Día de los Santos Inocentes: una celebración que quedó postergada
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Se conmemora cada 28 de diciembre hace más de 2.000 años. Hoy, la tradición está menos afianzada y no se ven las clásicas bromas
El «Día de los Inocentes» se celebra cada 28 de diciembre hace más de 2.000 años. Comenzó como la fiesta católica de los «Niños Inocentes», en conmemoración a la matanza de todos los menores de dos años ordenada por Herodes, pero con el paso del tiempo, la tradición pagana fue sacándole el aspecto trágico a la fecha hasta convertirse en el «Día de los Santos Inocentes», oportunidad para jugarle bromas a los ingenuos y repetir la frase «que la inocencia te valga».
En España y Latinoamérica, solía ser un momento para idear bromas de toda índole, y la tradición estaba fuertemente afianzada en el inconsciente colectivo hasta hace no tanto. Ahora, en cambio, nuevas costumbres fueron desplazando a esta celebración milenaria, y no son tantos los que preparan su día con creatividad y en algunos casos cierta malicia, para sorprender despachándose con una burla o mentira que obnubile al interlocutor. Grandes y chicos esperaban con ansias el día, y así se vivía una especie de juego en el que todo tipo de situaciones ridículas podían pasar.
En nuestra ciudad, los consultados por Ecos Diarios sostuvieron al unísono que ya no ven el espíritu de la celebración presente en la gente, aunque sí recordaron cómo solía ser en otras épocas, cuando los bromistas aprovechaban la fecha para deslumbrar con su astucia. Albina Burde, mencionó que cuando era chica todo el mundo hacía una broma en el Día de los Inocentes, y “te tenías que cuidar porque algo te iban a hacer, no te quedaba otra que esperar, y vos también hacías”. Ahora, sostuvo, es una tradición que se perdió. “En los años 50 o 60, las noticias del Día de los Inocentes salían en los diarios”.
Bromas
Algunas de las bromas podían ser “feas y pesadas”, manifestó Burde, y era algo que tanto grandes como niños practicaban. Además, era una fecha que se esperaba, tanto como la Navidad, Año Nuevo y Reyes. Hoy, el hábito se fue perdiendo según expresó Burde, en parte porque los ritmos cotidianos se agilizaron con horarios laborales más demandantes y chicos con una importante lista de actividades; a su vez, la interacción familiar también fue mutando, lo que llevó a perder algunas cosas que fueron siendo reemplazadas por otras, como costumbres importadas de otros países: la celebración de Halloween o el Día de los Enamorados.
Tiempo atrás
Para Guillermo Depierro la tradición se ha perdido, y recordó que cuando era chico era algo muy popular. El, era de los que hacían chistes ”livianitos”, pero estaban los que “jugaban fuerte”, y los que eran sumamente ingeniosos para conmemorar la fecha.
En esta época, “nos han colmado las cosas del extranjero, como Halloween”, indicó Depierro, además de recordar que antes no existía tampoco el Día de San Valentín. Así, los “Santos Inocentes” se ha ido perdiendo con la llegada de estas nuevas costumbres.
De acuerdo a Horacio Sabatini, de chico esperaba siempre para cargar a alguien cada 28 de diciembre, aunque sin ninguna mala intención, ya que simplemente realizaba alguna broma suave con el fin de divertirse. Entre sus compañeros de colegio, era común que mencionaran algún beneficio por venir para generar expectativa, y finalmente, revelaban que lo prometido no era cierto. “Era la misma ilusión que generaba Papá Noel o los Reyes Magos, pero eso todavía se mantiene”, expresó. En cambio, el Día de los Inocentes, una tradición distinta, no prosigue. “Era una forma de entretenerse y no pasaban cosas violentas; hoy posiblemente podrían ocurrir otro tipo de cosas”, reflexionó Sabatini.
El comienzo de la historia
De acuerdo a lo relatado en el Evangelio de San Mateo, la historia comienza cuando unos magos llegan a Jerusalén en busca del futuro Rey de Israel que según ellos acababa de nacer. Explicaron que habían visto aparecer su estrella en el oriente y recordaron la profecía del Antiguo Testamento que decía: «Cuando aparezca una nueva estrella en Israel, es que ha nacido un nuevo rey que reinará sobre todas las naciones”.
Según San Mateo, Herodes el Grande, obsesionado con el poder y por el temor a perderlo, al enterarse que había nacido un nuevo rey ordenó que le dieran muerte inmediatamente.
El mismo relato detalla que Herodes se reunió con los magos fingiendo un interés por el niño y los despidió con un «vayan y se informan bien acerca de ese niño, y cuando lo encuentren vienen y me informan, para ir yo también a adorarlo».
Los magos se fueron a Belén guiados por la estrella que se les apareció otra vez, al salir de Jerusalén, y llenos de alegría encontraron al Niño Jesús junto a la Virgen María y San José; lo adoraron y le ofrecieron sus regalos de oro, incienso y mirra.
Pero a través de sus sueños recibieron un aviso de Dios de que no volvieran a Jerusalén y regresaron a sus países por otros caminos, mientras Herodes se quedó furioso y sin poder saber dónde estaba el recién nacido.
Entonces rodeó con su ejército la ciudad de Belén y ordenó a sus soldados a que mataran a todos los niños menores de dos años en la ciudad y sus alrededores. Un ángel avisó a San José para que saliera huyendo hacia Egipto, y así, cuando llegaron los soldados de Herodes, el niño Jesús ya había abandonado Belén. Sin embargo, el ejército asesinó a todos los pequeños «Santos Inocentes» niños que habitaban la ciudad.