Dudas y certezas
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El resultado de la PASO le dio un espaldarazo al Gobierno de cara a octubre. Sin embargo mostró señales preocupantes en el final del escrutinio y la maniobra que utilizó para suspender al camarista Eduardo Freiler
Por Ernesto Behrensen
Agencia DYN
Mauricio Macri salió fortalecido de las elecciones, con un resultado que consolidó su proyecto político, le dio aire a su gestión y dejó debilitada a la oposición encarnada en el peronismo, lo que derivó en serios cuestionamientos internos hacia Cristina Fernández.
Con ese aval, el Presidente tiene previsto profundizar sus políticas en la segunda parte de su mandato. El desafío, no caer en prácticas cuestionables. Las señales dadas el domingo a la noche con el escrutinio en Buenos Aires y Santa Fe, y la maniobra que usó para suspender al camarista Eduardo Freiler, muestran señales preocupantes.
Cambiemos, finalmente, se impuso con claridad en diez distritos, tres de ellos considerados «grandes»: Ciudad de Buenos Aires, Córdoba (donde obtuvo un fuertre aval) y Mendoza. Retuvo la Ciudad, Corrientes, Jujuy y Mendoza.
Sorprendió en Neuquén. Arrebató la mayoría en distritos peronistas como Entre Ríos y La Pampa. Consiguió triunfos resonantes en San Luis, donde los Rodríguez Saá no perdían desde hace 32 años, y en Santa Cruz, donde derrotó al kirchnerismo en su cuna.
Fue superado, en cambio en trece provincias: Catamarca, Chaco, Chubut, Formosa, La Rioja, Misiones, Río Negro, Salta, San Juan, Santa Fe, Santiago del Estero, Tucumán y Tierra del Fuego.
En Buenos Aires, tras un desprolijo escrutinio provisorio que dejó dudas, Esteban Bullrich superó a Cristina Fernández por 6.915 votos, pero con una importante cantidad de sufragios sin contar por lo que el final quedó abierto.
Trece a diez (Cambiemos) y una indefinición.Ese fue el resultado final, escueto y frío, de las PASO.
Unas internas que dejaron algunas dudas y no pocas certezas.
Las dudas radican en la necesidad de recurrir a maniobras del «pasado» para instalar una idea inexacta en torno a la real amplitud del triunfo. La extrema demora en el escrutinio bonaerense y en Santa Fe, donde a las 3 de la mañana aún no se habían cargado los números de Rosario que finalmente dieron el respaldo al peronismo, dejaron una sombra sobre la performance del macrismo en todo el país.
Más allá de las explicaciones oficiales, las «coincidencias» en las tardanzas justo en los distritos donde Cambiemos parecía que ganaba fueron las que permitieron que, antes de la medianoche del domingo, en el macrismo se fueran a dormir con la «foto» de que se habían impuesto en 13 distritos, incluidos los «cinco grandes», y que habían obtenido triunfos resonantes en San Luis y Santa Cruz, además de un resultado histórico en Capital.
Objetivo cumplido
La estrategia oficial dio resultados. Cristina no figuró venciendo a Cambiemos, y el macrismo apareció como el ganador nato de las elecciones. Que el escrutinio definitivo dé como la más votada a Cristina a fin de agosto no es lo mismo que lo haga la noche del 13. Que Santa Fe no fuera «amarilla» sino hasta el lunes, tampoco.
El importante respaldo obtenido por Macri no necesitaba de esas triquiñuelas políticas y mediáticas. Era importante, aun perdiendo en Santa Fe y por unas décimas en Buenos Aires.
Luego, todo quedó tapado con el debate en torno a las denuncias kirchneristas de «manipulación», «secuestro de votos» y «psicopateadas» y al discurso oficial sobre la «ratificación del cambio».
Las dudas sobre los mecanismos utilizados por el oficialismo nacional se alimentaron también con la maniobra elucubrada para suspender a Freiler y aprobar su juicio político.
Un Gobierno que instaló la idea del «cambio» contra el «pasado» y que consideró que con el resultado electoral «la República se ha afirmado a lo largo y a lo ancho de la Nación» tuvo que recurrir a una estratagema «kirchnerista».
Aprovechando (o instando) una demora en la asunción del senador Mario Pais en el Consejo de la Magistratura en reemplazo de Ruperto Godoy, apartado del organismo por un fallo judicial, el macrismo pudo llegar al número necesario para suspender a Freiler.
