Desarrollar el frente costero es prioritario
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«Debemos usar el
tiempo como una
herramienta, no
como un sofá »
John F. Kennedy.
Aquello que el tiempo es la cosa más valiosa que no se debe perder está muy cercano a la realidad, le agregaríamos que es el capital más importante que se tiene en la corta vida que suelen tener los períodos políticos.
Se debería echar de menos el pasado, que es como correr tras el viento porque no se lo puede alcanzar ni detener, afrontar el presente y tomar decisiones irrevocables impone la hora actual.
Quienes solemos entrevistar a funcionarios en distintas circunstancias rescatamos conceptos como: «recién comenzamos nuestro gobierno, lentamente iremos produciendo los cambios que requiere la sociedad que nos votó» o «no podemos ir a temas mayores, al menos en nuestro comienzo, pero…analizaremos esa posibilidad».
¿Cuántas veces la sociedad escuchó esto en todo nivel? Quedarse en el pasado, quejarse de la herencia recibida y de las joyas de la abuela que no están o de un presente lleno de dificultades, no debe ser obstáculo para proyectar en el corto y mediano plazo. Pensar que hay tiempo, en la seguridad de un segundo mandato, para hacer lo que no se hizo en el primero, es una temeridad; el voto popular va y viene como las olas en el mar. Todo es más corto de lo que se supone, el tiempo se escurre rápidamente como arena entre los dedos y las promesas de campaña se vuelven historias repetitivas y las decisiones que se debieron tomar quedan en el baúl de los recuerdos, archivados para otra ocasión, que muchas veces nunca llega y, en el medio la sociedad que sigue pacientemente esperando.
No se pretende imitar a aquellos cronistas deportivos que ven todo fácil en la redacción luego del partido, haciendo referencia cuando el delantero erró un gol o el arquero se equivocó en una salida, como no estamos comentando fútbol sino sobre política nos permitimos señalar que sí es necesario lograr consensos, conformar mayorías para sacar proyectos, acordar entre oficialismo y oposición todo consabido pero debe primar la voluntad, la acción, las motivaciones, enfrentar las discusiones, soportar las diferencias, admitir las críticas; simplemente parece una costumbre en Necochea dejar para mañana lo que hay que hacer hoy y ese mañana nunca llega.
No sabemos qué se está esperando ahora, porque se dio un paso importante en el actual gobierno, apoyado por algunos concejales de la oposición logrando mayoría en el Concejo para el llamado a la venta de las tierras del ex complejo casino, abortado incomprensiblemente en primera instancia. Estos son los temas prioritarios para transformar y desarrollar esta alicaída ciudad, que cuenta con todo lo que pueden envidiar muchas ciudades de la Argentina.
Desarrollar el frente costero es el futuro de la ciudad
Solía repetir Gerónimo Venegas, “se debe tender un cable desde Costa Bonita hasta el balneario Los Angeles” en franca alusión a la ampliación y urbanización del frente costero. Se entiende por frente costero, en nuestro caso, toda la franja de litoral que va desde Costa Bonita hasta la “Cueva del Tigre” o balnearío “Los Angeles» 64 kilómetros de playa, una prolongada extensión frente al mar con una gran contradicción: le falta de desarrollo.
Quequén con su idiosincrasia, donde se une el turismo y la zona portuaria, sin un camino directo al acceso a las playas de Necochea, que cuenta con un frente para avanzar en su crecimiento, desde avenida 91 y 2 hacía el oeste que es el lugar de crecimiento natural demográfico de la ciudad, que sigue siendo desorganizado en su ampliación, algo histórico desde el nacimiento.
Las playas del frente costero oeste son actualmente las más buscadas, es la ocasión para seducir al capital privado, al inversor, con reglas de juego claras para que se vea tentado en un lugar que en cualquier otra parte del mundo sería parte vital de una ciudad turística.
