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Hay viajes que son solamente viajes. Y hay otros que, por el momento político en el que ocurren, terminan funcionando como una fotografía anticipada de lo que viene.
La coincidencia de Javier Milei y Axel Kicillof en Nueva York tuvo algo de eso. El Presidente llegó para participar de la Asamblea General de las Naciones Unidas para desplegar una agenda vinculada con la política internacional, los mercados, los inversores y la defensa de su programa económico. El gobernador bonaerense, en paralelo, mantuvo reuniones con fondos de inversión y empresarios, participó de encuentros políticos, académicos y buscó instalar su propia mirada sobre el futuro económico y político de la Argentina.
Dos agendas diferentes. Dos discursos diferentes. Y, cada vez con mayor claridad, dos espacios políticos que comienzan a mirar hacia 2027.
Milei habló ante la ONU el miércoles. Allí volvió a defender su alineamiento internacional con Occidente, la libertad económica y su política exterior, además de ratificar el reclamo argentino por Malvinas. “También hicimos una elección geopolítica: nos alineamos sin ambigüedades con Occidente”, afirmó ante la Asamblea General. Y agregó: “Hemos decidido cooperar con el mundo, pero hacerlo de pie”.
Pero la parte más directamente vinculada con la política doméstica apareció en su agenda económica.
En el Economic Club of New York, ante inversores y referentes financieros, Milei llevó el horizonte hasta 2027 y 2028. La frase fue inequívoca: “Si nuestro gobierno es reelecto en 2027, el 2028 será el mejor año económico de la historia argentina”. El Presidente presentó así la continuidad del programa libertario como condición para profundizar las transformaciones económicas.
No fue un detalle menor. Porque en esa frase aparece una campaña electoral antes de que la campaña electoral haya comenzado formalmente. El mensaje de Milei no estuvo dirigido solamente a los mercados. También estuvo dirigido al electorado argentino: continuidad, reformas y profundización del modelo.
Kicillof hizo prácticamente el recorrido inverso. También buscó inversores. También habló de las posibilidades económicas de la Argentina. También presentó una agenda productiva. Pero lo hizo desde un diagnóstico completamente diferente.
En una reunión con representantes de unas 20 empresas y fondos de inversión en Nueva York, sostuvo que la Argentina atraviesa un momento de oportunidades que, a su entender, está siendo desaprovechado por las decisiones del Gobierno nacional. La Provincia informó que el gobernador cuestionó la ausencia de un “plan concreto de desarrollo”.
Y después llegó el discurso político. Durante un desayuno organizado por el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, junto al presidente español Pedro Sánchez y otros dirigentes internacionales, Kicillof buscó responder directamente a la imagen económica que Milei intenta instalar en el exterior.
“Quiero aprovechar esta reunión para aclarar un malentendido”, comenzó. Y después fue mucho más contundente: “No solo no hay un milagro, sino que estamos sufriendo una verdadera catástrofe: se han perdido miles de empleos, cierran empresas todos los días, caen los salarios y empeora día a día la calidad de vida de nuestro pueblo”.
Difícil encontrar una síntesis más clara de la distancia entre ambos.
Para Milei, la Argentina está atravesando el comienzo de una transformación que necesita continuidad.
Para Kicillof, el mismo proceso constituye una oportunidad desperdiciada y está provocando consecuencias negativas sobre el empleo, los salarios y la actividad productiva.
Y hay otro dato interesante: ninguno de los dos se limitó a hablarle al público argentino.
Ambos buscaron mostrarse ante inversores, empresarios, dirigentes internacionales y ámbitos académicos. Ambos intentaron explicar qué país imaginan y cómo debería insertarse la Argentina en el mundo. La diferencia estuvo en el modelo.
En la Universidad de Columbia, Kicillof habló de los recursos naturales estratégicos, las universidades públicas, la ciencia y tecnología y el entramado industrial. “Argentina, en ese escenario, cuenta con un potencial enorme para ser un actor clave”, afirmó. Y planteó la necesidad de construir un orden global basado, entre otros conceptos, en “la justicia social, la soberanía nacional y una mayor igualdad”.
Milei, desde la ONU, planteó otra hoja de ruta: capitalismo de libre empresa, alineamiento con Occidente, apertura económica y una crítica frontal a organismos y agendas internacionales que considera alejados de los principios de las democracias liberales.
No hace falta elegir entre uno y otro para advertir lo que está sucediendo. La disputa ya tiene contenido. Y probablemente ese sea el dato político más importante que dejó Nueva York.
Porque durante mucho tiempo se habló de 2027 como una elección que estaba lejos. Ahora empiezan a aparecer señales de que, para los principales protagonistas, ese calendario ya forma parte de la discusión.
Milei habló explícitamente de la reelección. Kicillof viene construyendo una agenda nacional y, desde Nueva York, volvió a presentar su modelo como alternativa al Gobierno nacional.
No son todavía las boletas de una elección. Pero sí son discursos que comienzan a ordenar una futura competencia.
Y eso tendrá consecuencias también en la provincia de Buenos Aires. Porque la disputa entre Milei y Kicillof no quedará encerrada en los límites de la Casa Rosada o de la Gobernación. Se proyectará sobre los intendentes, los concejos deliberantes, las legislaturas y cada distrito donde en 2027 se discuta quién administra y bajo qué modelo.
También sobre Necochea. En los municipios, las discusiones nacionales terminan convirtiéndose en problemas concretos: recursos, obras, rutas, salud, seguridad, producción, transporte y autonomía financiera. La pelea entre modelos nacionales y provinciales inevitablemente terminará bajando a tierra.
Nueva York dejó, entonces, una imagen particular. Mientras uno habló de continuidad para alcanzar en 2028 el que, según su propia proyección, será “el mejor año económico de la historia argentina”, el otro habló de una “verdadera catástrofe”.
Entre ambas frases hay mucho más que una diferencia de diagnóstico. Hay dos proyectos políticos. Y, aunque todavía falte bastante para 2027, parece que la campaña ya encontró uno de sus primeros escenarios internacionales: Nueva York.
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