El camino del puño y la patada
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Comenzó a practicar taekwondo en 1980 y enseña desde 1984. Entre sus alumnos hay al menos 40 cinturones negros, entre ellos varios campeones mundiales

A Carlos Liebana siempre le gustó el deporte, pero como era muy tranquilo, cuando un compañero de trabajo lo invitó a practicar taekwondo, se resistió. Sin embargo, aquel compañero no tardó en convencerlo.
Así fue como Carlos comenzó a los 18 años a practicar este arte marcial coreano con Juan Carlos Piñero y Gustavo Corino, quienes se convirtieron en sus profesores.
Cuatro años más tarde, cuando ya era cinturón rojo puntas negras y le faltaba poco para convertirse en cinturón negro, comenzó a dar clases en el Club Estación Quequén.
Era 1984 y el salón del primer piso del club se convirtió así en la primera escuela de taekwondo de Quequén.
En la actualidad, con 56 años, Carlos tiene la satisfacción de que al menos 40 de sus estudiantes han logrado el cinturón negro y entre ellos algunos al logrado el título de campeones mundiales de Tae Kwon Do International (T.I), la federación a la que pertenece la Escuela Necochea Quequén de Taekwondo.
El camino
Con 33 años como profesor, Liebana en la actualidad es sexto dan y se prepara para dar el examen para séptimo dan. Pese a ello, sigue trabajando en la misma empresa que trabajaba cuando empezó con este deporte.
“Yo no puedo vivir de esto, pero me apasiona”, explicó Carlos, que actualmente tiene su gimnasio en la Villa Balnearia y encabeza un grupo formado por otras cuatro escuelas dirigidas por sus propios alumnos.
“Tenemos una trayectoria muy linda como escuela. Estuvimos siete veces en mundiales en Estados Unidos y en Inglaterra y tenemos alumnos que han salido campeones mundiales. Es el caso de Gabriela Basualdo, que es quinto dan y José Leonardis, que es cuarto dan”, precisó.
Basualdo es la esposa de Carlos. “En la familia todos practican taekwondo”, dijo Liebana, que tiene tres hijos: Costanza, de 5 años, Benjamín (14) y Rocío (24).
Además de Leonardis y Basualdo, de la escuela de Liebana también surgió Damián Flamenco, tercer dan y subcampeón mundial peso pesado y Gabriel González, tercer dan, que llegó a la semi final de un mundial de TI.
El aprendizaje
A pesar de los años que lleva en actividad, Carlos señaló que “siempre se aprende algo más. Uno siempre busca mejorar como alumno, como profesor, como competidor”.
Además, el taekwondo se convierte en una forma de vida en un mundo que en los últimos años aparece cada vez más marcado por la violencia.
Precisamente, muchos concurren al gimnasio en busca de seguridad. “Algunos llegan porque les gusta la práctica o el arte marcial en sí. Otros buscan una solución a la inseguridad, quieren sentirse un poco más fuertes ante el riesgo que pueden enfrentar en la calle. Hoy te roban, te pegan, entonces la gente se arrima al gimnasio, buscando seguridad”, indicó.
No obstante, el camino del taekwondo es el de “evitar la violencia y la confrontación”.
En su caso, su acercamiento al arte marcial fue casi casual. “Yo trabajaba con Juan Carlos Piñero y el me insistió para que practicara. Yo nunca había imaginado que iba a hacer un deporte de contacto, porque soy bastante tranquilo. Me gustó y hace 37 años que estoy en esto”, precisó.
Satisfacción
Para Carlos la enseñanza se ha convertido en motivo de grandes satisfacciones. La primera se dio en 1991, cuando concurrió al Club River Plate, en Capital Federal, donde se realizaba una competencia con más de 1.000 participantes.
A pesar de haber ido acompañado por unos 20 alumnos, su escuela ganó un premio porque su grupo sumó más puntos en la competencia frente a asociaciones que lo doblaban en número.
Otra satisfacción fue una distinción recibida junto a otros tres argentinos en Inglaterra, en 2013, por su desempeño.
Además, los viajes se convirtieron en otro motivo de satisfacción. En 1993 concurrió a una capacitación para el título de cuarto dan en Los Angeles, Estados Unidos, y participó en un torneo.
Luego, debió rendir el examen ante nada menos que Han Chang Kim, uno de los tres maestros coreanos que introdujeron el arte marcial en nuestro país.
Años después, Carlos realizó su primer viaje a Europa y participó de su primer mundial en Inglaterra.
Hace poco, tuvo oportunidad de volver a reencontrarse con Kim, que vino a Necochea a dar un seminario con motivo de los 50 años del taekwondo en la Argentina.
Sabonim
Por estos días, Liebana se reparte entre el taekwondo y otro deporte muy “asiático”: el ping pong. Juega en una liga provincial y ha participado en algunas competencias nacional.
“Siempre jugué y como mi hijo también juega, para acompañarlo a él, me enganché”, dijo Carlos.
“Me sirve para el taekwondo. Ambos deportes se complementan”, señaló sabonim, quien también dedica tiempo a escribir la historia de su escuela.