El acompañamiento terapeútico, cada vez más presente
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Si bien todavía se confunde cuál es su rol, el trabajo de los acompañantes es asistir a personas que padecen diferentes trastornos y llevar el tratamiento profesional hasta la cotidianeidad del paciente
Por estos días, la figura del acompañante terapéutico está presente en cada vez más lugares, sin embargo, su rol sigue siendo desconocido para buena parte de la sociedad, que confunde su labor con la del cuidador o el enfermero.
Si hay que definir la función del acompañante terapéutico hay que decir que es un profesional que actúa como auxiliar de salud, colaborando con una persona que está bajo tratamiento médico. Estos acompañantes pueden asistir de diferentes maneras a las personas que padecen autismo, esquizofrenia, psicosis, trastornos de desarrollo y otros inconvenientes.
Su rol varía con cada paciente. Puede decirse que el acompañante contiene al sujeto y lo asiste de distintas formas. En algunos casos, colabora con el paciente para que pueda realizar ciertas actividades cotidianas que, en solitario, no podría llevar a cabo.
Además, es usual que el acompañante terapéutico impulse al paciente a continuar con su tratamiento, sobre todo cuando existen problemas de tipo psicológico que dificultan el avance de la terapia. El profesional debe estar capacitado para ayudar a superar las barreras emocionales.
Ante un trastorno de tipo invalidante, como ser falta de movilidad de gran parte del cuerpo a causa de un accidente, es muy común que los pacientes se muestren reacios a llevar a cabo los ejercicios que les indican sus médicos.
Para luchar contra ésta y otras barreras existe el rol del acompañante terapéutico, quien debe encontrar los vestigios de fuerza de voluntad que quedan en sus pacientes, y construir a partir de ellos una gran fuente de energía para salir adelante.
Un nexo
Mientras en todo el país el rol del acompañante terapéutico es cuestionado por la falta de una regulación, específicamente sobre la formación de estos profesionales, en nuestra ciudad el centro de formación profesional ADEP ha permitido el egreso de muchos de los acompañantes terapéuticos que hoy se desempeñan en Necochea.
Una de las egresadas de esa institución es Mónica Sotuyo, quien se convirtió en acompañante casi llevada por su propia vida. “Se juntaron varios factores. Ya soy una persona grande, tengo los hijos grandes, tengo mi vida hecha”, explicó “Fui hija de padres grandes y me tocó cuidarlos y tomar decisiones muy difíciles. Me costó entender la vejez de ellos”.
Hace un tiempo Mónica comenzó a trabajar en un consultorio multidisciplinario y una de las profesionales que se desempeñaba allí fue quien le llegó a inscribirse en los cursos de acompañante terapéutico. “Ahí me di cuenta de que este era mi lugar”, afirmó.
Mónica se abocó especialmente al trabajo con adultos mayores. “Antes las personas con discapacidad se quedaba en la casa”, explicó.
Esa mirada ha cambiado y se trata de insertar a estas personas en la sociedad. “El acompañante terapéutico trabaja dentro de un equipo interdisciplinario de profesionales, incluidos psicólogos, psiquiatras y el médico personal”, señaló.
“A veces es la familia quien nos requiere para ayudar”, indicó. “Nosotros somos un nexo, una compañía, una escucha…”
“También hay que ser sostén del familiar. Porque para la familia mucha veces es difícil comprender lo que está pasando”, comentó.
Cuestionamientos
Florencia Muratore cursaba la carrera de Trabajo Social pero la abandonó. Luego, por cuestiones laborales y familiares nunca pudo retomar. No obstante, siempre se mantuvo intacta su vocación de servicio y su interés por lo social y la salud.
Fue allí cuando se acertó a ADEP y realizó dos capacitaciones. Tras la primera, ya comenzó a trabajar.
“Hasta ahora en Necochea no hay una tecnicatura. Se trata de un curso de formación profesional”, precisó. “Es una profesión que se está visibilizando muchísimo más y se está utilizando e implementando en diferentes áreas”.
“Se ha visto que es una gran ayuda en varios tratamientos, así que se está viendo muchísimo más, especialmente en escuelas”, agregó.
En lo particular, ella trabajó en escuelas y con adultos, pero no con personas de la tercera edad.
En el caso del acompañamiento escolar, señaló que “en ciertos casos es complejo, porque un nene con cierta discapacidad tiene una maestra integradora y los acompañantes no intervenimos en lo que es pedagógico”.
