El año escolar ya está perdido para los chicos
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Lo más lógico, sería hacer de nuevo el año escolar. Después de cinco meses, ya no se puede seguir con las clases virtuales
Debido al avance del Covid-19 en el mundo, el 20 de marzo se decretó la cuarentena en todo el país, a partir de la cual se dispuso el cierre de todas las actividades que no eran consideradas esenciales, entre ellas, la escuela. Luego, con el correr de las semanas, en nuestra ciudad y en muchas otras localidades similares a Necochea se fue permitiendo la apertura de distintos rubros. Actualmente, la gran mayoría de las actividades están funcionando, pero otras todavía esperan y, de algunas de ellas, ni siquiera se habla.
Tal es el caso del sistema educativo de la provincia de Buenos Aires, donde la incertidumbre sigue reinando. Los chicos y adolescentes no van a la escuela desde marzo y nada hace pensar por ahora que volverán en el corto plazo. Alumnos desmotivados, docentes que ya no pueden captar la atención a través de la tecnología y padres que no saben cómo ayudar a sus hijos para que sigan aprendiendo, es el panorama que se vive en cada una de las casas donde hay chicos en edad escolar, más aún, hay quienes por su condición económica y carencias de todo tipo, no han tenido ni tendrán siquiera acceso a las llamadas clases virtuales, agreguemos que hay alumnos que manifiestan no haber aprendido nada, más allá del esfuerzo de ellos, reconocido por sus propios progenitores. La preocupación va a en aumento porque el ciclo lectivo ya está perdido.
Sin embargo, las autoridades no toman una decisión y todo gira en torno a una nebulosa porque nadie tiene certezas de nada. Lo que sí está claro es que los niños y adolescentes han aprendido muy poco, si se quiere, y ni por casualidad llegan al día de hoy con los contenidos curriculares que tendrían estar sabiendo a esta altura del año.
Pocos resultados
Al inicio de la cuarentena, docentes, alumnos y padres comenzaron con entusiasmo a transitar la escuela de modo virtual. Todo era novedad. Reuniones por Zoom, consignas por Whatsapp y trabajos a través de videos y fotos, parecía –y en parte por los mismos discursos optimistas de las autoridades- que iban a revolucionar la escuela. Pero, después de cinco meses, las ganas no son las mismas fundamentalmente porque los resultados a largo plazo no fueron lo que se esperaban.
Si bien en alguna medida, esta situación hizo que la escuela empezara a modernizarse; en la práctica, el proceso de aprendizaje se produjo de una manera muy desigual porque no todos los alumnos tienen las mismas realidades. El acceso a Internet, tener un dispositivo móvil o a una computadora, tener los materiales y el contar con una mamá o con un papá que pueda ayudar con las tareas escolares o que disponga de tiempo para hacerlo, son cuestiones que lamentablemente dificultaron esta continuidad pedagógica que se intentó, pero que, en muchos casos no se logró.
Todos los establecimientos educativos tienen realidades distintas. No es lo mismo una escuela privada, donde la gran mayoría de los alumnos cuenta con todos los materiales para estudiar, que las escuelas públicas más periféricas donde hay directamente necesidades básicas insatisfechas y ni hablar de contar con una computadora o Internet todos los días.
De todas maneras, a esta altura, después de cinco meses sin clases, queda demostrado que el año está perdido no sólo para chicos que nunca tuvieron posibilidades materiales de cursar en esta escuela virtual sino también para aquellos que tienen todas las herramientas tecnológicas disponibles.
Los mismos profesores manifiestan que menos de la mitad de los cursos están cumpliendo con la entrega de los trabajos, el resto, en algunos casos, ni lee las consignas y esto no sucede sólo en el sector público sino también en el ámbito privado.
El año escolar está perdido, y así lo señalan los padres, y es urgente que las autoridades tomen una decisión al respecto, la más simple de adoptar y más sana, teniendo en cuenta el futuro de los estudiantes, es volver a cursar el ciclo lectivo 2020 el año próximo. Se está perdiendo, también, un año en numerosas actividades económicas del país correlato de la cuarentena, que ha dejado su triste estigma.
A la educación, paradójicamente, no se la ha podido considerar “esencial”, por la particularidad de la enseñanza colectiva que genera el aula, contexto formativo el cual viene de mal en peor y, si a eso le sumamos un año entero sin clases en los colegios, las consecuencias negativas son aún más profundas. Es de suponer que se pensará en los chicos y en los jóvenes, a la hora de tomar decisiones, porque ellos han sido los únicos perjudicados por esta situación extraordinaria que les toca vivir. ///