El Colgante rumbo al centenario
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Esta semana se cumplieron 91 años de su inauguración, el 21 de julio de 1929. En abril se cumplieron cuatro décadas de la inundación que derribó todos los puentes, menos al gigante de hierro. Comienza la cuenta regresiva para sus 100 años
Hasta fines de la década del 20, cuando se construyó el Puente Colgante, para llegar desde Capital Federal y otras ciudades ubicadas al Noreste, había que cruzar el Río Quequén en balsa.
Por esta razón, desde fines del siglo XIX, el medio de transporte más cómodo para llegar a Necochea era el tren, ya que el puente ferroviario permitía cruzar el cauce de agua de la forma más rápida.
La ciudad era muy distinta a la actual. Los automóviles circulaban por la izquierda, como lo hacían en Inglaterra y todas las calles y avenidas de la ciudad estaban arboladas.
El ejido de la ciudad se concentraba aún alrededor de la plaza Dardo Rocha y entre las otras tres plazas: la de las Carretas, la Isabel La Católica y la ubicada en 74 y 75. Las calles, por cierto, tenían nombre y no número.
La inauguración del puente el 21 de julio de 1929 significó un enorme progreso y el Colgante no tardó en convertirse en una postal de la ciudad y en un símbolo.
Por esta razón no es raro que poco de un año después de su inauguración fuera blanco de un ataque ideológico.
El 6 de septiembre de 1930 un golpe militar liderado por el general José Félix Uriburu derrocó al presidente Hipólito Yrigoyen.
Aquí se intentó borrar también a Yrigoyen con un ataque insólito: el robo de una placa conmemorativa del puente que llevaba su nombre.
El hecho fue inmediatamente repudiado por el vecindario y casi 90 años del incidente, el Puente Colgante sigue llevando el nombre de Hipólito Yrigoyen y nadie recuerda a aquellos “revolucionarios”.
A lo largo de su historia, el puente se fue fusionando con el paisaje hasta convertirse prácticamente en parte de la identidad del distrito.
El gigante de hierro vio crecer las barriadas de Quequén y Necochea en sus extremos y soportó hasta el peor de los desastres naturales. Precisamente este año se cumplieron 40 años de la inundación que derribó todos los puentes, menos el Colgante.
Fue 29 de abril de 1980 que el río arrasó todo a su paso, pero no pudo alcanzar al Colgante.
Tampoco el deterioro extremo al que llegó a fines de la década pasada pudo con él.
A principios de 2008 inspectores de Vialidad realizaron una minuciosa inspección del Puente Colgante y concluyeron que dos de los 16 cables que sostenían la estructura estaban parcialmente cortados.
A fines de ese mismo año se restituyó la piedra fundacional que había sido retirada tres décadas antes.
Debieron pasar otros cinco años para que finalizaran las obras de reparación y mejoras, con la colocación de sendas peatonales exteriores, nueva iluminación y un nuevo color: naranja.
Hace casi tres años, la Asociación Patrimonio Necochea logró algo por lo que venía luchando desde 1999, logró que el Puente Colgante fuera declarado Monumento Histórico Nacional.
De esta manera, el puente arrancaba el viaje hacia los 100 años, que cumplirá en julio de 2029.
A 91 años de la inauguración
Por Lic. Martín E. Petersen (*)
Colaboración
El 21 de julio de 1929, en un multitudinario acto que contó con la presencia de más de 6000 personas, los intendentes de Necochea y Lobería inauguraron, junto con autoridades provinciales y nacionales, el imponente puente colgante “Hipólito Yrigoyen”. Después de más de veinte años de gestiones, la obra -considerada por el diario Tribuna “(…) quinta hasta ahora en el mundo construido”- consagró las aspiraciones de todos los sectores que componían el amplio espectro de la política local y regional.
Antes que el “Colgante”, las primeras gestiones orientadas a la construcción de un puente sobre el Quequén Grande se remontan a 1883. Sin embargo, y a pesar de las innumerables gestiones realizadas en 1900, 1909 y 1913, fue recién a principios de 1924 cuando los habitantes de Necochea y Quequén asistieron a la inauguración del puente “del puerto” ubicado en inmediaciones de la avenida 10 y la calle Juncal de Quequén.
En aquella ocasión, los materiales provenientes del desarme del puente ferroviario ubicado sobre la desembocadura –en funciones durante la construcción de la escollera de Necochea- fueron reutilizados para la construcción del primer puente automotor que comunicó ambas márgenes del Quequén Grande.
