El “bus bala” que nació en Necochea y desafió al transporte
José Latorre recordó el trabajo revolucionario de su padre
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ROCÍO MAGALÍ SÁNCHEZ
Para Ecos Diarios
“Parecía un avión más que un micro”, fueron las palabras de José Alberto Latorre al evocar aquel proyecto que marcó un antes y un después en su historia familiar. Su padre, Miguel Latorre, fue un empresario metalúrgico necochense que, en la década del 80, construyó un colectivo con diseño aerodinámico inédito en la Argentina: un vehículo tan revolucionario para su tiempo que hoy aún no encuentra igual.
Miguel Latorre dedicó su vida al trabajo metalúrgico. Durante los años 60 y 70 fue el responsable de fabricar los conocidos micros de la línea Costera Criolla, y más tarde incursionó en la construcción de tinglados, silos de aluminio y otras estructuras. “Mi papá siempre estaba en renovación constante” expresó su hijo.
Pero fue en 1986 cuando decidió avanzar con un sueño que arrastraba desde hacía más de una década: diseñar un micro con líneas aerodinámicas, que rompiera con los moldes cuadrados y pesados que dominaban el mercado del transporte.
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“Él ya tenía el proyecto en mente desde los 70, pero no pudo hacerlo realidad por cuestiones económicas”, explicó José. Quién además recordó que en aquellos años se acercaron a Necochea empresarios mexicanos, interesados en instalar una fábrica de micros como los que circulaban en Estados Unidos. Pero las políticas del momento frustraron aquella posibilidad.
Un micro que parecía de otro planeta
Finalmente, en 1986, Miguel recibió un chasis Scania y puso en marcha el proyecto. Contrató personal especializado, reunió a un equipo técnico y comenzó la fabricación.
“A lo largo del tiempo cuando se fue desarrollando realmente vimos que era revolucionario porque es decir en ningún lado se veía, Todos los micros que había eran de líneas cuadradas, rectas, que eso es lo que llevaba un mayor resistencia, un mayor gasto, un mayor peso que era la diferencia que logró con este diseño en la fabricación” añadió Latorre.
José, quien por entonces era profesor de educación física, llegó a pedir horas de licencia de las clases para sumarse a la fábrica “Yo no tengo ahora ni tenía en aquel entonces la capacidad técnica que tenía mi viejo ni la gente que trabajaba ahí. Pero yo de chico siempre fui al taller porque para mí era como un parque de diversiones”.
Y agregó: “Siempre terminaba con algo lastimado, con un corte o alguna cosa y cuando surgió este proyecto, bueno, yo la verdad que me interioricé, me gustó. Todos los días iba a ver el micro cuando la fábrica estaba cerrada y yo decía, "Esto es increíble." Porque parecía que estaba dentro de un avión, no en un micro”
El resultado fue un colectivo con perfiles totalmente aerodinámicos, liviano, con menor resistencia al viento y un consumo de combustible notablemente más bajo. “Mientras los micros comunes gastaban 40 litros cada 100 kilómetros, el nuestro gastaba 25. Era un ahorro tremendo”, señaló.
Cuando salieron a la ruta, el impacto fue inmediato. “La gente se quedaba mirando, no lo podía creer. Nos preguntaban cuánto andaba. Cuando lo bajamos en Tucumán nos decían: ‘¿esto es argentino?’ Era como algo de otro planeta”, contó el entrevistado.
Para José, el orgullo de ese logro convive con una profunda emoción. “Fue uno de los últimos trabajos que hizo mi papá antes de morir. Y siempre quise hacerle honor a lo que fue. Trabajó toda su vida, y siento que no recibió el reconocimiento que merecía”
Aquel micro, conocido como el “bus bala”, no tuvo continuidad. “Tal vez si mi papá no hubiera fallecido, habría seguido. Él era el mentor de todo. Pero también, seguramente, hubo otras razones. Era un invento con mucho potencial, pero no tuvo el respaldo necesario. En este país, lamentablemente, no siempre hay condiciones para sostener estos proyectos” se lamentó.
Latorre no dudó en vincular esa falta de continuidad con el contexto nacional. “Fue una de tantas empresas que quedaron en el camino por las políticas económicas. No hay estabilidad para que estas cosas prosperen y se sostengan en el tiempo”.
Una historia que merece ser contada
A casi cuatro décadas de aquel invento, José Latorre sigue emocionándose cuando encuentra una foto o una nota. “Me genera mucha emoción. Siempre quise contarle a los demás lo que hizo mi padre. Él era muy retraído, pero tenía una cabeza increíble. Era un tipo que pensaba mucho, tenía ideas para todo”, expresó.
Y para cerrar, dejó una descripción de su padre unido a su proyecto más importante: “Ese micro es el reflejo de lo que fue él: un trabajador incansable, que siempre iba por más”.
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