Día de San Valentín: una historia de 30 años de amor
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Gustavo Corral y Griselda Arizmendi, formaron su familia, tienen cuatro hijos y compartieron sus anécdotas de vida
Gustavo Corral y Griselda Arizmendi se casaron siendo muy jóvenes, cuando tenían apenas 20 años y llevan 30 años de casados. Tienen cuatro hijos y desde hace 20 años comparten el trabajo. Gustavo llegó desde Córdoba y ella es oriunda de nuestra ciudad. Su historia comenzó en el boliche de calle 4 entre 75 y 77, que en aquel entonces se llamaba “Itá”.
Estuvieron dos años y tres meses de novios y después decidieron casarse y formaron su familia en Necochea.
Ambos compartían la idea de tener una familia grande, así que tuvieron cuatro hijos: Priscila de 29 años, Lucas de 27, Federico de 26 y Agustín de 20.
En los primeros años de la pareja, el recordó que era muy eufórico en la demostración de afecto, desplegando pancartas, colocando carteles en todas las columnas de la calle, mandaba flores si estaba de viaje, pero los años demuestran otras maneras de quererse.
Griselda opinó que “hay distintas etapas donde uno va aprendiendo hasta llegar a una armonía que permite otro camino diferente. La receta principal es respetarse entre ambos y la historia del otro”.
La sociedad te incorpora que la felicidad es muy difícil y en realidad es una tarea que uno tiene que proponerse para llegar, reflexionaron. Al respecto manifestaron que “nosotros hemos ejercitado la manera para ser feliz. Tiene que haber un ejercicio y estar abierto a todo, retiros, charlas y ha sido de mucha ayuda para nosotros”.
Actualmente estamos en tiempos donde todo tiene recambio, se descarta y todo se cambia aunque sirva para usar algo nuevo y esta costumbre se ha incorporado de tal forma que pasa hasta con los sentires. Este matrimonio aseguró que “nosotros creemos en el camino para siempre aunque hay que repararlo, tampoco vivir roto, pero si vivir reparados y poder decir que lindo que nos animamos atravesar eso y estamos de pie”.
Con cuatro hijos a cargo, vivieron momentos difíciles y más allá de la cantidad , los hijos llevan mucho tiempo en la pareja, pero Griselda y Gustavo siempre priorizaron su relación a tal punto que se encerraban en la pieza para poder hablar tranquilos.
“Desde afuera escuchábamos que los chicos empezaban a tener necesidades, golpeaban la puerta, decían Má, Pá y hasta se peleaban, pero queríamos conversar y lo hacíamos a rajatabla y no salíamos. Cuando quisimos acordar eso marcó un respeto de ellos hacia nosotros. Entonces para cuidarnos como pareja tuvimos que marcar pautas hasta con nuestros hijo”, expresron.
Reencuentro
Cuando los chicos se hicieron grandes cada uno tomó su camino, se fueron a estudiar y si bien la familia y amigos les hacían mención a la tristeza y preocupación del “Nido vacío”, ellos anhelaban el reencuentro porque se habían casado muy jóvenes y esperaban tener tiempo para la pareja, salir a caminar, etc.
“Sabíamos que en algún momento nos íbamos a volver a encontrar y no queríamos ser desconocidos y en la adultez uno se da cuenta que valió la pena cuidarnos”, dijo Gustavo.
Algo que esta pareja destacó fue el apoyo que recibieron en el grupo de matrimonios de Santa María del Carmen. Sus hijos iban al Colegio Pio XII y José Luis Puñal los invitó a compartir.
“Fue la base fundamental en nuestro matrimonio. Aprendimos mucho de otras parejas con más años de experiencia, nos sostuvieron, nos enseñaron a dialogar, a tener un espacio para nosotros y asi descubrimos la necesidad de trabajar para ayudar a otros matrimonios”, comentó Griselda.
En el grupo que coordinan hacen charlas temáticas en relación a la pareja sobre cosas cotidianas peleas, diálogo, hijos, etc.
“Todos hemos pasado por alguna crisis y que alguien te pueda tomar de la mano, acompañarnos en ese periodo, nos hizo felices. Nosotros descubrimos que falta la decisión de detenerse y volver a mirarse y en ese mirarnos descubrimos que estamos enamorados, lo que pasa es que en la carrera cuesta mucho tomarse ese tiempo, pero cuando lo hacen se dan cuenta cuentas cosas tienen en común”, relataron.
A lo largo de estos 30 años de matrimonio, uno de los aprendizajes más difíciles fue trabajar juntos. Tenían desencuentros, enojos en el taller que continuaban en la casa, por eso una y otra vez recalcaron la importancia de tener reencuentros como pareja.
“Que sea una obligación, tomar un café juntos, hacer algo, para empezar a mirarse otra vez como pareja”, recalcaron.
Griselda y Gustavo tienen muchas cosas que les gustan en lo personal individuales que se respetan y motivan mutuamente y además los une la actividad en la parroquia.
A propósito, hoy, luego de la misa de las 20, en la parroquia Santa Maria del Carmen festejarán el Día de los Enamorados, con una cena a la canasta.
Por último, brindaron un mensaje en esta fecha especial, “una vida feliz no es una vida aislada de las complicaciones y de los problemas. Uno puede ser feliz a pesar de todo lo que pasa en el camino y se puede caminar juntos a pesar de los problemas”.