El delito y su entramado
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La realidad indica que frente a la desesperación de algunas personas de continuar ligadas a la necesidad de obtener sustancias prohibidas para saciar sus nocivas dependencias, se involucran de manera temprana en sucesos delictivos.
En muchos casos, esos episodios son violentos que atentan contra la propiedad de las víctimas, ya que los individuos necesitan de hacerse de bienes materiales para poder intercambiarlos por estupefacientes con el “dealer” (encargado de ventas) del barrio.
De esa forma, el tenedor de las drogas, se asegura el buen funcionamiento del negocio y entrega la mercadería para recibir como “paga”, bicicletas todo terreno o de competición, también motocicletas de distintas marcas y modelos, que antes fueron robadas.
En consecuencia, los llamados en la jerga policial y judicial como “dealer”, con su accionar, provocan que generaciones de jóvenes se vuelquen o inclinen al nefasto mundo de las adicciones de sustancias psicotrópicas, que impliquen una mayor dependencia.
“Se trata de un entramado complejo de desarticular, roban bicicletas, motos, electrodomésticos, herramientas u otros objetos para luego adquirir estupefacientes a cambio”, reconoció un investigador con experiencia.
Casualmente, en las últimas semanas se encontraron dos costosas bicicletas que habían sido sustraídas tiempo atrás y resultaron ser “el medio de pago” de los adeptos a las drogas en un momento de gran necesidad y, probablemente, de falta de dinero en efectivo.
Hay que tener en cuenta que el gramo de la cocaína se vende al menudeo, aproximadamente, entre $ 4.500 y $ 5.000, por lo que los consumidores precisan realizar una fuerte inversión para obtener dicha mercadería de calidad.
Y en tiempos difíciles de la economía argentina, de bolsillos flacos y donde la plata no alcanza en cualquier grupo familiar, la alternativa de conseguir de manera ilegal algún elemento de alto valor para darse un gusto, no deja de ser una posibilidad concreta.
Delito callejero
Si bien las estadísticas no abundan entre los informantes policiales y judiciales sobre los hechos delictivos que se dan a menudo, frente a las denuncias existentes y el contexto actual, cualquiera puede darse cuenta que el delito callejero ha crecido.
Salir en una bicicleta a dar un paseo, realizar ejercicios o, en el caso de un estudiante para concurrir a su establecimiento educativo, es una verdadera aventura que lleva a las personas a poner el máximo de atención al desplazarse en la vía pública.
Es que en algún lugar uno puede cruzarse con los, vulgarmente, denominados “motochorros” o carteristas que están al acecho para apropiarse de lo ajeno. Puede ser a punta de pistola, revólver o arma blanca, que los ladrones utilizan para amedrentar a las víctimas y quedarse con el botín elegido.
También, y sin tanto agravamiento sobre la materialidad del robo, los delincuentes empujan a los ciclistas (menores de edad en varios casos) o arrebatan bolsos, carteras o teléfonos celulares en las calles del núcleo urbano, con absoluta impunidad.
Los hechos se han dado en los últimos tiempos con frecuencia y son varios los ciudadanos que han sufrido este tipo de experiencias desagradables que, en ciertas oportunidades, hasta dejan secuelas físicas marcadas.
A cualquier residente, se le puede venir a la mente la imagen de una señora mayor violentamente despojada de su cartera en un sector del barrio Seis Esquinas de Quequén, quien luego del fuerte tironeo del ladrón en moto, la mujer pegó su rostro contra la vereda y quedó desvanecida por unos minutos.
La secuencia del robo quedó registrada en una cámara de seguridad de un comercio de calle 517 y esas imágenes recorrieron el país, como una publicidad negativa
(lógicamente), sobre cómo actúan los “motochorros” sin ninguna contemplación.
Hay que reconocer que semejante viralización de tan violento arrebato, dio lugar para que se investigue con rapidez y eficacia, lo que permitió detener a los pocos días al autor del ilícito, que más tarde recibió una condena de prisión de efectivo cumplimiento.
Claro que, no todos los episodios de arrebatos en la vía pública son captados por los aparatos de filmación y muchos de ellos, narrados en las páginas de Policiales/Inseguridad de Ecos Diarios, quedan en el olvido y no llegan a esclarecerse.
Pero los arrebatos de carteras o riñoneras, han provocado serias lesiones en adultas mayores, especialmente, quienes padecieron fracturas de columna o en los brazos como consecuencia de los golpes contra el suelo.
