El Centro Vasco celebró San Ignacio con identidad viva
La colectividad desplegó un programa lleno de emociones y legado
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ROCÍO MAGALÍ SÁNCHEZ
Para Ecos Diarios
Cada 31 de julio, el Centro Vasco de Necochea se viste de fiesta para honrar a San Ignacio de Loyola, patrono de tres de las siete provincias vascas y figura central de esta comunidad. La celebración, profundamente arraigada en la historia del Eusko Etxea, convoca no sólo a los miembros de la colectividad, sino también a toda la ciudad a participar de una jornada cargada de tradición.
“San Ignacio siempre fue la fiesta más grande para nosotros”, contó Iñaki Bilbao, presidente del Centro Vasco. “Ahora también celebramos San Sebastián en verano, pero San Ignacio fue, históricamente, el corazón de nuestras festividades. Antes duraba casi un mes. Hoy se ha adaptado un poco, pero sigue siendo una fecha muy especial”.
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Una jornada de celebración
La jornada comenzó con el tradicional "Alegre despertar", una actividad en la que los integrantes del centro visitan a socios históricos y comparten con ellos un momento de homenaje. Además, se realizó una visita a los estudios de Ecos Radio y una ofrenda floral al general Mariano Necochea, cuyo apellido vasco forma parte de la identidad de la ciudad. “El nombre Necochea viene de Eneko Etxea, que significa ‘la casa de Eneko’ en euskera. Es una muestra más de la profunda huella vasca en la ciudad”, explicó Juan Bautista Iriberri vicepresidente del centro.
En el mismo sentido, también se rindió homenaje a Ángel Ignacio Murga, fundador de la ciudad, y al árbol de Gernika, símbolo de las libertades vascas. Este retoño, plantado en Necochea por los fundadores del centro en 1943, tiene un valor emocional y político profundo. “Debajo de ese árbol se juraban las leyes. Se lo llama el árbol santo. El que tenemos en Necochea es nieto del original, que fue bombardeado pero volvió a crecer. Es un símbolo de libertad que sigue vivo”, compartió con emoción Iriberri, recordando cómo su abuelo lo llevaba de niño a podar el árbol local para que mantuviera la forma del original.
Kiti Zubillaga, integrante de la comisión directiva, compartió su vivencia personal: “Para mí, San Ignacio es familia. Me crie acá. Cuando era chica, nadie viajaba en vacaciones de invierno y pasábamos todos los días ensayando para la fiesta. El espíritu sigue intacto. El año que no pude estar porque estaba estudiando, lo viví con angustia. Esto nos atraviesa, nos forma, nos une”.
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La fiesta sigue
Tras las actividades institucionales, el festejo continuó en la sede del centro con un “chiquiteo” —picada de pinchos y comidas típicas— y una misa en honor a San Ignacio, celebrada en la iglesia Nuestra Señora del Carmen. Y las celebraciones no terminan ahí: el 8 de agosto se homenajeará a los aitonas (abuelos), y el 9 se llevará a cabo la tradicional cena, una de las más esperadas del calendario vasco local. En septiembre, además, se realizará la velada artística, con danzas y presentaciones del cuerpo de baile.
“Con San Ignacio no festejamos un solo día, sino que desplegamos una serie de eventos que fortalecen los lazos y mantienen viva la cultura vasca en Necochea”, afirmó el vicepresidente.
Y lo vivido en esta jornada lo confirma: en cada abrazo, en cada canción, en cada recuerdo compartido, el espíritu de comunidad sigue más presente que nunca.
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