círculo exclusivo. La rápida salida del búlgaro Grigor Dimitrov, el número 5 mundial, así lo certifica.
«Estoy jugando cada vez mejor y es importante seguir ganando. El polvo de ladrillo no es mi superficie favorita, pero ganar me da confianza», cuenta Delpo, que jugará este lunes con el ganador del choque entre el estadounidense John Isner y el francés Pierre Hugues Herbert. Hay, ahora sí, dos tenistas argentinos en los octavos de final de Roland Garros, luego de la impactante victoria de Diego Schwartzman contra el croata Berna Coric. Según las estadísticas, la última vez que ocurrió esta situación fue en 2012, con las derrotas de Juan Martín del Potro contra Roger Federer (en cuartos) y de Juan Mónaco ante David Ferrer. «Di buenas muestras de tenis en los momentos clave», confirma. Y de personalidad. Lo que no es poco.