Desde antes de la fundación
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El inicio de las fiestas patronales de Santa María del Carmen recuerdan el largo vínculo entre la iglesia y la comunidad y la particular participación de algunos recordados personajes de la historia local
El jueves comenzaron las actividades por las fiestas patronales. Una serie de ceremonias religiosas y eventos se desarrollarán a lo largo de toda la semana para culminar el próximo sábado.
Días atrás el sacerdote Fernando Mendoza explicó que las fiestas se desarrollarán bajo el lema “Santa María del Carmen… repara mi iglesia”, en el marco de una serie de obras que desde la comunidad se plantean para refaccionar y reparar el templo de la calle 61.
Sin embargo, Mendoza explicó que la referencia “a reparar la iglesia” no sólo debe centrarse en el “templo material”, también en “templo espiritual”.
El párroco habló de la necesidad de llevar la renovación a lo espiritual, en especial luego de dos años marcados por la pandemia e importantes cambios en los hábitos de los feligreses.
La iglesia católica y en especial la parroquia Santa María del Carmen ha tenido un rol fundamental en la vida de la comunidad de Necochea.
En el acta de fundación de la ciudad los vecinos pioneros declaran a la virgen Santa María del Carmen Patrona de Necochea.
La Virgen del Carmen es una de las advocaciones de la Virgen María que en el Siglo XIX en nuestro país tuvo un gran número de devotos porque fue la patrona del Ejército de los Andes que, liderado por el general José de San Martín, gestó la independencia de Argentina.
Por ello no es raro que los fundadores, entre los que había muchos soldados veteranos, hayan propuesto a la virgen del Carmen como patrona del nuevo pueblo.
Meses antes de la fundación, el 8 de junio de 1881, se dispone que el agrimensor José María Muñoz trace el ejido urbano, donde ya se establece la parcela donde se construiría el primer templo católico.
Pobres de espíritu…
La frase “pobres de espíritu” aparece en las Sagradas Escrituras cuando Mateo se refiere a las “Bienaventuranzas”. A pesar de las connotaciones negativas que puede suponer la pobreza de espíritu, en realidad hace alusión a aquellos que necesitan de alimento espiritual.
A esto se refería precisamente el Angel Murga cuando a principios de 1883 solicitó al Obispo de la Ciudad de Buenos Aires, la designación de un sacerdote para nuestra ciudad.
“El pueblo de Necochea, cuya creciente y rápida prosperidad lo hará figurar dentro de breve tiempo en primera línea, cuenta hoy, dentro de su radio más de trescientas casas de material, ocupadas por más de mil personas que carecen de toda asistencia religiosa, porque el curato más próximo, el de Juárez, dista treinta y cinco leguas”, escribió Murga.
En su carta, el fundador señalaba que las vecinas localidades de Lobería y Tres Arroyos tampoco tenían cura. “El habitante de nuestra campaña, aunque ignorante, es eminentemente religioso y las prácticas del culto católico que él profesa, contribuyen poderosamente a neutralizar la influencia perniciosa de sus propias pasiones y del medio en que desarrolla su actividad”, agregaba Murga.
Ese mismo año, el 4 de septiembre de 1883, se inauguró el primer templo. Era en realidad una capilla cuyos materiales eran ladrillo y cal, sin revoque y estuvo emplazada detrás del actual templo, con frente a la calle 60. Contaba con Sacristía y Bautisterio.
Según una antigua publicación que registra la historia del templo, “la capilla fue construida a pedido de tantos nuevos vecinos que llegaban de la campaña y otros puntos para afincarse en su promisoria ‘rinconada’ del Quequén.
El día de la inauguración se festejó con “grandes salvas, procesión y alocución inicial por su primer sacerdote y capellán, el reverendo Manuel Alvarez”.
La capilla tenía ocho metros de frente por 25 de fondo y pronto los vecinos comenzaron a pensar en construir un templo más grande, para una comunidad que crecía constantemente.
En ese punto aparece la figura del sacerdote Pascual Quercia, que se convertiría en el motor de aquella iniciativa.
Sin embargo, Quercia no pudo ver hecho realidad aquel sueño de los feligreses. Fue el párroco Antonio Bernardi quien inauguró el altar mayor del nuevo templo en 1898, como asimismo la primitiva casa parroquial.
El constructor y el músico
Una anécdota que muestra que gran parte de la población participaba activamente en la construcción está relacionada con la figura de un recordado constructor cuya firma aún se puede ver en el frente de muchos antiguos de la ciudad: José Pucciarelli.
