Dos décadas de trabajar por el placer de ayudar
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Lo que comenzó como un comedor barrial, se convirtió en los últimos años en un centro comunitario que además de brindar ayuda alimentaria y ropa, también se preocupa por la educación de la gente
Un pequeño grupo de personas que trabajan en forma desinteresada, son el alma de un proyecto surgido hace dos décadas como un comedor en un humilde barrio de la ciudad y que con el paso de los años se ha convertido en un centro comunitario.
Nacido como Comedor Mateo hace 21 años, en la actualidad se ha convertido en Centro Comunitario Mateo. Allí se brinda ayuda a unas 300 personas por semana, se brindan cursos de oficios y también se cuenta con una escuela que permite terminar los estudios primarios a mayores de 16 años.
Todo la planificación y el trabajo para llevar adelante este incansable trabajo, recae sobre un pequeño grupo de mujeres encabezado por Elida “Negri” Roldán desde hace dos décadas.
“Hace 56 años que realizo trabajo solidario y 21 que estoy en el comedor”, señaló Negri, que a los 73 años continúa tan comprometida como siempre.
La acompañan Claudia Torres, Mónica Gallo, Ana Castro, Claudia Caballero, Daniel Acuña y Mary, una vecina que concurre a ayudarlas cotidianamente.
El ahora centro comunitario ubicado en la calle 82 al 3055, funciona de lunes a viernes de 8 a 12 y de 14 a 17 y los sábados de 7.30 a 12.30.
Ayudar y promocionar
“En un año y medio se nos ha triplicado la gente que va en busca de ayuda”, lamentó Roldán. “Tal es así que hemos dejado de cocinar porque no nos dan los recursos para hacer una comida completa.
Por ello, explicó, “todos los sábados cuando entregamos útiles escolares a los chicos y ropa, les damos la ayuda alimentaria, que consiste en lo que nos dona la gente durante la semana”.
Señaló que una carnicería, una panadería y otros comercios colaboran habitualmente con ellos, al igual que muchas otras personas que se acercan para brindar su apoyo.
Si bien explicó que el día que más gente se acerca a buscar ayuda es el sábado, eso no quita que también se acerquen muchos en busca de alimentos y ropa los días de semana.
A ese constante movimiento de gente, explicó, “Negri”, se suman las 147 personas que están inscriptas en los cursos de costura, jardinería y elaboración de mochilas, bolsos y otros elementos que brindan instructores del Centro de Formación Profesional Nº 401.
“Estamos muy satisfechos con eso”, explicó Roldán, quien señaló que se busca que las personas puedan conseguir ingresos.
“Además tenemos algo que es muy importante para los mayores de 16 años, sin límite de edad, las clases para que las personas puedan completar sus estudios primarios y el año próximo poder hacer cursos que se dictan en los distintos CFP de la ciudad, para aprender oficios muy demandados en la actualidad como los de plomero, gasista, azulejista,etc.”, indicó. “Los constructores se quejan de que no hay mano especializada, así que allí hay una oportunidad, pero para eso hay que terminar la primaria”.
Compromiso desinteresado
“Estamos trabajando a full. Yo creo que Daniel ‘El Negro’ Ferrer, hace 20 años, cuando fundamos el comedor, no pensó que íbamos a tomar semejante dimensión”, afirmó “Negri”.
Señaló que se atienden a más de 300 personas por semana. “Este año cuando empezaron las clases entregamos 198 equipos completos de ropa para los chicos de colegios primarios y jardines de infantes”, dijo.
Este trabajo es realizado por un pequeño grupo de personas que ahora están haciendo los trámites para obtener la personería jurídica. Las gestiones están muy avanzadas y le permitirán a la institución tener un marco legal.
“Hasta ahora hacemos todo a pulmón con la solidaridad de la gente que es maravillosa que hay en Necochea, Quequén y también en la zona”, dijo “Negri”.
Es precisamente a partir de las donaciones y el incansable trabajo del grupo de voluntario que el comedor puede llevar adelante todas las iniciativas que emprende.
Los fondos provienen principalmente de los baratillos que la entidad organiza en cada cambio de estación. Estas ferias tienen una gran respuesta del público y le permite al grupo recaudar fondos para pagar gastos y servicios del edificio.
“Negri” hizo hincapié en el hecho de que el comedor no sale a vender rifas ni a pedir colaboraciones a domicilio.
Explicó que además que debido a la dimensión que tomó la labor solidaria del comedor, ahora se ha convertido en un centro comunitario, que además de colaborar con ropa, alimentos y educación, también cuenta con un banco ortopédico.
“Se hacen muchas cosas. La verdad es que tengo unos compañeros de ‘fierro’. Estamos organizados para trabajar sin ganar nada, todo de corazón”, concluyó “Negri” Roldán.