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En el debate público sobre la mejora de la educación en la Argentina, suele discutirse sobre los conocimientos que la escuela debe enseñar a los alumnos. Es habitual que conceptos como innovación, tecnología y evaluación sean parte de esa conversación. Pero para poder implementar de manera efectiva y duradera nuevas estrategias educativas al interior de una institución escolar es primordial poner el foco en la actualización de saberes de un protagonista últimamente desprestigiado: El director escolar.
Las tareas que los directivos desempeñan en las escuelas están definidas en los reglamentos escolares que cada provincia dicta. Un estudio comparativo de dichos reglamentos revela que la cantidad de tareas asignadas a los directivos no solo es excesiva, sino que varía significativamente entre las provincias, llegando a un máximo de 65 tareas especificadas como obligatorias para los directivos en la Provincia de Buenos Aires. Estas responsabilidades se distribuyen en tres dimensiones: pedagógica, administrativa y sociocomunitaria, e incluyen un abanico de tareas tan diversas que abarcan desde coordinar el equipo de conducción y supervisar y asesorar pedagógicamente al equipo docente, hasta mantener actualizados los estados administrativos o gestionar el patrimonio institucional y edilicio, entre muchas otras.
Más allá de la evidente sobrecarga de tareas, el área en la que los directivos pueden marcar una verdadera diferencia a nivel institucional, es la pedagógica. En las últimas décadas abundan las investigaciones que demuestran que, después de los docentes, los directivos son el segundo factor con mayor incidencia en la mejora de la calidad educativa de las escuelas. Los directores con una formación académica sólida impactan positivamente en la motivación y el desempeño de los equipos docentes, lo que se traduce en mejoras significativas de las prácticas educativas.
Pero, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de una formación académica sólida? Nos referimos a un programa integral de formación en gestión educativa que capacite y actualice saberes pedagógicos fundamentales para la escuela de hoy. Cecilia Veleda, reconocida especialista en educación, señala en un trabajo de 2016 que, la formación de los directores de escuela debiera ser una “bala de plata” para las gestiones en política educativa, ya que el impacto beneficioso de una formación especializada está demostrado. Además, plantea que sería una política de “bajo costo relativo, tanto en el plano económico como en el político”, ya que la inversión necesaria es menor que para otras políticas de efectos probados y no encontraría grandes resistencias ni en los gremios ni en los directivos.
Pero así como en 1861 el sociólogo Herbert Spencer] se preguntaba cuál era el conocimiento más valioso que la escuela tenía que darle a los alumnos, en el planteo de este problema la pregunta debe ser: ¿Cuál es el conocimiento más valioso que necesita un director para desempeñarse en la escuela de hoy? La respuesta es un conocimiento pedagógico riguroso y actualizado que permita desarrollar con solvencia las tareas de mayor relevancia en el área educativa: la observación de planificaciones y clases; la retroalimentación efectiva de la tarea docente; la construcción de acuerdos institucionales de evaluación y enseñanza; la realización de tareas de priorización y alineación curricular; el diseño de materiales didácticos; la utilización de nuevas tecnologías educativas; el acompañamiento y la formación de equipos docentes.
Despejada la pregunta sobre el conocimiento más valioso para los directores escolares, queda ahora resolver cómo instrumentar la formación. Y aquí nos enfrentamos con dos situaciones: la de quienes ingresan por primera vez a un cargo de conducción y la de los directivos que ya se encuentran en ejercicio.
La modalidad de acceso a los cargos directivos está definida en los estatutos docentes de cada jurisdicción. Hasta el momento, la mayoría de ellos no tienen como requisito ninguna formación específica, de modo que, de considerarse que la misma sea condición necesaria, requeriría acordar una reforma de los estatutos en dicho sentido. Camino éste que, si bien sería deseable para acercar la educación argentina al siglo XXI, ningún GPS marcaría como el más corto.
Esto nos lleva a pensar en una formación voluntaria para aquellos que desean ingresar a un cargo directivo, situación que muchos especialistas destacan como preferible ya que rinde mejores frutos. Para los docentes que ya se encuentran ejerciendo el rol se han probado en años anteriores varias experiencias que resultaron exitosas con escuelas seleccionadas de distintas provincias. Sería importante recuperarlas y extenderlas lo más posible a todas las escuelas y niveles educativos del país.
El formato virtual que tanto se ha difundido durante la pandemia, nos ha dejado una oportunidad sumamente valiosa para instrumentar una formación de estas características. Una opción interesante sería combinar la capacitación virtual en servicio con actividades asincrónicas y tutorías personalizadas que permitan ir aplicando de manera contextualizada a cada institución lo aprendido. Este formato, además, sería muy útil para capacitar a todo el equipo directivo, lo cual tendría efectos superiores. Favorece al interés para cursar esta formación que otorgue puntaje.
Para lograr estos cambios, es imprescindible la articulación entre diversos actores clave del sistema educativo. Por un lado, el Ministerio de Educación de la Nación, el Consejo Federal de Educación y el INFoD son quienes tienen la responsabilidad de diseñar las políticas públicas correspondientes. Por otro lado, los sindicatos docentes deben ser parte del debate, ya que su participación es fundamental para el éxito de un programa de estas características. Finalmente, los equipos directivos actuales y los aspirantes a conformarlos deben comprometerse con la formación específica como una estrategia para profesionalizar y reivindicar el rol. Si bien no es objeto de este artículo, no puedo dejar de mencionar que valorar el rol directivo implica también otorgar una remuneración acorde a las exigencias del cargo.
Sin embargo, para que una propuesta de estas características llegue a buen puerto, es indispensable instaurar en la sociedad el valor del director como líder pedagógico de la escuela, comprender que es quien puede impulsar y sostener el cambio educativo necesario en la actualidad, y que, cuanto más desfavorecida sea una institución escolar, mayor será la diferencia que puede marcar un directivo bien formado en su beneficio.
(*) Vicedirectora Escuela de Artes Orillas del Quequén
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