El desafío de estacionar en la Villa Díaz Vélez
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Hay que abonar para dejar el vehículo. Además hay trapitos.
Varios mensajes llegaron en las últimas semanas a la redacción de Ecos Diarios a través del número de Periodismo Ciudadano (2262-484331), en el cual vecinos de Necochea y turistas se han quejado por los inconvenientes que genera el querer estacionar cerca de la playa.
Estos inconvenientes se producen por imprudencias a la hora de manejar y querer parar en cualquier parte, sin importar si se perjudica a los demás, como por la presencia de personas no autorizadas que quieren cobrar por estar en los estacionamientos.
El problema
Con la mayor afluencia de personas que se da en el verano, resulta todo un desafío el hecho de estacionar el auto para bajar a la playa a disfrutar del sol y el mar. Sobre todo por el descontrol que hay, en varios aspectos.
Quien quiere parar sobre la avenida 2 o en cercanías, deberá abonar, primeramente, el estacionamiento medido para no encontrarse con una multa al volver al vehículo. Algo con lo que ya la mayoría está en desacuerdo según una encuesta de Ecos Diarios.
Si con eso bastara, no sería tanto. El tema está en que con la llegada del verano, también se han sumado a la zona de la villa Díaz Vélez varios “trapitos” que también cobran por “cuidar” el auto, la moto o la camioneta. Algunos incluso ofrecen lavarlo, lo cual es un servicio más tangible.
Pese a que uno debería poder tener la libertad de decir que “no” y a que saben que no tienen ningún tipo de habilitación para estar allí, las caras de los cuidacoches no suelen ser las más amables si no se les entrega dinero.
A esto se suman los que están en los semáforos pidiendo y ni hablar que los costos se incrementan si hay que pagar una cochera por no encontrar estacionamientos libres. Esto último es bastante frecuente cuando los días están soleados y calurosos, ya que resulta casi imposible estacionar en los “serruchos”.
Al tema de los costos e incomodidades de tener que pagarle a la Municipalidad, a los trapitos, a los que lavan el vidrio sin que lo pidas y quién sabe a qué otro más que aprovecha la presencia de automovilistas, se le suman las “avivadas” de quienes ponen las balizas en mitad de la calle, se detienen y esperan a que otras personas terminen de cargar sus equipajes, pongan el vehículo en marcha y se retiren del estacionamiento para poder meterse inmediatamente.
Cuando esto ocurre, el tránsito se entorpece, empiezan los bocinazos, los enojos y las esquivadas de vehículos que no tendrían por qué estar en doble fila.
Cuando de estacionados en doble fila se trata, también hay que mencionar a quienes se bajan del vehículo para hacer alguna compra rápida y hasta se toman el atrevimiento de detener el motor.
Los controles, entonces, se vuelven necesarios en todos estos aspectos, porque ya los costos de vacacionar, en sí mismos, no son bajos y, si a eso hay que incorporarle el estacionamiento medido, las cocheras, los trapitos, los que lavan vidrios y otros gastos diarios más, las idas a la playa son cada vez más antieconómicas.///