Dos hermanitos hallaron restos fósiles en Quequén
Descubrieron una pieza de gran tamaño cerca de Pinocho y creen que podría pertenecer a un megaterio. Intentan contactar a especialistas
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JUAN JOSE FLORES
Redacción
Uno de los habituales de la familia Torres por la playa de Quequén terminó convirtiéndose en una experiencia inolvidable. Aldana Torres, de 10 años, encontró días atrás restos fósiles de gran tamaño en la zona costera cercana a Pinocho y, junto a su hermano Sebastián, de 7 años, logró desenterrarlos parcialmente para luego investigar de qué animal podrían provenir.
El hallazgo se produjo durante una recorrida familiar por la playa, una actividad habitual para los Torres, quienes disfrutan de observar la naturaleza y buscar elementos que cuentan parte de la historia del lugar.
“Fue un jueves o un viernes. Habíamos bajado para ver el mar y yo siempre camino buscando caracoles o cosas que me gusten para guardar”, relató Aldana a Ecos Diarios. “De repente, al dar un paso, me encontré con dos fósiles enormes. Como a mi hermano le encantan los dinosaurios, fui a avisarle”.
La emoción del momento fue tan grande como la dificultad para extraer las piezas. El día terminaba y la luz comenzaba a escasear, por lo que los hermanos debieron dejar el trabajo para otra jornada.
“Intentamos desenterrarlos en el momento, pero no pudimos porque se hacía de noche. Volvimos unos días después con herramientas y, al remover la arcilla, descubrimos que la pieza era aún más grande de lo que pensábamos. Parece ser un omóplato; era algo enorme”, contó la niña.
Una aventura familiar
Para Franco Torres, padre de los chicos, el descubrimiento es la consecuencia natural de una curiosidad que ambos hermanos cultivan desde pequeños.
“Es una práctica habitual en nuestra familia; vivimos en un lugar muy lindo donde caminamos mucho y siempre estamos buscando algún animalito de la zona o algo que recuerde al pasado”, explicó.
Según señaló, Aldana y Sebastián participaron activamente de todo el proceso, desde la extracción hasta la investigación posterior para intentar identificar el origen de los restos.
“Los chicos tienen una curiosidad muy particular por este tipo de aventuras. En esta ocasión encontraron algo muy importante por el tamaño de la pieza. Ellos mismos se encargaron de removerlo, de estudiarlo y de investigar qué tipo de animal pudo ser y dónde habitaba. Para un chico de diez años, vivir algo así es una aventura increíble”, expresó.
El sueño de ser arqueólogos
La experiencia también tuvo un fuerte impacto emocional en los niños, quienes desde hace tiempo manifiestan interés por la paleontología y la arqueología.
“Aldana tiene 10 años y Sebastián tiene 7. Ellos siempre dicen que de grandes quieren ser arqueólogos y creo que este descubrimiento será el puntapié inicial para lo que anhelan a futuro”, señaló Angela Barón, madre de los chicos.
“Esta experiencia dejará una marca muy importante en ellos. También consideramos fundamental que quede un registro de que estos restos se encontraron en la playa de Quequén para que el hallazgo no se pierda ni se olvide”, agregó.
La importancia de preservar los restos
Tras el descubrimiento, la familia comenzó a buscar asesoramiento especializado para garantizar la correcta conservación del material.
“Estamos tratando de comunicarnos con el CONICET, ya que ellos son los encargados de remover y cuidar estas piezas. Entendemos que se requieren técnicas y cuidados especiales para que el fósil no sufra daños”, explicaron.
Además, esperan que los niños puedan participar del proceso si finalmente intervienen especialistas.
“Nos gustaría mucho que los nenes puedan presenciar ese proceso, que aprendan y disfruten de la experiencia completa”, señalaron.
Un posible megaterio
A partir de las investigaciones realizadas por la propia familia, los restos podrían corresponder a un ejemplar de Megaterium, uno de los animales más emblemáticos de la megafauna de la región.
Según detallaron, la pieza principal hallada sería un húmero de entre 50 y 60 centímetros de longitud, con un peso cercano a los ocho kilos.
El megaterio era un perezoso gigante herbívoro que habitó gran parte de América del Sur y se extinguió hace entre 8.000 y 10.000 años.
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