Dos cuestiones que no suman si es que se quiere reposicionar a Necochea en el mapa turístico
Desde hace tiempo, desde la órbita del gobierno municipal, se viene insistiendo en la necesidad de reposicionar a Necochea en un mapa turístico cada vez competitivo y lleno de propuestas a lo largo de todo el país.
Bien se sabe que no es una tarea fácil, pero tampoco imposible. Sin embargo se deben tomar decisiones acertadas, apoyar las que sirven y dejar de lado las que no. Una tarea que demanda inteligencia y buen gusto a la hora de planificar y viabilizar propuestas y servicios.
En los últimos días, en la antesala de una temporada de verano que todos anticipan como muy prometedora en cuanto a la cantidad de visitantes que llegarían a estas playas, han surgido dos cuestiones que no mueven la aguja. Al contrario, hasta atentan en alguna medida con la buena oferta que se debe tener.
En principio desde el sector de empleados del casino, con un guiño de Lotería de la provincia, ha surgido el planteo de tratar de “maquillar” un sector del ruinoso edificio del casino, para que este verano se reabra la sala de juego.
Sin las máquinas tragamonedas el casino fue perdiendo el interés de otros tiempos, a la vez que la mecánica de las apuestas, con la aparición del sistema online, ha cambiado sustancialmente.
A esta altura nadie puede pensar que el turista llegue a Necochea por el casino. En realidad esta elección pudo haber tenido asidero en la década del 70, en la que se lo construyó y que por su porte arquitectónica era único en el país e invitaba a las fotos de recuerdo de vacaciones. Pero está claro que el motivo por el que el turismo elige Necochea para vacacionar, tiene que ver con su belleza natural, con la playa como único atractivo.
Por más que se pueda dar “una lavada de cara” al lugar, invitar a la gente a ir al casino con semejante entorno (ahora se agrega el destruido teatro), no es más que una afrenta.
El argumento de los empleados viene desde lo individual: quieren seguir trabajando aquí donde están radicados, siendo mínimo el número con relación a la plantilla, incluso estarían dispuesto a ir a otro lugar que no sea el destrozado edificio de la avenida 2 y esperando, ahora para después del próximo verano, que la Provincia licite el juego de las máquinas tragamonedas.
Sin embargo las fuentes laborales no están en juego, ya que a diferencia de otros emprendimientos, como ser los privados, en este caso los empleados pueden continuar su labor en otras ciudades donde hay casino.
Disfrutar libremente
En otro sentido, en el ámbito del Concejo Deliberante se analiza por estos días un proyecto del titular del cuerpo, Hernán Trigo Gutiérrez, para ordenar la nocturnidad en cuanto al horario de cierre de comercios gastronómicos, boliches y otros sitios de diversión (incluidos los salones de fiesta). Todos ámbitos también ligados al turismo en cuanto a propuestas.
Por ahora la mayoría de los comerciantes de los distintos rubros no están de acuerdo con los topes horarios que se pretende imponer, de ser posible a partir de este verano.
Más allá de los desacuerdos, la medida atenta contra la libertad de los adultos, que son dueños de disfrutar hasta la hora que se les antoje. Mientras que en el caso de los menores ya tienen restricciones nocturnas, aunque está claro que no se cumplen en varios casos y el control para que así sea brilla por su ausencia.
Por otro lado no hay que olvidar que se viene de más de un año de impedimentos, producto de la pandemia y de la exagerada cuarentena que determinó el Gobierno. Una medida que recortó libertades y que le produjo un fuerte golpe a los emprendedores, comerciantes y cientos de personas que trabajan en sitios vinculados al divertimento.
¿Quién va a querer venir a una ciudad en la que se le pone tope horario a su disfrute? ¿Qué apostador, por más fanático que sea, se motivará para ir a un casino del que solo quedan despojos? Las respuestas coherentes a ambos interrogantes eximen de más comentarios.///