Precisamente, la confusión y la falta de un marco legal es lo que lleva a que aún los acompañantes terapéuticos sean desconocidos como profesionales.
“Suele pasar que se confunden los roles. Cuando se trabaja con personas de tercera edad, la gente suele pensar que nuestro trabajo es el de enfermero o cuidador”, dijo Florencia.
Pero, precisó, “la tarea del acompañante se caracteriza por trabajar en la cotidianeidad del paciente. Se forma un vinculo de confianza, pero a su vez hay que tener la capacidad de disociarse para poder mantener una mirada crítica, observar, evaluar y así comunicase con el profesional”.
Señaló que el trabaja del acompañante está vinculado con la estimulación, la resocialización y la reinserción. “También es como mediador entre el paciente y la familia, y entre la familia y los profesionales”, respondió.
Dijo que “el acompañante está en la cotidianeidad y en la vida misma de las personas”, por eso puede llegar donde “los demás profesionales no llegan”.
“El acompañamiento sirve mucho en casos de esternación, para evitar recaídas”, precisó. “El acompañante ve cómo está la persona, con qué ánimo la encuentra y se puede ver si está siguiendo el tratamiento”.
Florencia afirmó que es un trabajo que “se está incorporando cada vez más en diferentes instituciones. En la Municipalidad ya hay acompañantes trabajando y en el hospital psiquiátrico también. Eso es nuevo”.
Empatía
Para Romina Ahunchaín el de acompañante terapéutico es “un trabajo en el que se desarrolla con la otra persona un vinculo más estrecho que en un consultorio”. Por eso, afirmó, “somos como una herramienta para el equipo de profesionales”.
“Nosotros recabamos información pertinente para cada profesional y llevamos el tratamiento a la cotidianeidad del sujeto. Por ejemplo, si el psicólogo necesita hacer hincapié en determinados objetivos, nosotros lo trabajamos en la vida diaria del paciente, con un vínculo estrecho, de confianza”, explicó.
“Esto antes se llamaba amigo calificado. Ahora se llama acompañamiento terapéutico”, dijo Romina.
Y afirmó que si bien aún existe desconocimiento respecto a cuál es la función del acompañante, “la diferencia entre un cuidador y nosotros, es que en nuestro caso tratamos de buscar la mayor autonomía posible dentro de las potencialidades del paciente”.
“Le prestamos nuestro yo a alguien que no tiene el yo bien armado, por ejemplo. Habilitamos espacios para pensar y reflexionar, ya sea porque tiene frustraciones y no sabe manejarlas o porque los vínculos familiares están rotos o son agresivos”, dijo Romina.
“Siempre buscamos la autonomía”, dijo Romina, quien explicó que el tiempo que se emplea en cada individuo es diferente, porque el trabajo es personal y varía en cada caso, así como las estrategias empleadas.///
Contra el aislamiento y el rechazo
Una de las consecuencias más frecuentes de las enfermedades y los trastornos que requieren la ayuda de un acompañante terapéutico es el aislamiento y el rechazo de cualquier tipo de ayuda por parte de amigos y familiares. Es tarea del profesional hallar el modo de disipar el mal humor y el desgano, para desbloquear al paciente e incentivarlo a que se acerque nuevamente a sus seres queridos, e incluso a que entable nuevos lazos.
Puede decirse, en definitiva, que el acompañante terapéutico es el sostén del paciente mientras desarrolla su tratamiento. El objetivo es que el individuo que recibe el acompañamiento pueda mejorar su condición y adquirir toda la autonomía posible, minimizando las limitaciones y explotando las capacidades adquiridas. Así, una vez que finaliza el tratamiento, la persona debe contar con más recursos para desarrollar su vida.
Hay que recordar que no todos los tratamientos conducen a la total recuperación; por el contrario, muchos de ellos simplemente apuntan a mejorar la calidad de vida o a superar ciertos síntomas. Por esta razón, el acompañante terapéutico debe preparar a sus pacientes para que aprendan a llevar adelante una vida plena y gratificante a pesar de sus potenciales limitaciones, en lugar de prometerles una curación que quizás nunca llegue. Es muy importante conseguir que las personas recuperen las ganas de vivir y que no se vuelvan dependientes de sus acompañantes, y éstos son dos objetivos muy difíciles de alcanzar.