Irrisoriamente apenas ocho cuadras, algo insignificante, donde además no se puede ver el mar por la cantidad de construcciones y amontonamiento de ladrillos y desprolijidad, tapando el espectáculo natural e inconmensurable que ofrece a la vista cualquier ciudad del mundo levantada frente el mar. Desde el punto del marco legal para un reordenamiento territorial no existen impedimentos para avanzar en la zona ya fueron aprobadas ordenanzas municipales 2005/81 y sus modificatorias 2358/91 y 7108/10, donde se establece que se está en condiciones de abrir a las inversiones y servicios, algo estrictamente necesario para el crecimiento, no sólo del sector en el corto plazo, sino de toda la ciudad.
Una breve historia de la Necochea del «no»
El domingo 8 de diciembre del año que finalizó, en la sección Nuestra Historia, «Ecos Diarios» publicaba una crónica ilustrativa de la Necochea del «no», que cumplió 80 años, cualquier similitud con algunos pensamiento del presente es pura coincidencia. Ese comentario aporta una indiscutible realidad, la que podemos evadir pero nunca las consecuencias.
En 1939 Mathilde Alvarez de Toledo de Díaz Vélez solicitaba la división de tierras de su propiedad para extender el frente costero, hubo oposición por considerar «inútil» la ampliación, los caminos bifurcados, de un lado la visión de futuro, el sueño de lo que debería venir, la modernidad de pensamiento, del otro, la burocracia política, el conservadorismo de no cambiar nada, la ideología del no hacer y oponerse por la oposición misma, La respuesta a aquella iniciativa fue “son regiones despobladas, desperdiciando un enorme potencial. No obstante esa oposición, el loteo se efectuó y se hizo una división catastral, en el actual Lote Mar 2, de la cual hoy Arba sigue generando deuda.
Aún quedan en los archivos judiciales el reclamo posterior que hiciera Mathilde de Díaz Vélez al no haberse cumplido con el plan de urbanización que llevó a la expropiación de sus campos en 1945. Luego de esa historia que cumplió 80 años, parecería que aún perdura la oposición a la urbanización paralela a la costa, sin aprovechar todas nuestras bondades naturales.
De haber prosperado esa idea, o más tarde la del gobierno peronista en la década del 50 el progreso hubiese sido otro y no se andaría discutiendo cuánto cuesta una bajada a la playa o si se habilita este u otro lugar para vender choripanes o un tinglado para ampliar una parrilla. Se han perdido 75 años. Una ampliación de toda esa zona nos hubiera podido convertir en el balneario más importante, luego de Mar del Plata, de toda la costa atlántica, ranking en el que hemos descendido, no sólo por crecimiento y nacimiento de otros lugares sino por la quietud y falta de decisión política de sucesivos gobiernos municipales para encarar decididamente la apertura costera.
Gobernar es tomar decisiones
No importan los momentos difíciles económicos y sociales que vivimos, en el medio de la pandemia y en un año electoral, está la obligación de salir del lugar común y la discusión repetida del hastío de las frustraciones y hacer realidad el sueño de 1945.
Se dirá que hay que llevar los servicios diversos para jerarquizar el lugar, por supuesto, esto no puede ser impedimento para avanzar, argumentarán que en los meses de invierno los caminos son pocos transitables, por supuesto, se deberán acondicionar convenientemente, dirán que tendrá poco carácter comercial fuera de los meses de verano y primavera, falso, sino basta con recorrer otros lugares de iguales características que resultaron exitosos, hay que dejar la duda y transitar el camino del hacer.
No se puede tener esa franja costera de valores incalculables, de paseos turísticos únicos, simplemente arreglando sus calles, sacando la arena que suele amontonarse, visitando el sector durante los meses de verano y prácticamente inutilizable en un gran porcentaje del año, allí debe seguir creciendo la «Nueva Necochea» como una reparación histórica de quienes vislumbrando el mañana lo intentaron y chocaron con la pared de la negación y los dueños de los «no», la peor batalla es la que no se atreve a enfrentar.
Dentro del marco de responsabilidad por lo no hecho puede tener una cuota la sociedad, pero la mayor recae sobre quienes ostentan el poder político y no toman las decisiones, esas que suelen ser discutidas a veces cirugías sin anestesia pero que con el tiempo dejan una marca del progreso en la vida de los pueblos.