Desidia, abandono y anomia
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¿Qué diferencia hay entre el abandono del complejo Casino y los numerosos vehículos en desuso abandonados en las calles de la ciudad? Nada, sólo el volumen de dos modelos de desidia y negligencia.
Lamentablemente no son las únicas “postales” que se exhiben en la vía pública, y que muestran a las claras el desinterés que existe en una franja de nuestra sociedad por hacer una ciudad de mejor calidad de vida.
Hurgando en las imágenes que observamos diariamente y de las cuales las páginas de Ecos Diarios han dado cuenta en más de una oportunidad, se se puede agregar al vergonzoso listado los carteles o restos de los mismos cuya finalidad ya no tiene sentido; monumentos que se dañan o rompen y permanecen años y años así, hasta que alguna piadosa mano se ocupa de los mismos; o la afrenta a la salubridad que significa la actitud desaprensiva de ir creando basurales en distintas zonas de la ciudad; sacándose de encima lo que molesta, sin considerar al prójimo.
Aunque tienen una responsabilidad más directa, porque se trata de propiedades privadas, los frentes y veredas de cientos de inmuebles también reflejan desatención y dejadez. Y en el conjunto con los otros abandonos, multiplican el cuadro negativo.
Estudios de sociólogos y psicólogos han comprobado que lo que está en mal estado o abandonado en la vía pública tienta a algunos seres humanos a seguir dañándolo o cometerle roturas a objetos que estaban sanos.
Este marco la mayoría de quienes convivimos en Necochea nos acostumbramos a ver estas falencias o, quizás inconscientemente, las ignoramos.
Sólo puede aparecer al rescate alguna acción, por cierto no abundante y aislada, de grupos o entidad es que decidan contribuir a limpiar o corregir estas anomalías que se exhiben a las calles y veredas de la ciudad.
Todo lo antes apuntado conforma, sin exageraciones, un estado de desorganización social producto al desapego a cumplir con las normas sociales de convivencia.
Indudablemente que más allá de las decisiones y conductas individuales, existe la ausencia del Estado municipal a la hora de hacer respetar las normas vigentes y sancionar a quienes las contradigan, haciendo lo que les place.
En el caso explícito del complejo Casino, a lo largo de los años y ya sea por ineficacia o comodidad, el Estado comunal ha fallado rotundamente en establecer su durabilidad digna o hacerlo desaparecer, a esta altura del deterior lo más sensato, para dar origen a una nueva estructura en tal estratégico lugar.
Este incumplimiento de sus obligaciones es una cuestión de años, que atraviesa a varias administraciones municipales. Y de ahí surge que la ciudad esté tan abandonada y mugrienta.
Como hemos expuesto en varias ocasiones, existen decenas de ordenanzas pensadas, escritas y aprobadas; pero que lamentablemente no se hacen cumplir. Y con esta modalidad sólo se profundiza la dejadez y un marcada anomia, que obviamente definen el presente y futuro de nuestra comunidad.///26