Este conocido constructor, que también incursionó en la política y fue intendente de Necochea, participó personalmente en la colocación del pararrayos en la cúspide del templo.
En 1903 Pucciarelli subió hasta lo más alto de la torre y colocó el pararrayos adosado a la cruz.
Otro recordado personaje de la ciudad, el doctor Emilio Ferreyra, también quedó en la historia del templo local por sus contribuciones, en este caso artísticas.
Recién egresado, el catamarqueño trabó amistad con el cura Quercia y surgió la idea de acompañar las misas con música. El problema era que el joven médico sabía tocar con su guitarra música autóctona: vidalas, chacareras y valsecitos.
Esto no intimidó a Quercia, que permitió ese tipo de interpretaciones tan lejanas a las por entonces acostumbradas melodías sacras.
Construcción y mantenimiento
Pero fue necesario aguardar hasta 1904 para que el sueño de Quercia se concretase materialmente. Durante ese año se formaliza la inauguración del templo. Ya el sacerdote a cargo era el presbítero José Pando, a quien además se debe la construcción de una nueva casa parroquial.
Veinte años después, cuando se encontraba al frente de la parroquia el presbítero Francisco Actis, se pensó en construir un nuevo templo, sobre la calle 60. La nueva construcción tendría dos torres.
Pero la iniciativa de este sacerdote pronto queda en el olvido y su sucesor, Donato Pacella, decide la ampliación del templo existente con la construcción de dos naves laterales en el año 1935.
Ya en 1969 se crea la Asociación Obras Parroquiales Santa María del Carmen, la cual toma a su cargo la reparación y refacción del templo.
En 1977, esa asociación es la que logra reparar el reloj de la torre y ponerlo en marcha el 16 de julio de 1977, después de 16 años de inactividad. Esa tarea fue llevada a cabo de forma gratuita por Jacinto Díaz, Hansen, Werner y Braklo.
Los trabajos de mantenimiento en aquellos años continuaron con la reparación de los techos, cuyo deterioro había permitido la filtración de agua en el interior del templo. También en esos años se modificaron accesos interiores del templo, levantando nuevas arcadas, las que continuaron el estilo de la nave principal del edificio.
Por impulso de esa comisión, el entonces estudiante de Bellas Artes Carlos Quaglia comenzó la confección de nueve vitrales para la decoración del altar mayor, adecuándose a las nuevas normas litúrgicas impartidas por el concilio Vaticano II.
Asimismo se reemplazó la cruz de la torre, la que fue entregada en custodia al museo.
La iglesia y el puerto
Desde el nacimiento de nuestra ciudad, hombres de la Iglesia impulsaron iniciativas para el progreso de la comunidad.
Fue precisamente un sacerdote quien a principios del siglo pasado, desde el púlpito, levantó la voz para reclamar la construcción de un puerto.
Corría el año 1906 cuando el ministro de Obras Públicas de la Nación llegó a la ciudad invitado por la comisión Pro Templo Parroquial.
El supuesto objetivo del encuentro eran las gestiones de la obra de construcción del templo de la Parroquia Nuestra Señora del Carmen, pero se invitó a la reunión al fraile Modesto Becco, quien tendría a su cargo un discurso para convencer al ministro de la necesidad de construir una estación marítima en la desembocadura del Río Quequén.
Un acta del 9 de agosto de 1906, refiere los preparativos de la comisión antes de la llegada del ministro. La nota da detalles de las gestiones realizadas por Carlos Voigt ante el ministro con motivo del viaje del funcionario a Necochea.
Escrita por Lincoln Howard, el acta señala que Voigt había cumplido con todo lo encomendado por la comisión y le ordenaba que recibiera al ministro y le “hiciera presente sus fervientes votos para llevar a feliz término el proyecto de Puerto Necochea de Ultramar”.
Por otra parte, Voigt debía comunicarle al ministro que la comisión “pensaba prestar su cooperación a la obra mediante la invocación de los auxilios de la Divina Providencia a cuyos efectos realizaría en todo el presente año una peregrinación al Santuario de Nuestra Señora de Luján”.
Nada se sabe de aquellas insólitas gestiones y sobre los efectos que causó en el ministro el discurso del padre Becco, pero a 115 años de aquella visita, Puerto Quequén es una de las estaciones marítimas más importantes del país. Podría decirse que, de alguna manera, dieron resultado.///