Desolada y con escasa actividad
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La extensa cuarentena del año pasado y las restricciones aplicadas en el corriente hicieron que la actividad económica del país cayera abruptamente. A nivel local, cerraron locales comerciales y emprendimientos de distintos rubros, mientras que otros siguen de pie tratando de recuperarse, no sin esfuerzo.
Otros directamente no tienen oportunidad de recuperarse porque no pueden volver a trabajar y acá podemos incluir a hoteles (que funcionan sólo para viajantes), salones de fiesta, peloteros y todos los rubros que siguen cerrados. Pero también, hay otros lugares que directamente, al no tener movimiento, han quedado casi en el olvido.
Tal es el caso de la terminal de ómnibus, que tiene unos pocos servicios por día para aquellos que tienen que viajar por alguna urgencia o por alguna cuestión laboral. Se permite que los colectivos viajen con una ocupación del 75%, pero la realidad es que apenas cubren el 25%.
No funciona el kiosco ni el restaurante ni la confitería porque la circulación dentro del edificio está vedada. Sólo pueden entrar aquellos que tienen que comprar un pasaje y los viajeros que necesitan usar el baño.
Como consecuencia, el edificio está desolado porque no hay ningún movimiento comercial y cada vez más en peor estado porque el mantenimiento es nulo. Ya ni calefacción tiene porque se robaron el equipo completo.
Sin duda, la cuarentena aceleró su caída. La cooperativa que tenía a cargo la concesión que, además ya estaba vencida, desapareció. Ahora ha quedado en manos del municipio que puso una guardia mínima las 24 horas y se encarga la limpieza exterior y de los baños, del resto se ocupan las pocas empresas de transporte que están funcionando.
El edificio ya venía desde hace años de mal en peor y cada con menos mantenimiento. En los últimos 20 años, los gobiernos han prometido obras, remodelaciones, licitaciones, pero nada se ha concretado. Al contrario, en las últimas dos décadas, el lugar se vino abajo con más fuerza por la caída de la actividad, pero sobre todo por la falta de mantenimiento no sólo por parte de los concesionarios sino principalmente de la Municipalidad que tampoco se hizo cargo. Y en este sentido, hay que decir que hace años que la concesión estaba vencida y lo único que se hacía era renovar los permisos precarios, mientras se pensaba qué se iba a hacer con esa estructura obsoleta y cada vez más deteriorada.
Finalmente, las restricciones por el coronavirus que rigen desde marzo del año pasado, terminaron por paralizar aún más un espacio público que ya venía decadencia.
Una vez más, el gobierno municipal promete una remodelación, una nueva licitación y hasta la posibilidad de sumar oficinas municipales en el sector. Sin embargo, hasta ahora, lo cierto es que la terminal cada vez está más desolada, abandonada y con una actividad casi nula.