Día del Padre: heredar un oficio y compartir la vida
Padres e hijos que eligieron transitar una profesión en común
:format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/06/los_llamazares_manolo_y_rodrigo_en_la_peluqueria.webp)
ROCÍO MAGALÍ SÁNCHEZ
Para Ecos Diarios
Hay enseñanzas que no se encuentran en los libros ni en las aulas. Se aprenden compartiendo el día a día. En algunas familias, además del cariño y los valores, también se transmite una vocación que termina convirtiéndose en una forma de vivir. En este Día del Padre, las historias de los Bertoldi y los Llamazares muestran cómo el amor familiar y la profesión pueden caminar de la mano por varias generaciones.
En el estudio contable de los Bertoldi, los números forman parte de la historia familiar desde hace décadas. Ángel César Bertoldi, de 79 años, siguió el camino de su padre, quien llegó a Necochea en 1945 para ejercer la profesión, y hoy comparte el trabajo con su hija Florencia, quien representa la tercera generación de contadores de la familia.
"Somos la tercera generación de contadores. Mi abuelo paterno también era contador y nos une esta carrera. Me hace sentir muy orgullosa todo lo que me enseñó como papá y también compartirlo en la profesión", expresó Florencia.
:format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/06/los_bertoldi_florencia_y_angel_ejercen_como_contadores_publicos.webp)
De los cuatro hermanos, fue ella quien decidió continuar el legado. Carola eligió el Derecho y es abogada; Juan se graduó como licenciado en Administración y actualmente reside fuera del país; mientras que Fernando es periodista y desarrolla su actividad entre La Plata y Buenos Aires. La menor de la familia fue quien encontró en las Ciencias Económicas la misma pasión que había acompañado a su padre durante toda la vida.
"Yo primero estudié Administración y después, ya de más grande, estudié la carrera de papá. Siempre lo acompañé; desde chica era muy compañera. Se me viene el recuerdo de ir con él a la AFIP y estar a su lado", expresó
Esa cercanía también estuvo presente durante la infancia. "Papá era muy presente. En matemáticas me ayudaba siempre, pero sobre todo estuvo presente en la vida diaria. También el apoyo de mi mamá María Liliana Hijano que hoy ya no está, fue sumamente importante", contó.
Un equipo en la vida y el trabajo
Hoy ambos trabajan en el estudio familiar, donde la experiencia y la mirada de una nueva generación se complementan todos los días: "Somos un equipo. Tomamos lo mejor de la experiencia que tiene él de años y le damos un enfoque más moderno, porque todo ha cambiado. Y hacerlo con alguien que es mi papá genera una confianza muy especial", sostuvo Florencia.
Ángel coincide en que el intercambio cotidiano enriquece el trabajo de ambos: "Hay una diferencia enorme con los años que han transcurrido. Yo vengo de la época de las máquinas de escribir manuales y las sumadoras eléctricas. Hoy todo es mucho más automatizado, con mucha computación. Cada uno ve un aspecto distinto, después compartimos opiniones y, si hace falta, buscamos otras miradas", explicó.
Sin embargo, el experimentado contador dejó en claro que la vocación nunca debería imponerse por herencia: "Primero tiene que hacerse una reflexión a sí mismo. Que no piense que porque el padre o la madre está en esa profesión tiene que seguirla. Tiene que sentir esa carrera desde adentro", expresó.
Pasión por las tijeras
A pocas cuadras, sobre la avenida 75, otro oficio también se transmite de generación en generación. En la peluquería de “Manolo” Llamazares, las tijeras y los peines forman parte de una historia familiar que comenzó con su padre y que hoy continúa junto a su hijo Rodrigo.
"Empecé a los 12 o 13 años con mi padre. Venimos de tercera generación. Después nacimos nosotros y seguimos con la peluquería, y después mi hijo", indicó Manolo.
Rodrigo se incorporó al negocio familiar en 2004, aunque antes decidió capacitarse para llegar preparado: "Hice cursos en Mar del Plata para no empezar con los clientes de él sin tener un conocimiento previo. Después, trabajando a su lado, el día a día me fue corrigiendo pequeños detalles y vicios que uno va adquiriendo cuando aprende. Me ayudó a mejorar todos los días", contó.
Padre e hijo coinciden en que el mayor valor de compartir la profesión es el vínculo humano que construyeron con el paso de los años: "Trabajamos en familia. La peluquería está en su casa, también está mi mamá, y eso hace que todo sea muy familiar. Conocemos a los clientes, sabemos de sus vidas, de sus trabajos, de sus familias. El trato es mucho más personal", señaló Rodrigo.
Esa relación de confianza también se refleja en quienes los eligen desde hace décadas. "Hay familias a las que les corté el pelo hasta la cuarta generación. Tercera generación hay varias. Nosotros peleamos por esta franja de clientes que tenemos, tratamos de brindar un buen servicio y de cometer la menor cantidad de errores posible. Queremos esta profesión; la llevas adentro. Además de ser un medio de vida, vivimos de esto", relató “Manolo”.
Quizás ese sea el concepto que mejor resume ambas historias. El verdadero legado no consiste en heredar un oficio, sino en transmitir el amor por el trabajo, la responsabilidad y el compromiso. Si después los hijos deciden recorrer ese mismo camino, será porque las historias vividas debían ser continuadas.
Para comentar, debés estar registradoPor favor, iniciá sesión