El delito va mutando, la sociedad lo sufre
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Mario Maruca – Redacción
La realidad indica que no bastan más patrulleros ni policías en la calle para garantizar que exista mayor seguridad entre los ciudadanos. La dinámica del accionar de los delincuentes obliga a desarrollar otras estrategias por parte de las autoridades políticas y las propias policiales.
El delito va mutando y esto debe ser una preocupación general para los responsables de brindar un servicio tan cuestionado en los últimos años. Es que se trata de una temática que, realmente, tiene en vilo a la sociedad en su conjunto.
Algunas de las tácticas que dispone periódicamente la policía es saturar de efectivos la vía pública con operativos sorpresa que se llevan a cabo en diferentes escenarios y horarios.
Lo cierto es que esos procedimientos no suelen tener consistencia en el tiempo porque es necesario decir que la flota de agentes decae en algunos momentos por distintas cuestiones, licencias anuales, carpeta médica y otras situaciones que se presentan a menudo.
El contexto de Necochea y Quequén pone al descubierto que los casos delictivos van cambiando indudablemente. A la disminución de la modalidad de robos a mano armada durante el verano pasado, hay que decir que otras formas de robo estuvieron en los primeros planos.
Las crónicas policiales y judiciales de Ecos Diarios dieron cuenta que los arrebatos de celulares, bolsos, carteras y mochilas en la calle crecieron incuestionablemente. La sustracción de automotores dejados en la vía pública también fue un tema preocupante y derivó en la realización de allanamientos.
Hubo dos detenidos por el desarme ilegal de vehículos y cerca de 1.000 autopartes secuestradas producto del desmantelamiento de alrededor de 50 rodados.
Estas estadísticas no son inventadas, ni tampoco infladas, las brindó la propia policía y, reafirma, entonces, que existen «bandas sumamente organizadas” para cometer estos delitos.
Lógicamente que no son solamente dos personas las culpables de todo.
Hay una red delictiva integrada por los que «marcan” los autos o camionetas; los que «levantan” (de la calle); los denominados en la jerga policial «enfriadores” (que ocultan los rodados) y los encargados de «desarmar” las unidades que se sustraen.
Puede agregarse a esto los individuos destinados a poner a la venta en el «mercado negro” las piezas y demás accesorios de vehículos robados a un precio más «accesible” que en el mercado oficial.
Necochea forma parte de un circuito junto a otras ciudades de la región como Mar del Plata, Tres Arroyos y Olavarría, por citar algunas, donde los grupos que se dedican al robo de vehículos tienen un aceitado despliegue y llamativa eficacia al momento de desenvolverse en el delito.
Prueba de ello es que en los recientes procedimientos efectuados en dos talleres clandestinos de nuestra ciudad, prácticamente uno al lado del otro, se encontraron autos y camionetas sustraídas en Olavarría y Mar del Plata.
Las unidades iban camino a ser cortadas para luego engrosar la venta ilegal de autopartes en el ámbito local y la zona.
En proliferación
Y cuando merman los violentos robos con armas de fuego, aparecen otras tácticas de los ladrones que en muchas oportunidades se movilizan en moto, pero también en auto. Atacan a las mujeres que cuelgan una cartera o bolso y, en reiteradas ocasiones, hasta exhiben con demasía sus teléfonos celulares.
Los sitios seleccionados son varios, en ese sentido, cualquier sector de la ciudad puede darse. Hay casos en que antes de la sustracción hay una tarea de inteligencia previa o bien, la oportunidad se produce al voleo y no es desaprovechada por el malviviente.
En el Barrio Parque han tenido a maltraer a vecinos y circunstanciales transeúntes, en ese sentido, no hay distinción para los autores materiales de estos hechos. Los investigadores dicen que la franja elegida por los ladrones en moto, son personas del sexo femenino, pero hay excepciones.
Las llamadas extorsivas también son parte de las modalidades delictivas y hay víctimas que resultaron engañadas en su buena fe, especialmente, adultos mayores, quienes entregaron dinero a los «secuestradores virtuales” y luego comprobaron que todo era una mentira.
Entre la mutación del delito, figuran casos extraños que (aparentemente) sufrieron en los últimos tiempo menores de edad en la vía pública. Denunciaron que individuos intentaron privarlos de la libertad, aunque no se descarta que en algunas situaciones haya un poco de sugestión o paranoia de la gente.
Según fuentes del servicio de emergencias 911, crecieron las llamadas de los ciudadanos y se cargaron quejas al despliegue policial porque no se concurrió al lugar requerido, tardó demasiado o ni siquiera se bajó del patrullero.
Los operarios que reciben las comunicaciones en un centro especialmente acondicionado en Mar del Plata para aglutinar los mensajes, han escuchado quejas de vecinos que reclaman más de una vez por la presencia de efectivos al momento del llamado eventual.
Otros episodios
Si bien las salideras bancarias también disminuyeron, hubo otros atracos de boqueteros en comercios de pleno centro que llama la atención y obliga a redoblar esfuerzos en materia de prevención.
Algo similar ocurre con viviendas familiares que han sido escenario de robos de objetos de valor ante la ausencia de sus moradores. Hay damnificados que reconocieron haber realizado costosas inversiones en seguridad, pero parece que no alcanza con alarmas, rejas o cámaras.
La audacia y destreza de los delincuentes puede más que los sistemas que utilizan los ciudadanos para tratar de soportar los embates de quienes sólo piensan en robar, en vez de empezar una nueva etapa de sus vidas cuando la propia Justicia muchas veces les otorga «una oportunidad”.
Por eso hemos notado en estos meses, cómo jóvenes con procesos penales en marcha e, incluso, cumpliendo hasta condenas, comenten nuevos hechos de robo y suman nuevas causas judiciales a sus pesados antecedentes.
En un lapso de poco más de un mes, repartidores de mercaderías han sido asaltados por ladrones en moto o en auto. Cualquier modo vale al momento de quedarse con las pertenencias ajenas.
Tampoco hay que dejar de lado a una socia indiscutible del delito: la droga, cada vez más metida en el riñón de la comunidad. Esparcida por los barrios y hasta elegida como medio de vida para muchas personas que se encargan de distribuir y comercializar estupefacientes.
Otro párrafo aparte podría hacerse de los casos por violencia de género. Necochea tuvo en 2016, un 38 por ciento más de denuncias que en relación al 2015. En lo que va del año se sostienen los hechos y hubo picos altos en los meses de enero y febrero.
Puede ser valioso para controlar el delito, la puesta en marcha del nuevo centro de monitoreo con la instalación de 512 cámaras de video que captarán imágenes de lo que ocurra en diferentes sitios del núcleo urbano.
Es un paso adelante en materia de prevención. Y para cuando los casos logren consumarse, tal vez favorezca a un pronto esclarecimiento. Las imágenes podrían ayudar como herramienta vital para descubrir a los autores de esos hechos y actuar con pruebas evidentes al momento de iniciar un proceso judicial.
El delito no descansa, no se toma vacaciones. En realidad, no da tregua a nuestra gente que cada vez (lamentablemente) se siente «más acostumbrada” a estas situaciones. Varias víctimas de robo han reconocido al momento de efectuar alguna declaración periodística sobre esa sensación de desamparo y vulnerabilidad.