El camino a un mundo de fantasía
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Hace varios años Liz López Fiorito no imaginaba que un día se dedicaría a dar clases de dibujo y pintura y que ello derivaría en un taller de cómics
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Liz López Fiorito se dedica desde 2012 años a enseñar dibujo y pintura, pero no fue hasta que comenzó a dar algunos talleres de cómics, que descubrió su verdadera pasión por este oficio.
Enseñar a los chicos a dibujar superhéroes, naves espaciales, explosiones y onomatopeyas representó todo un desafío que ella afrontó con la misma obsesión de sus años de estudiante: investigando, practicando técnicas y buscando referencias.
Así, la enseñanza también se ha convertido para Liz en un camino de aprendizaje y en motivo de grandes satisfacciones.
Ella se encarga de dejar en claro que no es docente, ya que no tiene título, pero es reconocida particularmente por enseñar técnicas de dibujo. Así es común que entre los asistentes a sus talleres se encuentren, por ejemplo, tatuadores que quieren mejorar la anatomía de sus personajes.
Cambio de rumbo
En pocos años, su vida registró un cambio profundo y en gran parte se debe a un viaje a Marsella.
Es que Liz nunca imaginó que algún día iba a dedicarse a dibujar y pintar, y menos a enseñar.
De chica pasaba horas dibujando, pero nunca tomó esa pasión como una vocación. Fue así que cuando terminó el secundario y debió salir a trabajar, hizo de todo: estuvo empleada en una peluquería, fue secretaria y camarera en un local gastronómico de la Villa Díaz Vélez.
Ella seguía dibujando, pero lo hacía como una forma de expresión personal, sin pensar que ese oficio podía ser un trabajo.
Sin embargo, un viaje a Europa la puso en contacto en Marsella con un familiar suyo que se dedicaba a la pintura.
Cuando esta persona vio sus dibujos se obsesionó con la idea de lograr que ella se pusiera a estudiar artes plásticas.
Cambio de foco
Fue así que a su regreso de Europa, Liz comenzó a recorrer talleres de la Escuela Municipal de Artes. Allí aprendió técnicas de dibujo y pintura y se propuso aprender cualquier cosa que le permitiera mejorar su obra.
Expuso algunas de sus obras pictóricas y eso le brindó el reconocimiento y le permitió ser convocada por la Sociedad Española para brindar un taller de dibujo y pintura.
Pronto en los talleres de dibujo comenzaron a aparecer chicos que querían dibujar superhéroes y villanos.
Así fue como Liz ingresó en un mundo nuevo y fascinante. “Siempre amé el mundo de fantasía del cómics”, explicó.
Las exigencias de los chicos para aprender técnicas de dibujo de cómics la obligaron a ponerse a estudiar, a emplear nuevas herramientas y también a conseguir bibliografía y mantener la mente abierta a descubrir los artistas y personajes que amaban sus alumnos.
“Ellos siempre traen alguna nueva pregunta y gracias a ellos sigo aprendiendo”, afirmó Liz.
Si bien pudo encarar diversos proyectos artísticos ella decidió dejarlos de lado para seguir perfeccionándose y volcar esos conocimientos en sus alumnos.
Superpoderes
Por estos días se cumplen 6 años desde que Liz comenzó a dictar un taller de historietas en una comiquería céntrica.
El año pasado ya realizó una muestra de los trabajos de sus alumnos en el Banco Credicoop.
Por el momento ha postergado sus muestras personas, pero sigue trabajando en un proyecto personal muy interesante que se denomina Quequén Postal y que tiene como objetivo fijar en acuarelas lugares emblemáticos de la ciudad.
Se trata de postales de la ciudad como el Faro, algunos naufragios en la cosa de Quequén y también casonas y edificios de Necochea.
Por ahora, dibujar cómics es algo que está pendiente. Parece que sus alumnos del taller se han convertido en parte de su obra.
“No sólo se enseña dibujo, se aprende y se modifica algo en la otra persona”, señaló Liz.///