Del Potro: «Ser el 6 del mundo vale mucho más que un número en el ranking»
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El N° 1 del ranking no es una prioridad para Juan Martín del Potro. Pero admite que el tema está instalado en él y en su entorno. Actual N° 6 del mundo, defiende pocos puntos en los próximos meses y es por ello que alcanzar la cima del escalafón no suena descabellado. No suena descabellado hoy, pero atrás quedaron tres operaciones de muñeca, apenas diez partidos jugados en 2014, otros cuatro en 2015, y un puesto 1.045 en febrero de 2016. En suma: «Hoy estoy 6, y después de todo lo que fue el recorrido para volver a estar 6, creo que vale mucho más que un número en el ranking».
El tandilense fue presentado hoy como «Embajador» de «Haras del Sur», el megaempredimiento inmobiliario que cuenta con cinco countries sobre la autovía 2, en los partidos de La Plata y Brandsen. Además se inauguró allí un complejo tenístico que lleva su nombre. Su presencia se dio poco después de haber ganado los títulos de Acapulco e Indian Wells (increíble triunfo sobre Roger Federer y trofeo 22 de su carrera) y de haber alcanzado las semifinales en Miami. «A veces digo que tal vez sea el mejor momento de mi carrera, por lo que vivo como tenista, por cómo lo siento como persona, por cómo voy a cada torneo, la conexión que tengo con los fans… No sé si en algún momento me he sentido tan a gusto como con la vida tenística que tengo ahora», explicó «Delpo» en conferencia de prensa.
El que para él es el mejor momento de su carrera llega diez años después de sus primeros cuatro títulos ATP: Stuttgart, Kitzbühel, Los Angeles y Washington 2008. Y consultado al respecto por la Agencia DIB, primero bromeó: «Si ya pasaron diez años de aquel momento, lo primero que creo es que me estoy poniendo viejo». Luego mencionó los ejemplos de los suizos Federer (36 años) y Stan Wawrinka (33) y habló de sí mismo a los 29: «Yo me siento en uno de los mejores momentos desde lo emocional. Tenísticamente me pregunto si estoy mejor que en 2009 (cuando ganó el US Open) o no. La verdad no lo sé, pero elijo este momento y lo volvería a elegir por lo que estoy pasando».
Entre las claves, algunas son haber conformado un equipo de trabajo, con el exjugador Sebastián Prieto a la cabeza. «Sebastián se encarga del tenis, mi profe de la parte física, los kinesiólogos de mi salud y yo trato de salir a la cancha a jugar lo más tranquilo posible y a tratar de ganar». Y otra clave, la presencia del psicólogo Juan José Grande, en un año en que Del Potro sufrió la pérdida de su perro César, en febrero. «Jamás pensé que iba a ser un dolor semejante perder a una mascota. Me acompañó durante los últimos diez años, cada vez que volvía a Tandil salía a buscarme a la tranquera, dormía conmigo… Fue duro». Y completó: «Cuando tenía que jugar un partido y lloraba por mi perro, nadie me entendía. Era así, y hasta se me hacía difícil explicarlo con mi grupo de trabajo; era difícil que me pudieran decir algo con lo que uno dijera: ‘Tienen razón, ahora toca jugar’».
En este renacer hubo un antes y un después: el triunfo sobre el serbio Novak Djokovic en la primera ronda de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016. «Antes de Djokovic, yo había vuelto al tenis, había superado medianamente bien la lesión de la muñeca, pero no era feliz jugando. Mi ranking no era bueno, le pegaba como podía, físicamente me costaba mucho y no sabía cuánto tiempo más iba a soportar eso anímicamente. Con ese partido empecé a ganar confianza en mi vida, confianza tenística, y me empecé a dar cuenta de que también podía tener un buen nivel jugando de otra manera. Y me fui agarrando de esas pequeñas luces que encontraba a lo largo de mi recuperación para conseguir todo lo que jamás hubiese imaginado: ser el que soy hoy y haber ganado todo lo que gané en este tiempo poslesiones».
Por eso para Del Potro todo tiene otro sabor y lejos de plantear el N° 1 como objetivo, «estar sano» es la prioridad. «Creo que eso me despierta la adrenalina y la pasión de volver a entrar a una cancha y tener que jugar con Federer o con Nadal, peleando por un título. Mi objetivo puede ser prepararme para esos desafíos; si me llegan, poder estar a la altura y también poder sorprender como lo hice en este comienzo de temporada. Poder volver a vivir en los próximos torneos esas finales apasionantes en las que a veces toca ganar, otras perder, pero que dejan un lindo recuerdo dentro mío y que con el correr del tiempo disfruto muchas más». «Jugar una final como la de Indian Wells con Federer, la elegiría muchas más veces que un número en el ranking», remató.
Cuándo, cuándo, cuándo…
«A lo largo de mi carrera me ha tocado convivir con el: ¿Cuándo vas a ser Top 100?, ¿cuándo vas a ganar uno de los cuatros grandes?, ¿cuándo vas a ser top 10?, ¿cuándo le vas a ganar al N° 1?, ¿cuándo vas a ganar la Copa Davis?… Y ahora, cuando gané Acapulco, que les gané a tres Top 10 (NdR: Dominic Thiem, Alexander Zverev y Kevin Anderson), se decía que nunca había ganado un Master 1.000, y mi presión era esa. Y cuando gané Indian Wells, se les ocurrió ir por el N° 1».
«Yo he sufrido mucho para estar donde estoy hoy, estuve a punto de dejar el tenis, y el número en el ranking no va a ser mi felicidad en los próximos meses. Creo que conseguir la Copa Davis hace dos años, o ganar mi primer Masters 1.000 con 29 años, o a Federer en otra final, no se compara con volver a estar 6 del mundo, que es algo espectacular también, pero a mí me llena de felicidad lo otro y no tanto el ranking hoy en día».
El juego
«Ahora puedo elegir si le pego de slice o con las dos manos; después, si va adentro, es otra cosa. Por lo menos hoy elijo cómo pegarle. Y con esta nueva manera de jugar encontré que a veces con el slice hago más daño que pegándole fuerte. Tal vez por una desgracia como fue la lesión de mi muñeca, supe encontrarle la vuelta a mi juego».