Domingo 8 de octubre de 1995
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Empleados respaldaban concesión de servicios
Los agentes de la sala de juegos habían acordado los haberes que percibirían durante los dos meses que estuvo cerrado el edificio.
Los empleados de la sala de juegos del Casino de Necochea respaldaron el otorgamiento en concesión de otros servicios que prestaban en el complejo construido en la década del 70, el cual permaneció cerrado durante dos meses, luego de haber sido pasado de manos de la Nación a la Provincia de Buenos Aires.
Así lo expresaba el delegado gremial de la rama juegos del Casino local, Jesús Aguiar, quien manifestó que los trabajadores habían llegado a un acuerdo con el Instituto Provincial de Lotería con respecto a los haberes que percibirían durante los 60 días en que no desarrollaron tareas. Añadió que "sólo faltaban ajustar algunos detalles", pero resaltó que el organismo que tuvo bajo su responsabilidad el servicio de juegos "se hizo cargo de la caja de empleados", cuyos fondos se sumaron a los jornales que los casineros percibieron por días trabajados.
Por lo tanto, quedó garantizado que durante esos dos meses de inactividad, los empleados de la sala de juegos continuaron percibiendo sus haberes, aunque no asistieran a su lugar de trabajo. El resto de los empleados, nucleados en AMS (gremio de Administración, Maestranza y Servicios), continuó desarrollando tareas en el deteriorado edificio y, por lo tanto, también cobró sus respectivos salarios en forma habitual.
Los casinos que funcionaban en el ámbito bonaerense pasaron a manos de la Provincia, que los recibió en comodato por 180 días. Con la certeza de que percibirían sus haberes durante los dos meses de receso, las expectativas de los empleados del Casino de Necochea se relacionaron con el futuro del edificio.
El presidente del Instituto Provincial de Lotería y Casinos, Jorge Rossi, no se comprometió a hacer inversiones en dicho complejo, cuyo estado de abandono era notorio tras largos años de desinversiones en mantenimiento, en un edificio con estructuras y carpintería metálica construidas a escasos metros del mar.
Un recurso de amparo presentado por el municipio evitó a fines del año pasado que el edificio fuera clausurado, luego de que fueran cercados con alambre varios sectores del mismo. En enero pasado, un peritaje técnico reveló que en el sector Z2 (donde funcionaba la sala de juego) se encontraba en condiciones de operar, sin compromisos estructurales ni constructivos. Posteriormente, ingenieros de la Universidad Nacional de Mar del Plata verificaron periódicamente las condiciones del edificio.
La Comisión Pro Defensa del Edificio Casino solicitó una audiencia con el titular del Instituto Provincial de Lotería y Casinos, estando dispuestos a viajar a La Plata para requerirle a Rossi los planes concretos respecto del complejo.
Basural en las Aguas Corrientes
En un sector del barrio de las Aguas Corrientes abundaban basurales y a pocas cuadras a la redonda podían encontrarse todo tipo de desperdicios acumulados en la vía pública.
La mayor concentración estaba en la calle 53 casi 80, donde entre las ramas de los árboles aparecía basura que llegaba hasta la arteria de tierra. A pocos metros, cruzando la calle, continuaba en un baldío con lavarropas desarmados y otros objetos en desuso. En ese sector, recientemente se habían instalado gitanos, quienes levantaron dos carpas rodeadas por automóviles exhibidos para la venta.
En otro terreno baldío (53 y 82) se arrojaron tubos fluorescentes y otros desperdicios. Los vecinos lamentaron la situación y señalaron que no siempre eran los habitantes del barrio quienes ensuciaban, sino que se observaron automóviles depositando basura.
Pocas semanas atrás se había puesto de relieve lo que sucedía detrás del Instituto Humboldt, donde predominaban terrenos baldíos con basura, incluyendo animales muertos y chapas oxidadas. Los focos infecciosos rodeaban a los habitantes, aguardándose que las autoridades municipales realizaran campañas de limpieza, ya que nunca se había visto maquinaria pasar por la zona.
Precios en balnearios
A dos meses y medio del inicio de la temporada turística 95/96, se había establecido que los costos en Necochea y Quequén serían idénticos a la pasada temporada de verano.
Héctor Antonio Medina, titular de una de las unidades turísticas locales, indicó que "los precios estaban congelados como forma de atraer al turismo". El alquiler de una sombrilla durante la temporada ascendería a 300 pesos y el de una carpa a 600 pesos. La temporada se iniciaba en los primeros días de diciembre y se extendía hasta marzo del año siguiente, supeditada al comienzo oficial de las actividades.
El criterio de los balnearios locales fue similar al de otras ciudades de la costa atlántica bonaerense. Los costos diarios serían de 12 pesos para la sombrilla y 15 para la carpa. Los operadores turísticos pronosticaron un buen verano, esperando turistas del Gran Buenos Aires y Capital Federal, considerando la devaluación de la moneda brasileña y la competitividad de la región.
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