El dedo acusador
:format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2020/04/hospicorona.jpg)
Si hay una conducta que se ha enraizado en nuestra sociedad es la del dedo acusador, ligada claramente a la mala costumbre de echarle la culpa al otro cuando surgen cuestiones críticas o incómodas.
En las últimas horas, con motivo de la aparición de un nuevo cúmulo de casos positivos de Covid-19, se han empezado a producir este tipo de acusaciones a todos los que han relajado sus cuidados y acatamiento de los protocolos.
Una búsqueda de culpables que obviamente no incluye a quien acusa y que, por más que tengan cierto asidero, nos obligan a hacer un auto análisis para dilucidar si nuestra conducta ha sido estrictamente correcta.
Lo antes mencionado se emparenta con las típicas frases que forman parte del folclore de una buena porción de nuestra ciudadanía: “Yo no hice nada” o “yo no lo voté”. Esto último cuando el mal accionar o declive de un gobernante es culpa de otros.
Las acciones enumeradas coadyuvan a una falta de compromiso ciudadano que termina impactando en el crecimiento de una sociedad. El no aceptar la cuota parte que nos corresponde, hace que ese desarrollo se haga lento y difuso. Es más fácil y cómodo achacarle los errores a otro. Volviendo al presente dramático en el que nos ha colocado la irrupción de la pandemia de coronavirus, Necochea ha venido surfeando la ola en cuanto al número intenso de contagios que observan los distritos vecinos.
Sin embargo, ese mar se encuentra actualmente crispado y el virus se seguirá expandiendo como una mancha si con nuestras imprudencias o la falta de cuidados le seguimos abriendo las puertas. No se puede seguir pretendiendo que el Estado, en este caso el municipal, nos marque en cada momento que hagamos lo que bien sabemos, a esta altura de la pandemia, debemos hacer. La indisciplina no es más que otro acto de inmadurez. De los tantos que nos han conducido al retroceso de nuestra sociedad en cuanto a valores. Y, como telón de fondo, resulta lamentable que esperemos la reprimenda o una multa, para hacer lo correcto y necesario.
Que a esta altura de un aislamiento eterno estamos agotados en varios aspectos no es ninguna novedad. Sin embargo, y mientras no se cuente con la vacuna contra el Covid, no nos queda otra que usar el barbijo, mantener el distanciamiento, no compartir rondas de mate y evitar las reuniones sociales. Una insignificancia si lo comparamos con las otras libertades que hemos ganado al estar en la fase 5, y que vamos a lamentar si se multiplican los contagios y debemos retroceder en la etapa de confinamiento.
En definitiva se trata de hacernos responsables de nuestro comportamiento: mantenerlo si es el adecuado o modificarlo si no es así. Para hacer nuestro aporte individual al conjunto y no seguir amparándonos en que cuando las cosas van mal, siempre la culpa es del otro.