De esta manera, mientras el puente “del puerto” garantizó la conexión urbana en la zona portuaria, el “Colgante” facilitaría la conexión entre el centro de Necochea y el camino que comunicaba a nuestra ciudad con los pueblos de Quequén y Lobería.
Si bien el puente fue nombrado en homenaje al, por entonces, Presidente en funciones, tanto Yrigoyen -como así también el Gobernador Vergara- no pudieron asistir a los actos protocolares programados para la ocasión.
A pesar de la modificación de la fecha asignada para el acto –originalmente el 9 de julio de 1929-, a nuestra ciudad sólo arribaron el Vice-gobernador y algunos ministros provinciales junto al Intendente de Buenos Aires y varios Diputados nacionales. La presencia de Cantilo –Intendente de Buenos Aires- era más que esperada por los locales gracias a las activas gestiones realizadas durante su mandato como gobernador de la Provincia de Buenos Aires. Otro de los asistentes que contaba con una gran popularidad entre los necochenses, era el Dr. Leopoldo Bard, por entonces diputado nacional y principal gestor de una amplia variedad de obras entre las que es posible incluir la Colonia para Niños Débiles (actual Hogar “Raimondi”), el edificio de lactantes, la avenida 2 y el Colegio Nacional entre otras.
En un período de sólo cinco años, y en el marco de lo que puede ser considerado como uno de los períodos más prósperos de nuestra región en materia de obra pública, Quequén y Necochea asistían a la inauguración de dos puentes automotores. Sólo con el propósito de obtener un parámetro de comparación, la próxima inauguración de un puente ocurriría en diciembre de 1969, en el marco de la puesta en funcionamiento del malogrado puente “Ezcurra”.
(*) Autor del libro “Pequeñas historias portuarias del Quequén Grande”
Fabricar un gigante de hierro
Las piezas del puente Colgante fueron construidas Ateliers et Chantiers de la Gironde, en la década del ´20.
Esta firma francesa, que tenía astilleros en los puertos de Havre-Harfleur y Cherburgo fue conocida en el mundo entero a partir de la construcción de barcos, pero también salieron de sus talleres las piezas de nuestro Puente Colgante y su gemelo, que se encontraba en Santa Fe.
Una nota publicada en 1925 en el periódico Cherbourg-Eclair señalaba que la firma Ateliers et Chantiers de la Gironde (Talleres y Astilleros de la Gironda) había sido fundada en 1882.
De acuerdo con el artículo, las condiciones económicas llevaron a la empresa a exportar muchos de sus productos. “Se han realizado trabajos considerables encomendados desde el extranjero”, indicaba la nota. “La República Argentina se ha convertido en uno de los más importantes clientes, y Chantiers de la Gironde tiene el mérito cierto de haber hecho flamear nuestro pabellón sobre los obradores argentinos como consecuencia de haber ganado concursos internacionales en los que hubo que derrotar a poderosos competidores extranjeros, en particular a los alemanes, como es el caso del consorcio Stinnes, que parecía imbatible’.
En otra edición el periódico señalaba que desde nuestro país se habían recibido pedidos de locomotoras, calderas, puentes y otras estructuras metálicas. “Entre estos últimos, dos puentes suspendidos, ‘obras magníficas’ con el propósito de ser instalados sobre la laguna Setúbal en Santa Fe, el primero, y como nexo entre las ciudades de Necochea y Quequén, el segundo”, detallaba la publicación.
El puente sobre el Quequén mide 270 metros de largo, dividido en tres tramos. Uno central, de 150 metros, y dos laterales de 60 metros cada uno. El tablero suspendido está formado por 32 cables de 169 alambres cada uno, las vigas tienen una separación entre sí de 8,80 metros y el peso de la estructura es de 2.186 toneladas.
La obra fue proyectada por el ingeniero Pascual Palazzo y forjado por la compañía francesa.
La estructura metálica construida en la firma Gironde fue fabricada en secciones del mayor tamaño posible, compatibles con las exigencias de embarque y transporte.
La viga de rigidez fue construida en 54 secciones de 5 metros cada una. Hubo piezas que pesaron hasta 16 toneladas, aunque la mayoría osciló entre 6 y 8 toneladas.
Todo el material se cargó en Cherburgo a bordo de los barcos “Pampa” y “Bahía Blanca” y se desembarcó en Puerto Quequén. La monumental estructura fue inaugurada en 1929.
Si bien el puente permanece sobre el río, sus forjadores han desaparecido. La empresa Chantiers et Ateliers de la Gironde no soportó la grave crisis de la construcción naval y todas sus actividades cesaron en 1985.///