El carnaval por años, fue la fiesta esperada del verano
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El corso por la avenida Alsina, los bailes en clubes y en los principales hoteles concentraban el tradicional festejo estival
(Foto baile en el Hotel Marino año 1935)
La festividad del carnaval, cronológicamente, corresponde a los tres días previos al inicio de la cuaresma. Esta es el tiempo litúrgico de preparación de la Pascua de Resurrección desde el miércoles de Ceniza hasta el Jueves Santo, caracterizado por ser un período de penitencia.
Como contrapartida a este período de abstinencia y, previendo ésta, en distintos lugares del mundo y desde antaño, el carnaval es la fiesta más popular del año. La gente de acuerdo a su tradición cubre el rostro con máscaras, forma comparsas, disfruta de bailes y otros regocijos bulliciosos con costumbres de pompas y placeres que gratifican y alegran al ser humano.
No es intención, de esta nota, hacer una referencia al origen del carnaval y al corto reinado del rey Momo, ni entrarnos en los espectaculares y tradicionales desfiles de Río de Janeiro ni Venecia, sólo recordar los festejos de muchos años atrás en Necochea, para esta fecha. La celebración tuvo su auge en nuestra ciudad hasta mediados de los años 50.
Muy animados eran los bailes en clubes y hoteles de la Villa que convocaban a vecinos y turistas en busca del tradicional jolgorio de cada temporada. Donde, por supuesto, no faltaba el reparto de cotillón, matracas, pitos, caretas o el sugestivo antifaz. Brillante y colorido marco daban las serpentinas entrelazadas en los elegantes salones junto a la lluvia de papel picado mezclado con el particular aroma del agua de los lanza perfumes. Estas tertulias se realizaban en las calurosas noches de un fin de semana, al que se le sumaban los feriados de lunes y martes, en la última quincena de febrero. Entre esos bailes sobresalía el del Royal Hotel, en su exclusiva “boite” Casablanca con orquestas traídas especialmente de Capital Federal para la temporada. Este hotel inclusive hacía tertulia para niños en la matiné con cotillón y concurso de disfraces infantiles. Se sumaban a las noches carnavalescas, los no menos alegres bailes en la confitería Bell Mar, sobre la rambla municipal.
El corso
Lugar aparte es merecedor el corso de la avenida Alsina, entre Mitre y Sadi Carnot, hoy Avda. 59 entre 60 y 66, el que fue por años el encuentro obligado, de otra manera, del festejo. Su desarrollo sobre esta céntrica arteria era una verdadera fiesta popular, de toda la familia y la presencia de la juventud era por cierta notoria. Los participantes: mascaritas, con riguroso permiso policial porque lo exigía un edicto para quienes se cubrieran el rostro usando careta o disfraz, marchaban solas o en pequeñas comparsas luciendo ingeniosos disfraces, de los cuales, algunos solían repetirse año a año.
Muchas veces, estos atuendos traicionaban al misterioso personaje que, pretendiendo ocultarse en el anonimato no dejaba de ser conocido por todos. Llamaba la atención entre los adultos y susto entre los pequeños el clásico gorila. El caso más emblemático fue el convecino de apellido Guerra, que año a año se ponía un caluroso disfraz de gran mono, haciendo los movimientos propios de un primate, sobre el auto de propiedad de Tort que propalaba publicidad y música. El corso se conformaba además de autos con familias con niños disfrazados de hadas, gitanos, piratas, “cowboys”, indios, princesas o reinas, los más comunes. Giraban por las dos manos de la Avda. 59 a paso de hombre dando varias vueltas al circuito como en un sinfín, tirando serpentina y papel picado, en un “clearing” de ida y vuelta entre corsitas y el público espectador.
El gentío disfrutaba de esta vista sobre el cordón de las veredas y los más privilegiados desde las mesas, que habían sido ocupadas desde la tarde para reservar una preferencial posición en las confiterías La Armonía, esquina 62 y 59 y La Ideal, vereda de enfrente entre 64 y 62. La cervecería Munich, en 59 entre 64 y 66 vereda par, también tenía una numerosa clientela, deleitándose con una bien y fresca tirada cerveza. Los particulares sonidos de pitos, matracas y cornetas que no dejaban de sonar durante todo el festivo encuentro le ponían un fondo monocorde de permanente bullicio a la noche.
