El Concejo sigue en deuda
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¿Se les exige a los concejales más de lo que deberían hacer? ¿El ciudadano exagera al momento de evaluar y criticar su labor? Apenas dos interrogantes que inspiran una respuesta negativa, al observar lo que los mismos protagonistas plantean a través de su accionar.
Basta con poner el foco en alguna constante del desenvolvimiento del cuerpo deliberativo, para elevar un juicio sobre el compromiso de algunos, quienes muy por debajo de la respuesta que deberían dar a una sociedad que costea sus dietas y que, los ubicó en la banca “temporal” que ocupan.
Sesiones que no sobrepasan la media hora de desarrollo la reciente asamblea de concejales y mayores contribuyentes para aprobar la Fiscal Impositiva duró apenas 13 minutos ; la inasistencia diaria a los despachos en pleno año activo; la no presencia de la mayoría de los concejales cuando los requiere la comunidad, como ocurriera hace pocas horas con la convocatoria de ciudadanos preocupados por una posible contaminación del río Quequén, son sólo algunos ejemplos de que el Concejo no funciona bien.
Aunque pueda parecer, para alguien, sólo una anécdota o un fresco de los tiempos modernos, la actitud de las ediles Paula Hernández y Andrea Cáceres en la sesión en la que se aprobó el presupuesto municipal para este año, de asistir a sesionar con ojotas y permanecer descalzada mientras se sesionaba, respectivamente, constituyen otras “perlas” que demuestran que está cundiendo la chabacanería y el mal gusto femenino amén de la falta de respeto de las protagonistas al propio cuerpo que componen.
Ante estas insólitas posturas, trasgresoras y seudo progresitas, cabe preguntarse si se puede se puede seguir llamando “honorable” al cuerpo, cuando sus propios integrantes lo descalifican con sus indebidos comportamientos.
A diferencia de años anteriores, tuvieron un verano más activo y mostraron una mayor voluntad a la hora de examinar la Fiscal Impositiva planteada por el Ejecutivo, que luego fuera aprobada. A modo de comparación se recuerda la liviandad en el estudio del planteo de 2018, donde no analizaron a fondo la propuesta del área de Economía del municipio y fueron sorprendidos por bien disimulados aumentos en las alícuotas, que inflaban el valor de las tasas considerablemente y debieron retrotraer sus posturas para acordar valores teniendo en cuenta la realidad de aquel momento.
El año electoral que acaba de iniciarse hace presumir que la política sobrevolará cada cuestión a aprobar en el Concejo. Y visto los antecedentes es probable que la sala de sesiones se constituya en un ring de disputas, para satisfacer intereses personales y no de la comunidad.
Ante esta situación sólo cabe instar que alguien ponga cordura en el desenvolvimiento del cuerpo y esa responsabilidad es propia de la presidencia. Obviamente que no se puede generalizar a la hora de evaluar la tarea, dedicación e interés al trabajo que exhibe cada uno; pero lamentablemente las malas acciones terminan salpicando al conjunto.