Del reto y la penitencia a la falta de límites
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Décadas atrás, una mirada podía ser suficiente para controlar a un niño, pero con el paso de los años muchos padres parecen haber perdido la capacidad para poner
La educación empieza por casa, dice una conocida frase. Y es precisamente en el hogar donde se forja el carácter y se define la personalidad de las personas. Gran parte de lo que alguien será en el futuro estará definido por lo que los padres hacen o dejan de hacer en esos primeros años de infancia de sus hijos, en esa época en que ellos son como una tabla rasa.
Nuestros padres decían que una mirada de sus padres bastaba para frenar cualquier berrinche e inmovilizar cualquier intento de vandalismo infantil.
Pero nuestros padres no la tuvieron tan fácil con nosotros y ahora quien lleva los pantalones y tiene la autoridad parecen ser los chicos.
Se ha pasado de una disciplina rígida, limitada por miradas cortantes, autoritarismo y en algunos casos hasta injustificada violencia física, a una situación completamente distinta.
Se puede ver hoy en lugares públicos donde hay niños, que muchos padres no reaccionan, hagan lo que hagan sus hijos. Parece estar mirando siempre para otro lado, no sólo les cuesta poner límites sino que temen que si los ponen, sus hijos los avergüencen.
En el reino del sí
“No hace falta ser un especialista de alguna de las ciencias que estudian el comportamiento humano para darse cuenta que la relación padre-hijo cambió sus modos según han pasado los años”, dijo el humorista local Pablo Casado.
Nacido en 1971, Caso explicó que le “tocó ser hijo en los tiempos en los que hacer ruido a la hora de la siesta y despertar al viejo lo hacía a uno acreedor de un tirón de orejas”.
“Me tocó ser padre en una época donde mi hija me reta a mí si hago ruido cuando ella duerme”, afirmó. “¿Qué pasó?”
“Estamos en el medio de la tormenta de la crisis familiar, hace 35 años no eran tan comunes las separaciones matrimoniales y hoy no es común las relaciones de larga duración y en ese cambio los padres hemos pasado de formadores a sponsors”, precisó Casado con la mirada afilada que caracteriza su humor.
“Un papá que forma debe entre otras cosas mantener el rol de toma de decisiones. En los vínculos de sponsors y beneficiado (hijo) las decisiones son compartidas”, dijo Casado. “En los casos de parejas separadas o hijos de padres solteros, estos últimos viven con la mamá mayoritariamente, nos pone en la creencia que debemos tener una relación en donde todo sea sí, porque sentimos que ya le hemos producido un perjuicio al no contenerlos en una unidad familiar constituída”.
“Y al decir todo que sí sabemos que termina mal formando. Las acciones de los hijos en todos los casos son el resultado de su genética más la educación de los padres. La educación es en todos los casos, enseñanza más ejemplos de acciones”, definió.
“Dime como están estos aspectos en rededor de un niño y te diré ante que niño estamos”, concluyó.
Otro paradigma
“Lo que ha cambiado es el concepto de infancia. O sea la manera de pensar lo que es un niño. Por lo tanto la función parental se modifica también. El niño necesita de apegos seguros, contención, encuadres organizados. De la mano de adultos que faciliten y den garantía de la niñez”, señaló la psicóloga Ana Cavalcanti.
Precisó que “las maneras más rígidas daba contención pero se extendían en reprimir los impulsos normales de los niños por prejuicios sociales y culturales. Por ejemplo una niña que se viste y pinta está jugando a ser mujer, solo eso. No es necesario reprimirla, pero si darle un ámbito cuidado de juego”.
Por otra parte, dijo Cavalcanti, “la falta de límites funcionó como algo violento o abandónico, donde se le da al niño responsabilidades que le quedan grandes, que no tiene la madurez para asumir. Mirando para otro lado por no saber darle el lugar justo a esa niñez”.
