Descubriendo el bádminton
:format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2019/10/fotobadminton.jpg)
Sin canchas para practicarlo ni compañeros para competir, Manuela Mikkelsen Jensen se animó a un deporte desconocido y nos representó en las finales de los Juegos Bonaerenses
Adrian Stolarczuk
Redaccion
La curiosidad fue la motivación que la impulsó a aprender, descubrir y desear experimentar cosas nuevas. Así comenzó esta historia que tiene como protagonista a Manuela Mikkelsen Jensen, de jóvenes 14 años, y que apenas había escuchado hablar del bádminton de boca de un primo lejano, en su infancia.
Surgido en Asia, el bádminton es un deporte de raqueta que forma parte del programa olímpico desde los Juegos de Barcelona en 1992, pero que en la Argentina tiene pocos adeptos y lugares para practicarlo. En Necochea, hasta hace pocos meses, nadie lo practicaba. A Manuela poco de todo eso le importó. Lo ignoraba cuando al momento de buscar actividades en la clase de gimnasia en la Escuela Secundaria N° 18 de La Dulce se encontró con la inquietud. “Había una caja de pelotas de ping pong y encontré una raqueta y una pluma de bádminton, aunque no sabía bien lo que era. Y le pedí a mi profe (Iván Seldrup) que me enseñara”, recordó Manuela sobre aquel primer encuentro. Desde una caja arrumbada saldrían nuevos caminos que la llevaron hasta competir por primera vez en los Juegos Bonaerenses este año.
Persistir
Pero no todo fue descubrir. También hubo que persistir. “Al principio no quiso saber nada de enseñarnos, le tuvimos que insistir mucho y le ganamos por cansancio”, reconoció la nacida en Necochea, pero que vive con su familia en La Dulce. “Los deportes me gustaron desde chica, viviendo en el campo siempre venía a La Dulce a hacer deportes”, relató sobre su paso por el atletismo, el vóleibol y también el cestobol gracias al trabajo que se realiza en el CEF N° 17 de La Dulce. Allí Iván Seldrup, actual regente y profesor de Educación Física, se animó finalmente a improvisar las primeras clases de bádminton en nuestro distrito en casi 20 años, en principio para Manuela y para otro compañerito, Juan Pistarini, quien se sumó a la movida. “Practicábamos dos veces por semana, se fueron sumando más chicos, cinco o seis, pero se iban o llegaban, no seguían siempre. Leímos el reglamento, que es lo principal, y mirábamos videos de partidos, para practicar. Nos terminó gustando”.
Iván Seldrup, el profesor que se entusiasmó también con la ilusión de sus alumnos, lleva seis años trabajando en el CEF de La Dulce, siendo el actual regente, y 27 como docente.
“Me daba vergüenza”
Salir de la normalidad, incluso al practicar un deporte, es una elección difícil en la juventud, cuando lo que más se busca es pertenecer a un grupo. Manuela también debió lidiar con ello. “Cuando empecé a jugar me daba vergüenza decirlo, era un deporte que no todos hacían. Pensaba que era media rara. Mis compañeros me criticaron en un primer momento, que jugar era una pavada. Pero han probado y ahora ven que no es tan fácil como parece y lo entienden”. El bádminton exige en cada punto, agilidad, velocidad de reflejos, coordinación y el estado físico. “Para mí no tiene nada que ver con los deportes que hacía”. Sobre cómo reaccionó su familia, agregó que “se sorprendieron. No lo habían escuchado si no era por mi primo, se pusieron muy contentos y me apoyaron un montón”, haciendo referencia a Marcos, un “familiar que vive en Estados Unidos y jugaba. No lo veo mucho, pero me había contado. Allá es normal este deporte”, comentó Manuela.
A competir
Desde aquellos primeros entrenamientos el año pasado, descubriendo el juego, en este 2019, la experiencia fue completa. “A principios de año Iván nos puso, a Juan y a mí, el objetivo de inscribirnos en los Bonaerenses”, explicó Manuela quien no tuvo rivales ni en la etapa local ni en la regional y fue directo a las finales provinciales que se disputaron el mes pasado en Mar del Plata. Juan, en cambio, perdió en el Regional.
Sin más que sus compañeros en La Dulce para jugar algún partido, fue un debut completo. “Estaba muy nerviosa, fue difícil. Iván me dijo que lo disfrutara, no importaba si ganaba o perdía. Más que nada por la experiencia y tener más cosas para practicar”. En la cancha perdió todos sus partidos pero ella sintió que ganó mucho más: “Volvimos con un montón de tipos nuevos, golpes, para entrenar. Volví sabiendo más. Me sorprendió había un montón de gente y sentí que no soy la única. Me cruce con chicas que contaban que jugaban desde hacía cuatro o cinco años, un montón, cuando yo hacía menos de un año. Mi primer partido fue ahí”, analizó quien además participó en los Juegos en el área de cultura, en la exposición de pintura. Además compartió que “me seleccionaron junto a otra chica, para sumarnos a un entrenamiento, la idea era probarnos y poder seguirnos durante el año”, analizó sobre los habituales buscadores de talentos que se encuentran en los Juegos, en los distintos deportes.
A futuro
La expectativa ahora es poder darle continuidad a esa experiencia. “Me gustaría seguir, es muy lindo. Iván (Seldrup) se va a jubilar, así que estamos buscando entrenador. La idea es abrir una cancha en la plaza de La Dulce, en el playón, para seguir sumando chicos”, expresó Manuela. El bádminton es un deporte más en Tandil, Benito Juárez, De la Garma y en otras ciudades con menos habitantes que Necochea. Quizás la semilla dulcense germine.///
Hace 30 años, la primera
experiencia en Necochea
La experiencia de Manuela Mikkelsen Jensen en el bádminton no fue la primera en la historia de nuestro distrito, pero si marcó un regreso después de muchos años de ausencia.
En 1987, en forma casi silenciosa, comenzó a practicarse a través de la gestión del profesor de educación física Germán Moras, en su gimnasio de calles 54 y 57. Lo descubrió en un viaje a Brasil, compró los elementos y lo empezó a difundir en nuestro medio. “Teníamos la cancha en el gimnasio, jugábamos bastante, siempre a modo recreativo. Pero fue creciendo y lo llevamos al Colegio Capuchinos (Nuestra Señora de Nueva Pompeya) donde se hicieron tres canchas y logramos tener el primer torneo regional, que nos ganó Tandil en aquel momento”, evocó el propio Moras, sorprendido por el recuerdo.
La práctica del bádminton continuó con altibajos por casi una década. Incluso llegaron a usar canchas de padel, con redes de bádminton. Según Moras, uno de los inconvenientes para la continuidad fue que “era muy difícil conseguir los elementos para poder jugar. A mí me habían traído las raquetas de afuera, un chico que viajó a Dinamarca, donde es más popular. La pelota, si le pegabas mal se dañaban las plumas y si se te cortaba el encordado era difícil encontrar reemplazo. La raqueta es más chica que las de tenis y las encordadoras que teníamos en la ciudad no servían para poder darle tensión. Había que viajar a Mar del Plata”.