La deuda pendiente de Nueva Necochea
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Aunque resultan una constante, casi el abc del sistema democrático que vivimos en la Argentina, las promesas electorales siguen encandilando a muchos ciudadanos, más allá que en el fondo y fundamentalmente por las experiencias que hemos tenido, sabemos que muchas de ellas nunca se concretarán.
Bajo esta receta de entusiastas propuestas y por otros condicionamientos en cuanto al escenario electoral, o la atracción de una lista por sobre otra, en octubre de 2019 Arturo Rojas logró atrapar en las urnas la adhesión de casi el 60% de los electores, con la boleta de Juntos por el Cambio que compartió con María Eugenia Vidal, que lo transformaron así en el candidato más votado en el historial político de Necochea.
Con el antecedente inmediato de su labor al frente del Consorcio de Gestión de Puerto Quequén y pugnando contra una oposición desflecada y que incluyó a lo convincente administración de su antecesor, Rojas se enancó en las promesas de lo que dio en llamar la Nueva Necochea y logró un contundente respaldo de un votante ilusionado.
Sin embargo a un año y medio de haber asumido, la denominada Nueva Necochea no se ha materializado en hechos y no ha sido mucho más que el nombre del bloque oficialista en el Concejo Deliberante y el del partido, de tono vecinalista, desde el cual el Intendente se someterá a la opinión del soberano las legislativas de los próximos meses en busca de ampliar sus bancas en el cuerpo deliberativo, donde está en minoría y obligado a negociar.
Sin grandes concreciones
Sin embargo las propuestas de real calibre, aquellas que realmente cambian la ecuación de una ciudad que se prometió cambiar, no se han concretado hasta la fecha.
La reconstrucción del puente Ezcurra, que el actual jefe comunal publicitó desde su sitial en el ente portuario; la venta del casino, que sería el puntal del despegue de Necochea y que sigue estancada tras una fallida e incomprensible primera licitación; una estructura que debería haber sido demolida porque no vale nada más que el terreno que ocupa y al real precio del mercado; otro espantoso lunar sin solución es el edificio del ex balnerario Aca, estos son dos exponentes de la falta de decisión de quien se postuló para cambiar la imagen de Necochea. El arreglo del asfalto de la principal avenida de la ciudad, que está detonada; y una transformación y desarrollo costero de envergadura que ni siquiera ha dado sus primeros pasos; empiezan a ser las primeras grandes deudas en un gobierno que ya lleva 18 meses. Pagar los sueldos en término no es una perla en la gestión, es una resultante que así sea todos los meses.
En otro plano, pero sobre el cual el contribuyente pone especial atención, es el de la planta de funcionarios. Algo que el actual oficialismo criticó del gobierno anterior y prometió reducir considerablemente y que en la práctica no ha concretado. Es más, se percibe con claridad la creación de nuevos cargos, muchos de ellos innecesarios. Máxime en la grave situación económica que vivimos y que obliga a una mayor asfixia al ya castigado contribuyente, aduciendo invariablemente un supuesto cobro del 50% de tasas, porcentaje que hace más de 30 años nadie ha podido revertir. Más allá de las sumas y restas que se dieron a conocer días pasados, alegando un superávit no visto desde hace 40 años.
Limpiar las calles, tapar pozos de un pavimento que está dinamitado, no mueven la aguja de lo que realmente necesita el distrito para salir de su estancamiento y proyectarse al anhelado futuro.
Hasta el vecino se está haciendo cargo de poder cambiar las viejas luminarias por las nuevas Led en contrato directo con una empresa que vio el negocio antes que nadie, quedando en muchos barrios una cuadra sí otra no con el recambio, algo que no es serio urbanísticamente hablando.
Ambiciosamente y envalentonado en ese caudal de votos que lo depositó en el sillón de Murga, el día de su asunción Arturo Rojas planteó: “Espero que Necochea, en ocho años sea la mejor ciudad” de la Argentina. Un mensaje que, hasta ahora no hay miras de que pueda ser así, a esa Nueva Necochea, le falta sal, pimienta y decisión política.