Obviamente, dijo la psicóloga, “un niño al que no se enseñó estrategias para resolver sus impulsos o que el espacio de juego fue suplantado por responsabilidades que no le correspondían, puede derivar en un adulto impulsivo agresivo o deprimido. Alguien que no sabe cómo cumplir su rol de manera equilibrada”.
Agregó que “los límites se construyen de acuerdo a las demandas sociales contextuales. Los chicos necesitan de control parental y confianza para resolver sus conflictos”.
“El secreto está en garantizar que el rol de niño se respete y que pasen una adolescencia completa y feliz. Ya que para las preocupaciones de adultos hay tiempo. Que cada cosa se viva en su momento y que los límites estén cómo centinelas de eso”, afirmó.
El silencio y la palabra
La poeta y docente Nancy Almassio opinó que “hablar de límites de padres a hijos es tarea compleja e imposible poder expresar una opinión sin un contexto. Para comenzar debo decir que, desde mi experiencia de hija y de madre, considero que los límites nacen de la obligación de cuidado de los padres hacia los hijos, pero por sobre todas las cosas nacen del amor”.
“Hay tantas maneras de interponer límites a los hijos como cantidad de familias. También podría decirse, que hay tantas tipologías de límites como sociedades en el mundo”, dijo Almassio.
Explicó que en su caso fue la mayor de cinco hermanos. Y precisó que el hecho de ser la mayor también tiene su carga. “Porque los padres son primerizos, porque están experimentando esta tarea sin título de ser papás y el primer hijo es la práctica de ensayo para esa paternidad naciente”, explicó.
“Mis padres se complementaban muy bien. Mi madre educaba con la presencia, los cuidados, las recomendaciones, los consejos. Mi padre, con los silencios. Mi madre ponía límites con las advertencias, los argumentos, las reflexiones. Mi padre, con sus refranes”, recordó.
Dijo que “los límites nacidos de los silencios y los valores transmitidos como huellas digitales o como parte del ADN, son inviolables. Mis padres no me pusieron límites, me enseñaron el camino de lo que consideraban bueno para mi vida: el respeto, las virtudes, la educación, el trabajo, las artes, el amor a la familia, el esfuerzo, el ahorro, el progreso”.
“Por ende, todo lo que atentaba contra estas cosas buenas para mi vida eran considerados límites. La responsable de tomar las decisiones era solamente yo.
Desde mi experiencia de madre, puedo decir que fue idéntica. Por supuesto, que la cotidianeidad era en otro contexto”, explicó.
Y precisó que su madre nunca podría haberle dicho: “Hija, tratá de estar poco tiempo frente a la computadora porque puede dañarte la vista”. Las computadoras no existían.
“También tengo cinco hijos y a todos eduqué desde el paradigma de los límites nacidos de los silencios”, señaló.
Los límites
La psicóloga Romina Silva Barni dijo que lo que más se observa hoy “es la dificultad de los padres, no sólo para poner, sino para sostener los límites, que es muy importante”. “Suele haber también una disonancia en los discursos de los padres. Se desautorizan delante del niño. No pueden encontrar la forma de poner los límites. Uno lo quiere poner de una manera, otro lo quiere poner de otra. Tienen diferentes ideas al respecto”, opinó.
Dijo que en el consultorio “lo que primero se sugiere es la unificación de discursos. Que los padres puedan pensar juntos cómo quieren manejar esas situaciones, qué límites poner, de qué manera y después bajar la línea hacia el niño de una forma unificada”.
Afirmó que “poner límites es demostrar amor, es demostrar cariño, porque le enseñan al niño a tolerar situaciones de frustración. Saber que todo no va a ser en los tiempos que él quiere o cuando él quiere, que es lo que después se va a empezar a encontrar en la vida”.
Obviamente, dijo, “se recomienda que los padres enseñen con el ejemplo, que ellos también tienen límites y que no hacen todo el tiempo lo que quieren”.