Día del Trabajo: un presente de parálisis y un futuro incierto
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La pandemia del coronavirus ha transformado la realidad laboral. Una conmemoración rodeada de preocupación y un duro desafío por delante
Este 1º de mayo se conmemora un nuevo Día del Trabajo o Día Internacional del Trabajo, esta vez en un escenario totalmente condicionado por los efectos de la trágica pandemia de coronavirus.
Al compás del aconsejable e indiscutible aislamiento preventivo decretado por el Gobierno nacional, que en cuestiones sanitarias ha dado resultados positivos, desde el pasado 20 de marzo comenzó una parábola negativa en materia laboral, que ha llevado a la parálisis a la mayoría de las actividades en nuestra ciudad.
A lo largo de estas semanas las páginas de Ecos Diarios han reflejado la preocupante realidad que viven distintos sectores del sistema productivo, que es el que brinda mano de obra. Comerciantes, profesionales y cuentapropistas, sin distinciones, han visto coartadas sus fuentes de sustento y obligados a intentar sobrevivir en esta dura instancia. Varios de ellos con una vuelta al circuito que se haría realidad mucho más allá del momento en el que la pandemia empiece a ser un mal recuerdo.
La cuarentena ha confinado a los ciudadanos y por ende reducido a su mínima expresión al movimiento económico-laboral de la ciudad.
Muchos propietarios de los comercios se las están viendo en figurillas, no solo para pagar el sueldo de sus empleados sino para abonar los alquileres.
Las Pymes, que sin dudas son poleas de la economía lugareña, empiezan a estar con la soga al cuello y en su mayoría han intentado recurrir a la promocionada ayuda del Gobierno, para pagar la mitad de los salarios, pero con un camino engorroso al momento de tramitarla y con poca certeza, aún, si se hará realidad en el tiempo esperado.
Alteraciones e ingenio
En este ceñido presente en materia productiva, han surgido cambios que hasta antes del Covid-19 sólo aparecían en los planes. Por caso ha crecido exponencialmente la comercialización a través del sistema de delivery, aunque el resultado haya sido dispar, según el rubro comercial.
También ha ganado terreno el llamado “home office”, a través del cual distintos oficios se llevan adelante desde el hogar, gracias a la fundamental ayuda de la tecnología; mientras que las sesiones virtuales han pasado a ser la herramienta para planificar estrategias que intenten superar esta grave situación.
Con el correr de los días el gobierno municipal fue permitiendo que algunos sectores empiecen a reabrir, obviamente con los cuidados sanitarios correspondientes, para que empresas y comercios puedan trabajar.
Sin embargo se agolpan decenas de rubros que, ideando protocolos, imploran a las autoridades que tramiten ante la Provincia o la Nación una rápida reapertura. Mientras que no pocos comerciantes y cuentapropistas aún no autorizados, se atreven a intentar trabajar ante la necesidad que los atosiga.
En este concierto de dificultades, la actividad portuaria, que es sabido capta a una amplia mano de obra y la del campo, felizmente han podido seguir funcionando, lo que amortiguará en alguna forma el desenlace complicado que se prevé para los meses que vienen, post pandemia.
Pero también es sabido, y esto no escapa a la situación del país aunque con condimentos propios, que Necochea atraviesa desde hace largo tiempo una crisis que redunda en la economía lugareña.
Los números de la caída de la actividad de los distintos rubros, y por ende condicionando a empleadores y trabajadores, son inquietantes. De allí que exista un sentimiento de preocupación de cara al futuro sobre la continuidad de empresas y por lo tanto de empleos.
Este año parece no haber motivos para celebrar el Día del Trabajo. No obstante no deberán mellar las ganas para que cuando se supere esta aciaga etapa del coronavirus y sus consecuencias, se pueda reintentar un nuevo camino en las distintas expresiones del trabajo. Dando así validez a una de las cuestiones más dignificantes del ser humano.///