Sobre la rambla central que, todavía vestía los añosos eucaliptos, era también un paseo peatonal. Se instalaban improvisados puestos de ventas de serpentina, papel picado, caretas, antifaces, matracas, pitos, cornetas, pomos con agua perfumada hasta que surgieron los modernos pomos de goma recargables, estos últimos en aquellos días toda una novedad.
Digna de recordar era la iluminación de la avenida. Tenía una característica especial, se colgaban estratégicamente distribuidos en las dos manos arcos ornamentales, del ancho de la calle, con varias lamparitas. La decoración con estos originales elementos de características arabescas eran colocados por la Municipalidad, y le daban a la avenida Alsina, un brillo, lujo y esplendor especial acorde a la tradicional celebración del verano. Las bocacalles de 62 y 64 eran los lugares estratégicos para quiénes sin participar del corso desde de sus automóviles no querían perderse las diferentes alternativas de una cómoda ubicación. Los más previsores estacionaban sus vehículos en horas de la siesta sobre la misma esquina de 59 aguardando la noche. Siendo a la hora del juego con agua, puesto secreto de abastecimiento del elemental líquido y guardarropa de aquellos que, insólitamente usaban impermeables. El corso tenía su esplendor entre las 22 y 24 hasta que, sin estar legalmente autorizado, la policía hacía la vista gorda, comenzaba el juego con agua, participando de este singular entretenimiento los más osados que con pomo en mano salían corriendo en busca de una presa del sexo opuesto.
Como siempre el desborde de los más jóvenes, aunque sin violencia, y ante el desbande de aquellos que no querían verse entreverados en la a veces desigual contienda, se iba dando por finalizada la jornada hasta la próxima noche donde se repetía el ritual del carnaval. Recién pasada la medianoche.
Hace 50 años
Ya sobre la década del sesenta el corso pasó a ser un recuerdo, al igual que los tradicionales bailes en los hoteles. Las tertulias se trasladaron a los clubes y “boites”. Sobresalían por la numerosa concurrencia los realizados en el salón de fiestas del club Rivadavia, en el club Huracán en su sede de calle 61 y en el club Boca Junior en la avenida 58 todos, con la animación de orquestas locales. Las confiterías Roxelane, Rimini, San Remo y Liguria en la Villa Díaz Vélez completaban los lugares en la noche carnavalesca. El carnaval en Necochea, sin saber porque se fue apagando lentamente, circunscribiéndose a los salones bailables, hasta que en estos reductos también se fue muriendo hasta la estocada mortal dada por la última dictadura militar, al suspender los feriados de lunes y martes de carnaval.
Con baldes, bombitas y mangueras
No sólo la noche era propicia para el festejo. No se puede dejar de hacer referencia al juego con agua. Verdaderas “batallas campales” se organizaban en los diferentes barrios a la hora de la siesta. Los jóvenes y no tan jóvenes se intercambiaban baldazos de agua, bombitas y hasta se usaban mangueras las que servían para lograr abundante caudal de agua.
Mujeres y varones daban rienda suelta al tradicional juego, respetando los códigos que, sin estar escritos, se sabían preestablecidos por el uso y costumbre. La Villa Diaz Vélez fue el centro de estos juegos con alto grado de intensidad a principios de los 60. El epicentro era la calle 83 entre 2 y 4. La lluvia artificial provenientes de baldazos, globitos y “mangueras artilladas” desde los edificios, era repelida por aquellos que desde algún edificio de enfrente o desde la vereda eran sujetos de la “hídrica agresión”. Algunos excesos de la imprudencia juvenil manifestada en alguna ocasión, en la principal calle de la villa opacaron, si cabe, esta costumbre arraigada durante tanto tiempo en las tardes de verano.
Otros gustos, otras costumbres conllevaron tal vez, a que todo se fuera perdiendo poco a poco. ¿Será que todo tiempo pasado fue mejor? ///