Desde el arco, al corazón de la ciudad
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Mario Guelfi llegó desde Buenos Aires en los años 50 y completó una brillante trayectoria jugando en el Club Huracán, en la Liga Necochea de Fútbol
Por Adrian Stolarczuk
Fue parte de esa oleada de jugadores capitalinos que llegaba a la ciudad atraídos por nuestro fútbol, que especialmente en los años 50 y también durante los 60 disfrutaba de un renombre en toda la provincia y los clubes contaban con un apoyo económico que hoy sólo podríamos soñar. Rivadavia, con el “Cholo” Silvestre Calabrese y el “Gallego” Francisco Alvarez por citar dos glorias, Huracán e Independiente de San Cayetano fueron los clubes que más fuerza hicieron en el mercado foráneo, también trayendo jugadores de Mar del Plata y la región. Edgar Yus, Héctor Benítez, Osvaldo Donola, Eduardo Gómez, Mario Gualtieri… la lista de nombres es amplia.
El Club Atlético Ameghino, otro de los fundadores de la Liga Necochea de Fútbol, apostaría entonces por el arquero Mario Generoso Güelfi, quien se había mostrado previamente visitando nuestra ciudad integrando la Reserva de San Lorenzo de Almagro y jugando amistosos en julio de 1954.
En San Lorenzo
Güelfi comenzó su carrera en el “Cuervo” desde la Quinta división y fue ascendiendo hasta llegar a la Primera en 1952. En Reserva fue campeón en 1953 y 1954, compartiendo plantel con José Sanfilippo y Adolfo Seoane. Luego pasaría a Almagro, a jugar en el Nacional B.
Su llegada a Necochea se concretaría en 1957, al Club Ameghino, aunque por poco tiempo. También recaló brevemente en Gimnasia y Esgrima, para luego dar el paso a Huracán de Necochea, con Hugo Bandiera.
En el “Globo”, aunque no logró consagrarse campeón en la Liga, dejó su mayor huella como ídolo del club y para muchos el mejor arquero en nuestras canchas. Defendió esos colores durante 13 años y por una década luciendo la cinta de capitán, respetado por sus compañeros y rivales.
Güelfi se afincó en nuestra ciudad, formó su familia y se convirtió en un necochense más, a partir de los afectos cosechados dentro y fuera de la cancha.
El más correcto
Nunca fue amonestado o expulsado, algo que le valió numerosos reconocimientos como el jugador más correcto de la Liga y también por parte de la Confederación Argentina de Arbitros que lo distinguió como el deportista más caballeresco de la provincia de Buenos Aires en 1969, recibiendo el halago en Capital Federal.
En sus numerosas entrevistas con Ecos Diarios, siempre accesible y cordial, señaló como el mejor equipo que vio a Independiente de San Cayetano, tricampeón en los años 60, con Medina, Benítez, Mastromarino y Casella. Y a la hora de elogiar a sus colegas, señaló a Tomás Marquez, arquero de Rivadavia, y al sancayetanense Juan Carlos Rodríguez, como los más destacados de su época.
Partido despedida
Se retiró oficialmente en diciembre de 1970, con el mejor marco posible, en un clásico entre Huracán y Rivadavia en la cancha de las Aguas Corrientes. Tras 25 años de carrera dentro de una cancha de fútbol, disfrutó de una merecida despedida. El partido amistoso fue ganado por el decano por 2-1. Güelfi estuvo en cancha durante 50 minutos y se retiró ovacionado por el público cuando delegó el arco del “Globo” a Carlos “El Gallego” Pilar. Nadie quiso perderse una noche especial y ambos equipos presentaron a todas sus figuras, a pesar de no tratarse de un encuentro oficial. Huracán formó con Güelfi; Martín, Di Rocco, Bandiera, y Castellano; Corbellini y Grandi; Cano, Alsinet, N. Corbellini y T. Di Rocco. Ingresaron Pilar, Sánchez, Deis, Meana y Charques.
Por su parte Rivadavia alistó a T. Márquez; Biscaysaqu, R. Grandi, Ansorena y París; Clerico y Almirón; Fantasía, Caputo, Moreno y F. Gómez. Luego ingresaron Martínez, Cappai, Ianni y Lima. Lo ganaba Huracán con gol de N. Corbellini y lo dio vuelta Rivadavia con tantos de Vicente Caputo y Fernando Gómez.
A su retiro, Güelfi fue agasajado tanto por Huracán como por Ameghino y también en la Liga Necochea, con una medalla en reconocimiento a su corrección y cultura dentro y fuera del campo de juego.
A veces no se necesitan triunfos o copas por doquier. Amor por la camiseta, calidad y caballerosidad fueron los pilares por los que su nombre trascendió en la historia de nuestro fútbol. ///