Se trata del corolario que genera esta modalidad delictiva que fue en auge en tiempos de pandemia y mantiene su vigencia, a pesar de los esfuerzos de los encargados de brindar seguridad en las calles.
El robo de bicicletas
Por otro lado, el entorno de la inseguridad ha permitido la aparición de otros casos que se dan a diario en la vía pública. Y podemos recordar lo ocurrido a un aficionado al ciclismo que retornaba a su hogar luego de llevar a cabo ejercicios junto a sus amigos.
El hombre fue interceptado por dos malvivientes que se movilizaban en una motocicleta en cercanías al radio céntrico. Uno de ellos, con un arma de fuego le apuntó durante varios metros hasta que la víctima decidió detener su marcha.
El asaltante se apoderó de la bicicleta de competición, que tiene un alto costo en el mercado de ventas y era el botín buscado en ese momento.
El hecho quedó registrado en las cámaras de seguridad de una vivienda familiar, en calle 56 entre 54 y 56, lo que desembocó en un reclamo pacífico bajo la consigna “Basta de inseguridad”.
Hartos de los robos de este tipo de rodados que han sufrido menores de edad y también mayores, se concretó una concentración frente al municipio y luego una movilización por distintas calles para visibilizar el pedido de mayor prevención a las autoridades.
Asimismo, esta situación dio la posibilidad del acercamiento de los amantes a este deporte con funcionarios judiciales, policiales y municipales, a los fines de analizar los casos delictivos que desde el verano pasado (para tomar un tiempo de referencia), se han generado.
“No menos de 50 bicicletas de distintas marcas y modelos, han sido sustraídas en diferentes episodios de robos, tanto en las distintas arterias como en inmuebles particulares”, reconoció uno de los aficionados a la actividad del pedal.
Algo similar ocurre con la sustracción de motocicletas de distintas cilindradas, marcas y modelos y, lo llamativo, es que no se han producido detenciones de los autores de estos robos ni tampoco se han desarticulado los talleres clandestinos o desarmaderos de motos.
Es evidente que el llamado “negocio ilegal” de ventas de piezas y accesorios a valores bastante menores de los del mercado, se afirma cada vez y nadie le pone un freno.
Escasos recursos
A la compleja realidad que hoy se tiene con la inseguridad, se suma la escasez de recursos en el plano de las investigaciones en general.
Los que acudimos a menudo a los debates orales donde son juzgados conductores de vehículos que estuvieron involucrados en siniestros de tránsito y con el saldo de muertos, notamos las dificultades existentes en materia de pericias accidentológicas.
“No tenemos medios técnicos ni infraestructura de servicio para establecer la velocidad final en la que circulaban una motocicleta o una camioneta que colisionaron en una esquina”, señaló por lo bajo uno de los responsables de practicar esas diligencias judiciales.
“Hay que enviar a un laboratorio químico de Mar del Plata las muestras de sangre y pueden tardar entre 45 y 60 días o, en algunos casos, hasta más tiempo para conseguir los resultados en relación a si las personas que protagonizaron los accidentes, estaban alcoholizadas o no”, reconoció el perito.
Algo similar ocurre con los estudios de ADN y las comparaciones de rastros obtenidos en una escena de un crimen o en los episodios de abuso sexual que son denunciados por las presuntas víctimas.
Esos análisis pueden hacerse en otros lugares alejados de Necochea, por ejemplo, La Plata, Buenos Aires o Junín, por citar algunos, con la lógica tardanza que ello genera.
Frente a este panorama del avance del delito callejero e insuficientes recursos en investigación, entre otros males, el ministro de Seguridad bonaerense Sergio Berni, se dio el lujo de manifestar que en Necochea disminuyeron los ilícitos.
Seguramente, basado en estadísticas “pintadas” que le acercan algunas autoridades policiales que tienen en su poder las denuncias de quienes se atreven a denunciar, ya que en muchos casos, las víctimas ni siquiera se acercan a las comisarías porque consideran que hasta es una pérdida de tiempo.
A pesar de todo, entendemos que el ciudadano común y a pie, tal vez, tenga otro termómetro de lo que sucede con este verdadero flagelo.
Y si no, habría que consultar al directivo de la Liga de Fútbol que días atrás tuvo un revólver apoyado en su rostro en el mismo instante en que abrió la caja fuerte para permitir que el delincuente armado se haga del dinero existente.
El debate está abierto…