El camino de una artista que hizo de la música su profesión
En diálogo con Ecos Diarios, Estefanía Haag repasó sus comienzos y su recorrido profesional
:format(webp):quality(75)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/09/estefania_haag_1.webp)
A los 34 años, Estefanía Haag es una saxofonista necochense que lleva una trayectoria que comenzó a los cinco años en el Instituto Gesualdi y que la llevó por orquestas, bandas, teatros, giras y grabaciones. Trabajó junto a figuras como Martín Bossi, Manuel Wirtz y Adriana Brodsky, cumplió el sueño de tocar con Dancing Mood y hoy, de regreso en Necochea, combina su proyecto “The Groovers” con la docencia.
Para la artista, la música siempre estuvo cerca. Creció en una familia donde sus abuelos, su mamá, sus tías y sus primos cantaban o tocaban instrumentos. A los cinco años comenzó a estudiar formalmente en el Instituto Gesualdi, aunque su primer instrumento no fue el saxofón. “Empecé tocando el piano en realidad porque yo siempre amé el saxo, pero bueno, me faltaban unas paletas y no podía tocar, así que arranqué con piano...”, recordó en una entrevista con este medio.
Durante su infancia y adolescencia integró orquestas y, junto a sus amigos, formó su primera banda de reggae, buscando también despegarse de la estructura académica. A los 18 años se mudó a Mar del Plata para estudiar Música Popular con orientación en Jazz, un género que ya había interpretado en distintas orquestas.
:format(webp):quality(60)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/09/estefania_haag.webp)
De Mar del Plata a los teatros de Buenos Aires
A los 20 años decidió dejar la carrera para dedicarse de lleno a tocar. Poco después llegó una de las primeras grandes oportunidades de su recorrido: una temporada teatral de verano en Mar del Plata junto a Martín Bossi, Manuel Wirtz y Adriana Brodsky.
La posibilidad surgió a través de su primo Nelson Gesualdi, director musical de la obra. Allí conoció el trabajo como sesionista, una modalidad habitual entre los músicos de viento. “Por lo general laburamos de sesionistas. A nosotros nos dan una partitura, vos vas y tocás, cobrás y te vas a tu casa”, explicó.
La experiencia derivó en tres años instalada en Buenos Aires, trabajando en teatros de Calle Corrientes, otras obras y giras por Argentina y Uruguay. Esa etapa también le enseñó las exigencias del trabajo profesional. “Si no llegás a la prueba de sonido de las 6 de la tarde, no tocás, no cobrás y no laburás más”, recordó.
Un sueño hecho realidad
Entre todas las experiencias, hay una que tiene un significado especial. A los 13 años, durante un viaje con una orquesta de Necochea a Mar del Plata, compró con el dinero que ganaba dando clases su primer CD. Era de Dancing Mood. Años después, gracias a su trabajo y dedicación, fue convocada para tocar con la banda. “Me compré mi primer disco que es de Dancing Mood y un día me llamaron para tocar. Y ese día dije ‘¿qué? La felicidad fue absoluta’”, contó.
:format(webp):quality(60)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/09/estefania_haag_y_dancing_mood.webp)
Con el tiempo también entabló amistad con sus integrantes y con Hugo, su líder. Su recorrido profesional incluyó además grabaciones con La Zimbabwe, entre otros trabajos que le permitieron transitar diferentes estilos y proyectos.
El regreso a Necochea y un proyecto propio
Después de la pandemia, Estefanía volvió a radicarse en Necochea. Fue entonces cuando surgió The Groovers, su banda de funk, nacida de una inquietud que había desarrollado durante sus años como música de sesión. “Siempre terminamos acompañando a cantantes... Tenía ganas de que sea una banda que tengan todos vientos, al estilo de Dancing...”, explicó. La propuesta le permitió poner a los instrumentos de viento en el centro de la escena y desarrollar un proyecto propio en la ciudad.
Al mismo tiempo, retomó y profundizó su vínculo con la docencia. Actualmente está terminando el profesorado en la Escuela de Arte de Necochea, da clases en la tecnicatura de saxofón, dicta clases de musicoterapia y también tiene alumnos particulares.
Una vida de artista
Después de recorrer escenarios, ciudades y diferentes proyectos, Estefanía encuentra una definición sencilla para explicar qué representa la música en su vida. “Absolutamente todo. Desde que me levanto hasta que me acuesto, es música”, detalló.
Más que un trabajo, la música es para ella una compañía cotidiana y una forma de disfrutar el aprendizaje. “Es algo también que está vivo, que está fluctuante y que nos atraviesa... más allá de que sí, obviamente gano dinero con la música porque es mi trabajo, pero la verdad es que lo recontra disfruto”, sostuvo.
Para comentar, debés estar registradoPor favor, iniciá sesión