País pudo jurar recién cuando el plenario del Consejo habría suspendido al juez. Basta con imaginar cuál hubiera sido la reacción de Cambiemos si esa maniobra hubiera ocurrido durante el Gobierno anterior.
«No podemos hacernos cargo de que ellos sean poco previsores», dijo con ironía el diputado de Cambiemos y miembro del Consejo Pablo Tonelli al rechazar las denuncias peronistas.
«El Consejo de la Magistratura es un organismo político, lo podemos llamar una picardía, no fue muy claro lo que hicieron, no fue muy ético pero está dentro de las picardías que se hacen en política», explicó el juez Jorge Candis, miembro del Consejo.
«Lo que Macri quiere es disciplinar a los jueces», denunció Freiler.
«Es un paso adelante enorme hacia la Argentina de la seriedad, hacia el fin de la impunidad». «Quiero felicitar a los consejeros de la Magistratura. Por este camino vamos a lograr cada vez un país más confiable», sentenció Macri.
Legal pero no ético
Legal pero no ético. Un país más confiable. Un discurso sobre el valor de las instituciones y «picardías» como herramientas. Poco serio, cuestionable. Sobre todo en un Gobierno que construyó su poder censurando esas prácticas.
Los bríos oficiales tienen su base en los resultados del domingo. Y allí comienzan las certezas. El Gobierno sabe que quedó fortalecido y confía en que si finalmente Cristina es la triunfadora en la Provincia en octubre podrá remontar el resultado. «Cristina ya perdió», se jactan.
Macri convirtió estas elecciones primarias en un plebiscito a su gestión y puso en juego el prestigio de sus principales laderos: María Eugenia Vidal y Elisa Carrió. Arriesgó todo, consciente de que es el primer round de una pelea que se definirá en octubre.
Y tiene la certeza de que, repitiendo la estrategia, cosechará más votos en el segundo turno electoral.
Otras certezas se sustentan en los perdedores del domingo. Sergio Massa, Martín Lousteau, Juan Schiaretti, Alicia Kirchner, los Rodríguez Saá, Gustavo Bordet, Mario Das Neves y Carlos Verna. Salvo el ex embajador en Estados Unidos, todos peronistas que deben repensar su futuro.
Si bien más del 60 por ciento de los argentinos votaron a propuestas opositoras en todo el país, lo cierto es que la fuerza creada por Macri, Carrió y el radicalismo se consolidó en todo el territorio y obtuvo un resultado a nivel nacional (35,9 por ciento) que obligará al peronismo a realizar -más allá del resultado del 22 de octubre- un profundo replanteo de cara al 2019.
Cristina Fernández no quedó como la figura principal del PJ, pero tampoco quedó fuera de carrera. Pero ya comenzaron los fuertes cuestionamientos internos contra ella. Massa apenas llegó a los 15 puntos en Buenos Aires y se quedó sin representación en el resto del país. Los gobernadores peronistas están dispersos.
Schiaretti, el principal derrotado en Córdoba, era uno de los que buscaba liderar al PJ. Juan Manuel Urtubey, el otro que buscaba lo mismo, consolidó su prestigio en las urnas de Salta y verá si puede protagonizar la renovación. Figuras como Domingo Peppo o Sergio Uñac, quienes se impusieron en sus provincias, son de la nueva camada de dirigentes. Una mezcla de voluntades e historias que deberán analizar cómo encauzar a la fuerza.
Tras el primer espaldarazo del mercado a horas de las elecciones, Macri recibió en una semana los respaldos del vicepresidente norteamericano Mike Pence y del titular del Banco Mundial Jim Yong Kim. Sin que terminen de crecer los brotes verdes, los índices indican una mejoría en la economía.
Con estas señales y la esperanza de poder sumar votos de peronistas, massistas e independientes, en el macrismo ven con buenos ojos el escenario de octubre.
La noche del domingo, entre música y globos, un eufórico Macri exclamó: «Estamos empezando a recorrer los 20 mejores años de la historia».
Un optimismo al que se opondrá la necesidad que tendrá hasta octubre y durante los próximos dos años, de obtener consensos para aplicar las reformas que pretende impulsar. Y para ello, el Gobierno deberá cuidar las formas republicanas y no repetir errores como el del Consejo de la Magistratura.///