El censo de 1881
De acuerdo al primer relevamiento realizado en el año de la fundación, en el pueblo sólo vivían 18 familias y la incipiente población contaba con 139 habitantes
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JUAN JOSE FLORES
Redacción
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En octubre de 1881, en el pueblo de Necochea vivían apenas 18 familias, mientras que otras 458 se distribuían por el resto del partido. En total, la población urbana recién fundada alcanzaba los 139 habitantes, que ocupaban 61 casas construidas de madera, paja o ripia. No había ninguna vivienda de azotea.
En la zona rural el panorama habitacional era diferente: se registraban 27 casas de azotea y 769 construcciones de madera, paja y otros materiales. De los 3.361 habitantes que tenía entonces el partido, sabían leer y escribir 335 argentinos y 381 extranjeros. En cambio, no sabían hacerlo 1.270 argentinos y 205 extranjeros.
El mismo censo daba cuenta de la ausencia casi absoluta de actividad agrícola. Necochea no tenía tierras sembradas y tampoco contaba con plantaciones, ni siquiera de hortalizas. No poseía, además, instrumentos de agricultura.
La riqueza del distrito estaba entonces vinculada principalmente con la ganadería. Vacunos, lanares y yeguarizos abundaban en los campos. En materia industrial, el relevamiento registraba una carpintería cuyo capital ascendía a 45.000 pesos y que empleaba a siete obreros.
Un plano para la nueva ciudad
Dos años después, en 1883, por disposición de Ángel Ignacio Murga se publicó un plano del pueblo de Necochea, con sus solares, quintas y chacras. El documento constituye uno de los primeros registros históricos de la ciudad y conserva numerosas referencias sobre aquellos primeros años.
Al pie del plano quedaron asentadas las inauguraciones de algunas de las instituciones y obras de la naciente población: la Iglesia del Carmen, el cementerio, los corrales de abasto y la cárcel pública, todas fechadas el 4 de septiembre de 1883, mientras que la Municipalidad figura simplemente con el año 1883.
Murga también aprovechó la publicación para ofrecer sus servicios en la compra y venta de propiedades. Invitaba a sus conocidos a encargarle operaciones sobre “fincas, quintas y chacras en los mejores parajes de este pueblo sobre la ribera del mar y puerto”.
El documento describía, además, distintos sectores destinados a actividades que acompañaban el crecimiento de la localidad. Mencionaba como “valioso terreno” el puerto de descarga de buques en la boca del Quequén, mientras que una quinta y una chacra, junto con un sobrante de tierras sobre el río Quequén, estaban destinadas a corrales de abasto y potreros municipales.
Las chacras 48 y 49 habían sido reservadas para un circo. El plano también dejaba constancia del proceso de mensura: había comenzado el 6 de septiembre y terminado el 11 de octubre de 1883.
Al día siguiente, el 12 de octubre, se inauguró la plaza con una fiesta en la que, según el documento, hubo banderas, cohetes y carne con cuero. Participaron José Maríz Muñiz, José María Benítez, Victorio de la Canal, Nicanor Duarte, Benedicto Calcagno, Segundo Murga, Abudemio Santillán, José Querencio y Julián Azúa, además de numerosos vecinos de parajes cercanos.
Los vecinos acordaron darle a la plaza el nombre de Dardo Rocha, en reconocimiento a quien había impulsado la fundación de Necochea durante su gobierno y, según consta en el propio plano, había prometido desde 1877 cooperar con ese objetivo y cumplido su promesa.
Ese mismo día se otorgó la posesión de algunos solares a Nicanor Duarte Muñoz y compañía, Julián Azúa y Benedicto Calcagno.
El comienzo de la agricultura
El cambio comenzó a advertirse al año siguiente. En 1884, tres años después de la fundación de Necochea, el distrito obtuvo sus primeras cosechas. Se cultivaron trigo, cebada, maíz, alfalfa y legumbres.
Los primeros ensayos demostraron que las tierras eran aptas para la actividad agrícola. En las chacras del distrito llegaron a cosecharse 300 fanegas de trigo, un volumen que comenzó a mostrar las posibilidades de una actividad que hasta poco tiempo antes prácticamente no existía.
También en 1884 comenzaron a levantarse los cimientos de un gran molino, propiedad de Julián Gámez. La iniciativa parecía responder a una necesidad evidente: contar con una infraestructura que acompañara el desarrollo de los cultivos y diera impulso a la agricultura.
Con el paso del tiempo llegaron nuevas herramientas y maquinarias. Se introdujeron en Necochea numerosas máquinas de segar y una trilladora a vapor, que permitieron ampliar la capacidad productiva.
El crecimiento fue rápido. En apenas dos años, la agricultura había tomado un impulso considerable y las cosechas alcanzaban las 18.000 fanegas de cereales.
Así, el distrito que en 1881 no tenía una sola tierra sembrada ni instrumentos para trabajarla comenzó a transformar su perfil productivo. La ganadería había sido la principal riqueza de aquellos primeros tiempos, pero los ensayos iniciados en 1884 marcarían el comienzo de una actividad que con los años se convertiría en uno de los pilares económicos de Necochea.///
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