Descuidos fatales
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La comunidad se vio sacudida en la jornada de ayer por la muerte de un joven de 19 años, que a bordo de una camioneta embistió durante la madrugada una columna de luz, y perdió la vida en el acto por la violencia del impacto.
Esta tragedia ocurrió a poco menos de un mes de haberse producido una triple colisión con las mismas características, pero en este caso en la avenida 75, cuando otro joven conductor, a alta velocidad, chocó el auto que guiaba con un camión que se hallaba estacionado y en segunda instancia con un remise, también aparcado.
En este caso, que también sucedió bien avanzada la madrugada, viajaban otros cinco adolescentes en el rodado. Y pese a que una de las pasajeras estuvo muy grave durante varios días a consecuencia de las heridas recibidas, felizmente no hubo que lamentar ninguna vida.
Varios hilos conductores e asemejan a estos dos accidentes: la edad de sus protagonistas; el horario y días de fin de semana en que se produjeron y la alta velocidad con la que se desplazaban los vehículos.
Son estos lamentables hechos el reflejo de una situación que se repite cada fin de semana por las calles de la ciudad, cuando al salir de los boliches jóvenes emprenden el retorno a excesiva velocidad, con cansancio y reflejos que ya no son los mismos del comienzo de la noche.
Cualquiera que circule por esas horas puede palpar este descalabro de manejar temerariamente, a veces sin respetar a los semáforos o haciendo picadas, como tiempo atrás cuando un rodado se desplazaba compitiendo con otro por la diagonal San Martín y colisionó con un micro que la atravesaba por calle 63.
Sin dudas que más allá de la actitud de estos jóvenes o adolescentes que se creen Juan Manuel Fangio al comando de vehículos, sin darse cuenta que tienen un arma en sus manos y que puede ser mortal, hay otras responsabilidades.
A esta negligencia se suma una marcada despreocupación de los padres que les ceden los autos a sus hijos, sin averiguar cómo conducen, observar a qué hora regresan a sus hogares y en qué condiciones.
Ayer mismo, seguramente en el concepto de algunos tarde, se reunieron las autoridades del área de Protección Ciudadana y Policía, coincidiendo en que se reforzarán las de prevención en el tránsito de la ciudad con “amplios operativos de saturación, control vehicular, de alcoholemia y velocidad, a partir de hoy…”, según un comunicado enviado a la prensa.
Se trata de una espasmódica reacción tras la muerte de un joven, pero también debe quedar en claro que es imposible que se pueda controlar todas las calles y a toda hora, por falta de personal y rodados.
En el fondo se trata de educar para que los jóvenes tomen más conciencia y cuiden sus vidas y las de terceros. De que los mayores eviten cederles los rodados fácilmente y que se ejerza, con continuidad, un mejor control, penalizando severamente a quienes hacen contravenciones y toman por su cuenta las calles de la ciudad.
Si todo esto ocurre es probable que se puedan evitar lágrimas por la pérdida de vidas. De lo contrario seguiremos en un caos que se asemeja a una ruleta rusa.