El brillo de la primera estrella
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Se cumplen 20 años de la consagración del Club Atlético Del Valle en la Primera división de la Liga Necochea de Fútbol
Adrian Stolarczuk
Redaccion
Difícil apelar a la memoria cuando el mundo da vueltas de manera vertiginosa y el hoy impone siempre condiciones. Incluso la historia, vasta, conspira acumulando alegrías y tristezas, héroes y traidores. Pero como todo en la vida, las sensaciones de la primera vez, siempre son especiales. Para el Club Atlético Del Valle, que está transitando sus 73 años de vida, su primera estrella sigue brillando más que nunca. Se cumplieron 20 años de su primera consagración como campeón de la Primera división de la Liga Necochea de Fútbol. Un club nacido del fútbol que ingresaba al selecto grupo de campeones, y aunque lo volvería a lograr 13 años después, aquel hito de finales de los años 90 marcó un antes y un después.
La esperada vuelta olímpica se concretó en la cancha de Mataderos, el 31 de octubre de 1999. Atrás quedaron años de frustraciones, en el ascenso, y un regreso a primera diez años antes de la mano de Fernando “Tito” Gómez como técnico, el mismo que ahora los llevaba al éxito en la máxima categoría. Fue el cierre ideal de una campaña de menor a mayor, con un plantel que a diferencia de otros años de formó para ser protagonista pero que se fue dando cuenta de sus posibilidades partido a partido. A la base de jugadores del club, surgidos en las siempre fértiles inferiores, se sumaron tres refuerzos foráneos de renombre, los mediocampistas marplatenses Adrián Cenci y Daniel Di Gerónimo y el delantero balcarceño Martín Romero. Apuntalando cada línea, aparecían la experiencia en el arco de Julio César Starópoli, de Gastón Grandi y Gustavo Vómero en defensa, Gustavo Verdese en el mediocampo y la potencia goleadora de Javier Fraile.
Copa “Ecos Diarios”
Del Valle se adjudicó entonces la Copa Challenger “Ecos Diarios” en su primera edición, puesta en juego al cumplirse el 70° aniversario de los torneos organizados por la Liga Necochea. Fue un campeonato distinto a los anteriores ya que por primera vez en décadas no hubo torneo de ascenso y se jugó uno “unificado”, con 15 equipos divididos en dos zonas. En la previa, el “azulgrana” no era favorito. Con esas expectativas estaba Villa del Parque, liderado por Gustavo Cárdenas, rodeado de otras figuras como Pablo Fuhr, Marcelo Waldbillig, Pablo Fernández y Marcelo Patriarca. El equipo de la playa, que contaba con la dirección técnica de Jorge Garro y Alfredo López, estuvo muy cerca de lograr el objetivo cayendo ante el campeón tras dos apretados y polémicos partidos en las semifinales.
La gran frustración del año fue para Palermo, que con Fernando Chaparro, Pablo Vázquez y Mateo Martínez Kressi como puntales quedó rápidamente eliminado en la fase de grupos y no llegó a los cuartos de final.
Los equipos de San Cayetano, finalistas el año anterior, también mantenían su poderío. Adrian Cenci, que se había consagrado campeón con Sportivo San Cayetano en 1998, vivió un particular bicampeonato. El “Chimango” perdería en semifinales con Mataderos y Sportivo en cuartos de final con Villa.
Incluso en la final, Del Valle era punto ante un a Mataderos invicto que había arrasado en la primera fase. Dirigido técnicamente por Carlos Lizaso, el “rojo” de Barrio Norte tenía un plantel bien constituido, acostumbrado a jugar partidos importantes, con Rodolfo Lucifora en el arco, que también venía de ser campeón con Sportivo el año anterior, Roberto Clérico como puntal en defensa, Mauro Del Valle y Fernando Lastra en el mediocampo, y arriba la potencia goleadora de Héctor “Chapulín” Oliva quien se cansó de romper redes ese año.
Sin embargo se dio la particularidad de que el rendimiento de Mataderos, tras un parate en el medio del torneo que no lo favoreció, llegó en baja a los play off. Todo lo contrario para Del Valle que después de dos derrotas en los primeros tres partidos, fue creciendo en el juego, ganó su zona, goleó a Independiente de Lobería en los cuartos de final y llegó con el envión anímico de eliminar a Villa del Parque en las semifinales.
En rodeo ajeno
La primera final, el 17 de octubre, fue en la ribera, en la cancha que hoy lleva el nombre “Walter Pérez y Oscar Fernández”, en homenaje a dos de los pioneros del club, que en la esperaba consagración fueron testigos y los receptores de las dedicatorias por el título. Tras ir ganando 1-0 y 2-1, la igualdad en dos goles dejó abierto todo para la revancha en Barrio Norte que se jugaría recién 15 días más tarde, por celebrarse el día 24 elecciones legislativas en todo el país. La definición entonces llegó el domingo 31, con la cancha de Mataderos y el cielo gris como el marco para las postales de Del Valle campeón por primera vez. Javier Fraile, goleador del campeonato, fue el autor del único tanto que valdría la victoria y desataría la ansiada vuelta olímpica. Esa tarde, el “azulgrana” formó con Julio Staropoli; Gustavo Vómero, Gastón Grandi, Leandro Nicolás y Julián Murillo; Gustavo Verdese, Adrián Cenci, Miguel Ciancaglini y Daniel Di Gerónimo; Javier Fraile y Martín Romero. Luego ingresaron Miguel Ibarguren, Esteban Bustamante y Martín Llona. También formaron parte del plantel Esteban Irrazabal, Guillermo Gatti, Alejandro Natali, Juan Lafforgue, Leonardo Rolón, Nelson Martínez y el juvenil Lencina.
El “chueco” Fraile con 16 y Romero con 15 fueron los máximos anotadores del equipo que conducía Gómez y que tenía como preparador físico al profesor Marcelo Díaz.
Nombres del club
Mientras Fernando “Tito” Gómez dejó de ser entrenador tras levantar la copa, Julio Starópoli dejó los cortos y tomó la posta al año siguiente. En estos 20 años, también Gustavo Verdese, actual DT de la Primera, y Gustavo Vómero, en las infantiles, siguieron su carrera como directores técnicos, todos trabajando en Del Valle.
Pero aquel grupo de campeones también sufrió el golpe de la pérdida. Primero del “Cabezón” Julián Murillo, fallecido trágicamente en un accidente vial en 2008. Y en 2011 el adiós de Oscar Conti, que tocó la vida de los jugadores campeones con su trabajo en las inferiores.
Nombres que fueron y aún hoy son sinónimo del club, de identificación de los colores. El mayor legado que puede dejar un equipo es trascender la copa. Quedar en la historia y que el paso del tiempo le dé más brillo aun.