Donde se cumplen los sueños
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A 55 años de la inauguración del Piso de Deportes del Club Atlético Rivadavia
Adrian Stolarczuk
Reacción
El brillo de su nuevo piso flotante, la pintura fresca, nos permiten más fácilmente quizás imaginarnos aquella primera noche. El Piso de Deportes del Club Atlético Rivadavia está cumpliendo 55 años de su inauguración. Un estadio que con el paso del tiempo se transformó en el escenario en común de varios de los momentos más importantes de nuestro deporte. Allí Néstor Gómez levantó la copa de campeón mundial de casín, ídolos del boxeo ofrecieron abarrotadas veladas profesionales, se concretó el ascenso de Rivadavia a la Liga B de básquetbol y también el título de Luz y Fuerza en la Liga Argentina de vóleibol.
Con un campeón mundial
La noche inaugural fue un 13 de mayo de 1966 y tuvo como invitado de lujo para “cortar la cinta”, al campeón mundial de boxeo Horacio Accavallo. Cerca de 4.000 personas dicen los memoriosos, que vieron parados el espectáculo, le dieron un marco inolvidable a la noche. Parte de lo recaudado fue destinado al club y se invirtió en la obra del mismo gimnasio, que aún tenía detalles para terminar cuando se inauguró. Entre otras curiosidades, como aún no había vestuarios en el lugar, los protagonistas debieron cambiarse en los baños de las canchas de tenis linderas. Accavallo se brindó completamente en el ring, como todo un profesional, en una pelea pactada a diez rounds, imponiéndose por nocaut no sin antes ser superado en varios pasajes por su rival, el uruguayo Pedro Segundo Guevara. El árbitro fue José “Pepe” Salvador.
En su pelea anterior, el 1 de marzo de ese año, Accavallo había vencido al japonés Katsuyoshi Takayama, en Tokio, Japón, conquistando el título de peso mosca AMB (Asociación Mundial) y CMB (Consejo Mundial). Lo curioso es que, en el pico máximo de su carrera, Accavallo no quiso quedarse con lo que le correspondía como bolsa y ese gesto fue posible gracias a su amistad con Mario Anchorena, reconocido promotor y amante del boxeo de nuestra ciudad, que concretó la velada. Fue la primera vez que un campeón mundial peleó en Necochea.
No faltó nadie
La velada tuvo varios combates previos, con la presencia de valores locales y nacionales. Abrieron los amateurs Mario López “Kid Grafa”, Alberto Canesa, Oscar Gigena y el juarece Kid Cachetada. Los semifondos profesionales contaron con los locales Néstor Martinelli y Julio Lahorca, los bahienses José Crisol y Canciano Lezcano, y los marplatenses Alberto Pala y Antonio Ponzo. Antes de salir Accavallo, cruzaron guantes los profesionales Nelson Rizzo de Mar del Plata y Angel Ludueña de Bahía Blanca. Afamadas firmas locales, como Consignaciones Evelnans, Pieles Universal, Boite Bagatelle, Casa Irupé y la pizzería Alsina auspiciaban el programa oficial que fue repartido entre los presentes por los organizadores del “Anchorena Boxing Club”. Entre los invitados especiales, estuvieron Juan Carlos “Tito” Lecture, José Saro Giorgetti “Kid Tutara”, y el intendente Edgardo Hugo Yelpo.
A través de los años
Ubicado en calle 46, entre avenida 69 y calle 61, en los amplios terrenos que el Club Rivadavia posee en esa manzana, el Piso de Deportes fue ganándose un nombre en la región y en cierto punto a nivel nacional e internacional. Entre otros grandes boxeadores nacionales que pisaron el ring allí podemos sumar a Jorge “Locomotora” Castro, Pablo Chacón, Marcela Acuña o Sebastián «El Gauchito» Heiland.
En 1978, una semana después de que Argentina se consagraba campeón del mundo, abría el gimnasio decano sus puertas para recibir al arquero Ubaldo Matildo Fillol en una recordada visita. En 1980 otro campeón del mundo disfrutó de las ovaciones en ese lugar, pero con el mejor sabor de ser local. El billarista Néstor Osvaldo “Nene” Gómez se consagraba ante su público. Era la primera vez que Necochea era sede de un campeonato mundial de cualquier disciplina y el honor fue para el casín y el Piso de Deportes.
El básquetbol, en los años 80, disfrutó allí de noches del máximo nivel. En 1981, en adhesión al centenario, se jugó un cuadrangular de lujo con las visitas de Ferro Carril Oeste, dirigido por León Najnudel, River Plate, Obras Sanitarias y Olimpo de Bahía Blanca. Figuras como Miguel Cortijo, Luis Oroño, Daniel Aréjula y los primeros estadounidenses en jugar en el país, Terry y Berri, brillaron a estadio completo durante dos jornadas. En 1985, la fiesta le generó el equipo de Rivadavia con la magia de los estadounidenses Leroy Moreno y Neal Robinson jugando en la Liga Nacional. Primero la alegría del ascenso y luego la participación en la Liga B en 1986 y 1987. En mayo de 1987, los mejores jugadores del país llegaron con la Selección Argentina para disputar un partido amistoso frente al decano, en el proceso de preparación para el Campeonato Sudamericano.
También podemos sumar las históricas actuaciones del luchador Martín Karadagián con “Titanes en el Ring”, al campeón vasco de levantamiento de piedra (harri-jasotze) Jesús María Unanue Aranbarri “Goenatxo” quien realizó una exhibición allí en 1981 o la visita internacional de la selección de gimnastas daneses en 1987.
Cómo no recordar también aquella gran campaña de Luz y Fuerza en el vóleibol y el Piso “a reventar” en las finales de abril de 1998. Hasta se instaló una pantalla gigante afuera del estadio para que los que no llegaron a entrar pudieran seguir el partido “de cerca”.
Difícil como necochense no haber pasado por este histórico lugar, trascendiendo claramente los colores rivadavienses. Ya sea dentro de la cancha o alentando en las tribunas, bautizadas José Ignacio “Polo” De Lizaso, René Casenave y Carmen Navarro de Casenave, muchos han cumplido allí sus sueños deportivos. Desde un título del mundo a la más humilde victoria quizás, formando parte de la postal de varias de nuestras mayores alegrías deportivas.///