El arte como un juego eterno
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Celina Duca comenzó a dibujar y a pintar en la infancia y descubrió muy pronto que esa era su vocación.
Por Juan José Flores – Redacción
Algunas personas nunca descubren cuál es su vocación. Otras la encuentran sin buscarla, durante el juego. Fue el caso de Celina Duca, quien desde muy pequeña comenzó a dibujar y a pintar.
Si bien no había artistas en su familia, hubo dos figuras que parecen haberla orientado hacia ese camino: una abuela que Celina cree que pintaba y su padre, conocido como mecánico, pero apasionado del dibujo.
Cuando su familia descubrió que a Celina le gustaba tanto dibujar y pintar, comenzaron a regalarle lápices, papeles y pinturas para incentivarla.
No tardaron en inscribirla en la Escuela Municipal de Artes y en traerla todas las semanas a estudiar, a pesar de las distancias. “Eso para mí era lo más…”, dice Celina al tratar de describir lo que asistir a aquellos talleres significaba para ella.
Celina vivía con su familia en La Galia, un campo cercano a nuestra ciudad. Su madre era maestra y su padre mecánico. Habían llegado desde Tres Arroyos a trabajar en ese establecimiento rural.
Ella creció jugando al aire libre con sus hermanas, pero también pasaba mucho tiempo dibujando y pintando.
Cambio generacional
A mediados de los 90 se produjo un cambio generacional en las artes plásticas de nuestra ciudad. Hasta ese momento la escena la ocupaban artistas como Nicasio Díaz Llanos, Pedro David, Carlos Brenta, Santiago Berrier, Osvaldo Cano Carrique, Zilda Balsategui, Marcos Voet, Juan Carlos Comperatore y Lilian Fernández del Pino.
Con la apertura de la Escuela Provincial de Artes Visuales y la primera camada de egresados, se produjo una renovación en la pintura local. Profesores y alumnos comenzaron a exponer juntos y dieron un nuevo empuje al arte en la ciudad.
Entre aquellos egresados se encontraba María Celina Duca, que realizó su primera exposición en 1996 en lo que fue el centro cultural La Nave.
En la adolescencia ella se había encontrado en la disyuntiva de seguir su instinto y estudiar bellas artes o volcarse a la biología, que también le gustaba mucho.
“Me preguntaba si podría vivir del arte y por otro lado la idea de seguir una carrera vinculada a la biología y que me tocara diseccionar algún animalito era una barrera insalvable para mí”, explicó.
Finalmente, su familia la impulsó a que siguiera con el arte, ya que eso era lo que a ella le gustaba.
Fue así que se fue a estudiar a Buenos Aires a la afamada Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón.
Pero luego de dos años, por cuestiones personales Celina volvió a Necochea sin terminar la carrera.
Volver a la escuela
En el regreso Celina se encontró aislada, sin nadie con quien hablar de pintura ni arte. Hasta que abrió sus puertas la Escuela Provincial de Artes y decidió ingresar. En vez de validar sus estudios anteriores en la Prilidiano Pueyrredón, decidió empezar otra vez de cero.
Hoy, califica esa experiencia como fantástica. En la escuela tuvo como profesores a varios que habían sido compañeros suyos en la Escuela Nacional de Bellas Artes.
Pablo Benedini, quien era profesor de la Escuela Provincial y también estaba a cargo de talleres en La Nave, fue el impulsor de una muestra en la que participó Celina junto a Lía Lastra, Marta Peralta, Mariela Acacio y Alejandra Veglio.
Desde entonces, Celina presenta muestras periódicamente, cada uno o dos años. “Poner una fecha para la exposición es como que me obliga a pintar y entonces comienzan a salir cosas”, explicó.
Juegos
Celina nació el 6 de noviembre de 1962 y aún tiene una relación lúdica con la pintura. Para ella crear tiene mucho de juego, lo que queda en evidencia en sus pinturas, donde experimenta con texturas y técnicas diversas.
En las últimas muestras el mundo de la biología y muy especialmente la microbiología, aparece retratado en sus cuadros.
Aunque muchas veces las telas muestran paisajes íntimos que Celina sólo descubre a través de los ojos de los otros. Por eso, para ella la inauguración de las muestras es motivo de mucho estrés.
Ella es una persona de perfil bajo, por eso tampoco se ha interesado en exponer en otras ciudades o en participar en concursos. Hace algunos años expuso junto a Norma Taraborelli en Tres Arroyos. En cuanto a los concursos, ella dice que no le gusta competir, por lo que decidió dejar de presentarse.
La pintura sigue siendo algo muy importante en su vida, aunque no es algo que la obsesione. Vincula al arte con el juego, como cuando era niña y recuerda que su padre, un hombre que toda su vida se dedicó a la mecánica, se transformaba cuando dibujaba.
Eso la marcó y evidentemente su camino personal como artista va en esa misma dirección. Su pintura está muy definida por el dibujo y por el juego.
PERFIL
Celina Duca tiene 55 años y hace tiempo que dejó la docencia.
Si bien alguna vez fue docente de plástica en escuelas de distintos niveles, nunca se sintió cómoda en ese rol.
Su madre era maestra y ella siempre sintió un gran respeto por la docencia.
En los últimos años, alejada de la docencia y tomándose sus tiempos para pintar, Celina se ha integrado la comisión directiva del Centro Cultural.
Pero dedica gran parte de su tiempo a sus afectos. La familia y los amigos ocupan la mayor parte de su vida. Celina tiene un hijo que se dedica a la publicidad.