“El Charito”, toboganes acuáticos y otros emprendimientos turísticos
El recuerdo de algunas ofertas al servicio de visitantes en los veranos
:format(webp):quality(75)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/08/el_charito_durante_casi_seis_decadas_recorrio_los_mejores_sitios_turisticos.webp)
RAÚL JÁUREGUI
Para Ecos Diarios
La historia y anécdotas de emprendimientos vinculados al turismo de verano que marcaron una época, fueron tema de una nueva columna semanal en el programa “Desde temprano”, que se emite por Ecos Radio.
Con material que integra el rico archivo de Ecos Diarios, en el comienzo se recordó al trencito “El Charito”, que durante casi seis décadas recorrió los mejores sitios turísticos de Necochea y Quequén, transportando a miles de pasajeros.
Con su locomotora sobre ruedas que tiraba dos vagones pintados con llamativos colores y haciendo sonar su sirena, “El Charito” empezó sus recorridas en 1954, contando a lo largo de su historial con tres dueños: en primer término, Olga Espinello, de la empresa de turismo “Necotur”, y desde 1975 y hasta 2010 los socios Gregorio Raposo y Roberto Zugazúa.
La música estridente de cada viaje y el recorrido en sus pasillos de jóvenes disfrazados como los héroes del momento o personajes de moda, como los de Walt Disney, la pantera Rosa y el hombre araña, eran distintivos de los paseos.
Recorría lugares llamativos del casco urbano y los parajes Las Cascadas, el Faro y Costa Bonita a la vez que se hacían viajes nocturnos. En su última etapa partía desde al lado de la parroquia de Lourdes, en calle 6 entre 83 y 85. El trencito llevaba en cada viaje hasta 57 pasajeros.
La fama de “El Charito” hizo que en su mejor momento al volver de cada viaje había esperando a 40 personas promedio para la próxima vuelta. Era un clásico para los turistas y se repetían los casos de quienes cuando habían sido niños viajaban en él y muchos años después acompañaban a sus hijos.
Fue tanta su identificación con Necochea que en los tiempos de las postales turísticas una de esas imágenes que se compraban en los kioscos para enviar a familiares, era la foto de “El Charito”.
Su destino final fue triste, ya que el lugar en el que se guardaba fue usurpado y desmantelaron el trencito. Incluso uno de los vagones apareció destruido a un costado de una ruta cercana a Necochea.
Otros vehículos de paseos
El “Charito” tuvo como sucesores en las décadas más cercanas a la actualidad los paseos del llamado “trencito de la alegría”. En realidad, un colectivo abierto en sus laterales, con decenas de luces de colores y música, sumándose también un vehículo en forma de cohete, éste con partida al lado de la Rambla de 2 y 83.
En la continuidad de la columna radial se indicó que a fines de la década del 60 e inicios del 70 empezó a correr por sus pequeñas vías el trencito del Parque Miguel Lillo, con una estación de partidas y llegadas ubicada en la avenida Pinolandia.
Pese a que estuvo inactivo durante algunas temporadas, luciendo un estado de abandono y roturas, el trencito se reactivó en diciembre de 2007 a través del aporte del empresario capitalino Sergio Rojas, muy cercano al mundo de los trenes.
Con paseos de unos 15 minutos de duración, había un proyecto de extender las vías hasta el sector de los campings gremiales, para ser un transporte alternativo hasta 10 y Pinolandia, pero la ampliación de las vías apenas alcanzó hasta el sector ubicado frente al Lago de los Cisnes.
:format(webp):quality(60)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/08/tobogan_uno_de_los_existentes_en_la_playa_en_los_anos_80.webp)
Toboganes acuáticos
Pocos lo recuerdan, pero en 1980 existió en el sector de playa comprendido entre el ex balneario ACA y el paraje Neptuno un gigante tobogán acuático de hormigón, que llevara el nombre de “Avalant”. Una costosa estructura que apenas funcionó una temporada de verano.
El entretenimiento se ubicó en el mismo sitio en el que había funcionado el ex balneario “Florida”; y según artículos de Ecos Diarios publicados en enero de 1980, y contaba con tres carriles de hormigón, que tras una pendiente pronunciada desembocaban en una pileta con capacidad para 50 mil litros de agua.
La firma que lo construyó y explotó lo promocionaba como una mezcla de surf con montaña rusa, con solo tres estructuras similares en el mundo: en las ciudades estadounidenses de Los Angeles y Miami, y en Mar del Plata.
El final del “Avalant” se produjo debido a las fuertes sudestadas invernales y la erosión del agua de mar, que socavaron las bases de cemento y terminaron de romper el tobogán.
De todas maneras. pasaron no menos de tres años para poder extraer de la playa las ruinas del tobogán acuático, ya que terminó en un problema legal entre los concesionarios y el municipio.
Por su parte sobre fines de la década del 80 sí funcionó, por algunas temporadas, un tobogán de fibra de vidrio con dos bajadas y otras tantas escaleras en sus laterales para subir a lo alto, con caída a una pileta del mismo material.
El mismo estaba ubicado al lado de la Rambla, mirando desde la arena a la derecha, donde en su momento existiera el balneario Izzo, uno de los más tradicionales de la playa necochense.
Un camión rumbo a Médano Blanco
En materia de excursiones de verano a sitios turísticos, durante una década y a partir de 2010 surgió el proyecto de viajes a las playas retiradas y el monumental Médano Blanco, que encabezó Mario Arru bajo el nombre de “Travesía Sport”, el mismo de un programa televisivo de deportes de aventura y alto riesgo que él condujera en Canal 4 junto a Juan Pablo Toledano.
Este emprendedor adquirió y equipó dos camiones cuatro cilindros de la marca rusa UAZ, todo terreno y con su caja abierta para una excelente vista de los 12 pasajeros de cada tour.
Así lanzó travesías de aventura para compartir los paisajes y lindos días de verano, que causaban furor en la alta concurrencia de turistas que tenía la ciudad.
En esa época en la que empezaban a surgir los vehículos 4x4. Arru puso en marcha un emprendimiento familiar con tres salidas diarias, hasta que empezaron a repetirse las camadas de turistas y disminuyó la clientela. Así, en 2020 se dio de baja estas aventuras.
Además del Médano Blanco, de 100 metros de altura, paseo que tenía varias horas de duración y que al regreso en los atardeceres cerraba con degustaciones de picadas y cerveza artesanal en una quesería ubicada en 50 y 115; también se hacían excursiones a Las Cascadas, Costa Bonita y Arenas Verdes.
La columna completa se puede escuchar en el Spotify de de Ecos Radio, en la sección Archivo histórico Ecos Diarios.
Para comentar, debés estar registradoPor favor, iniciá sesión